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| Amando de Miguel
libertaddigital.com, España
Miércoles, 21 de noviembre del 2007

LA LENGUA VIVA: A VUELTAS CON LAS PALABRAS

Don José María desea saber quién fue el inventor de los «huesos de santo», el dulce típico de los primeros días de noviembre. Supongo que es una viejísima tradición. En México se conserva con toda su prístina frescura.


Álvaro Vivar (Madrid) me envía un extenso catálogo de opiniones, muy documentadas, sobre algunas cuestiones léxicas que aquí se han suscitado. Resumo los comentarios de don Álvaro, todos muy puestos en razón:

Leo en su último artículo que usted se pregunta cómo se llamarían los nacidos en una estación espacial o similar. Entiendo que lo adecuado sería astronatos más que meteonatos, en tanto los meteoros son fenómenos atmosféricos. Meteonato sería nacido «durante la reentrada de la nave en la atmósfera», pero tengo serias dudas sobre la viabilidad de semejante parto.

Sobre la palabra anagrama referida a la imagen de marca de una empresa, está relacionada con la palabra logotipo. En este sentido, anagrama sería la imagen de marca (sin usar palabras), mientras que logotipo sería el nombre de la marca (escrito, normalmente con una determinada tipografía). Es posible que el uso de estos términos provenga de una interpretación algo libre de sus etimologías (consideraría anagrama como 'sin letras' y logotipo como 'con tipo de letra'), pero el caso es que se usa esta terminología en el mundo del diseño. Otra cosa es que anagrama sea también una determinada forma de jugar con las palabras reordenando las letras, pero en el mundo empresarial se refiere a la imagen de marca.

Sobre el uso de «oir misa» en lugar de «asistir a misa», me suena como que indica un déficit de atención o de comprensión de lo que se dice durante la misa ¿Cree que puede tener algo que ver con la expresión «por mí puedes decir misa» para indicar «no te voy a hacer caso»?

Discrepo con usted respecto al análisis que hace de algunas expresiones del politiqués:

Si «la policía no descarta ninguna hipótesis» no significa que no tengan pruebas, sino que ninguna de las pruebas es concluyente como para eliminar ninguna de las posibilidades que están considerando.

Si «la Guardia Civil mantiene abiertas todas las líneas de investigación» no significa que ninguna ha dado resultado, sino que ninguna ha llegado a vía muerta. Puede ser que varias vías den resultado (por ejemplo, que una prenda de vestir lleve a un familiar de la víctima mientras que las declaraciones de un testigo lleven a un determinado comercio; en tal caso hay que seguir investigando tanto al familiar como al comercio). Es cuando se constata la inviabilidad de una línea de investigación que ésta se abandona (o se «cierra»).

Si «hubo una actuación discreta de los deportistas españoles», no se indica que hayan perdido (se hablaría de «naufragio de la escuadra española» o cosas igual de rimbombantes), sino que los deportistas españoles han vencido pero con escaso margen. Por ejemplo, si la selección de fútbol pasa a la siguiente fase de un campeonato gracias a un empate a cero en lugar de con una victoria.

De todos modos, sí coincido con usted en que tales expresiones tienen bastante de politiqués, aunque más entendido como barroquismo ya que no afectan a la política.

Y aprovecho para transmitirle una patada que se da frecuentemente al diccionario. Como sabe, una de las características del politiqués «de izquierdas» es el abandono del uso de neutros en favor de la continua repetición de ambos géneros: «vascos y vascas», «ciudadanos y ciudadanas», «usuarios y usuarias», etc. Si bien esto es cansino hasta el hastío, estrictamente hablando no es incorrecto. Lo que sí es incorrecto es el uso de la arroba para juntar en una sola palabra ambos géneros de una misma palabra: vasc@s, ciudadan@s, usuari@s. Eso sí que me provoca intenso escozor en los ojos al leerlo.

Sobre la expresión medio ambiente, dice vd. que «bastaría con una de las dos palabras para dar idea de la parte de naturaleza que rodea la vida cotidiana del hombre, la que es percibida por los sentidos», pero creo que ahí se equivoca usted al entender esta expresión como pleonasmo. Hay muchos medios, como el medio acuático, el medio de comunicación, el medio de transporte, etc. Medio, en este contexto, solo significa (según DRAE) 'cosa que puede servir para un determinado fin', 'espacio físico en que se desarrolla un fenómeno determinado' o incluso 'conjunto de circunstancias o condiciones exteriores a un ser vivo que influyen en su desarrollo y en sus actividades'. Si un político solo dice que: «hay que cuidar el medio», no sabemos si se refiere a mantener limpios los autobuses, no intoxicar las informaciones periodísticas, evitar vertidos contaminantes o procurar un entorno amigable para la educación. Sobre el término environmento, qué quiere que le diga… Mejor no me altere, Don Amando… (Además, environment no significaría 'medio ambiente' sino 'entorno', con lo que designaría algo que no es estrictamente el medio ambiente; por ejemplo, cuidar el «entorno de una ciudad» no se refiere tanto a la naturaleza sobre la que se asienta cuanto al cuidado del mobiliario urbano, el uso de papeleras, el cumplimiento de las normas o la mejora de las comunicaciones.)

También discrepo en cuanto a su interpretación de algunos términos educativos (aunque no discrepo en absoluto con la apreciación de que son retorcidos):

Hablar de «segmento de ocio» en lugar de recreo tiene bastante de eufemismo, pero también es cierto que hay actividades de ocio que no son recreo, como por ejemplo actividades en la biblioteca, excursiones, etc. Estas actividades pueden ser lúdicas y al mismo tiempo lectivas, lo que no sucede con el recreo que solo es lúdico y nunca lectivo (a excepción de Cataluña, gracias a su aberrante normativa).

Promocionar no es lo mismo que aprobar, sino más bien de 'pasar de curso'.

El uso de «Plan de convivencia» no se refiere estrictamente a la «disciplina escolar», aunque tiene bastante de ello. Actualmente, las escuelas son enormes cajones de sastre donde están juntos y revueltos alumnos muy heterogéneos, muchos de ellos inmigrantes y que a menudo tienen serios problemas de integración. Los planes de convivencia persiguen precisamente la integración de estos alumnos en la vida escolar, así como poner un poco de orden en semejante caos.

Precisamente sobre el politiqués educativo hay dos términos que me encolerizan bastante, puesto que se usan con un significado completamente opuesto al aparente:

«Escuela comprensiva» es una mala importación del término comprehensive school, que usa el término comprender en el sentido de 'contener, incluir en sí algo' y no en el de 'encontrar justificados o naturales los actos o sentimientos de otro'. Es por ello que la gente ve perfecta la «educación comprensiva» porque creen que en ella el profesor trata de entender a los alumnos y solidarizarse con ellos, cuando en realidad significa que en un mismo grupo se incluyen alumnos muy diferentes entre sí (avanzados y retrasados, locales e inmigrantes, esforzados y vagos, chicos y chicas), pretendiendo que todos ellos avancen por igual. El resultado es que, o bien todos avanzan al ritmo del más lento (lo más habitual cuando el profesor desiste de perseguir un nivel mínimo de conocimientos en sus alumnos), o bien se pierde mucho tiempo manteniendo varios ritmos simultáneamente

«Escuela selectiva» da la impresión de que persigue embarcar a los alumnos en una competición en la que los menos aptos son arrojados a la cuneta y solo se presta atención a los que más rinden. Suele hablarse de ella también como «discriminadora», en su sentido más peyorativo (y es cierto que en ella se «discrimina», pero solo en el sentido de «distinguir entre diferentes» y no en el de «excluir» a nadie). Lo cierto es que la escuela selectiva busca agrupar a los alumnos según sus capacidades, sus necesidades y sus características, de manera que cada grupo reciba la educación que le sea más adecuada, diferente para cada grupo, ya que los alumnos en cada uno de los grupos son homogéneos y con capacidades y necesidades similares. De este modo, todos los alumnos reciben la mejor educación posible.

En definitiva, la escuela selectiva es la que peor prensa tiene, aunque en realidad es la que mejor atiende las necesidades de sus alumnos y garantiza mejor su futuro. La escuela comprensiva, en cambio, es la escuela «progre», la que tiene mejor prensa, la que se vende como 'lugar idílico donde se reúnen beatíficos profesores con adorables alumnos y es un remanso de felicidad y alegría', cuando en realidad es la que está haciendo crecer a ritmo galopante la violencia en las aulas y fuera de ellas, contra compañeros y profesores, las bajas por ansiedad y stress de dichos profesores, y la que ha hecho caer en picado los niveles de cultura, instrucción y disciplina de los alumnos, según se refleja en los sucesivos informes PISA, en los que cada vez bajamos más el nivel. Así nos va.

Don Álvaro me recomienda el libro de Alicia Delibes, La gran estafa: El secuestro del sentido común en la educación. Es realmente una obra maestra.

José María Navia-Osorio se pregunta por la palabra que indica «que cansa a los demás»; sugiere cansador, como decimos agotador al que agota. Al de Oviedo le parece mal lo de «cansino, como ahora se dice, [pues] cansina es la persona que parece cansada, desganada, apática». Cierto es que cansino es 'lo que denota cansancio', pero también es 'que cansa'. Así pues, déjese de escrúpulos, don José María, y utilice cansino para la persona que le fatigue.

Don José María desea saber quién fue el inventor de los «huesos de santo, el dulce típico de los primeros días de noviembre». Supongo que es una viejísima tradición. En México se conserva con toda su prístina frescura. En torno al 1 de noviembre los mexicanos levantan unos efímeros y coloridos «altares de los muertos» con alusiones a los difuntos de la familia. En esos altares se colocan golosinas: el «pan de muertos» (una especie de torta con el dibujo de huesos en la corteza) y unos dulces en forma de calaveras o huesos largos. Todo eso se come, especialmente por los niños, con gran alegría. Es una forma de familiarizarse con la muerte y conjurar su amenaza. Puede, incluso, que sea el recuerdo de una época lejana en que nuestros antepasados practicaban alguna forma de antropofagia ritual. La tradición judeocristiana introdujo después el temor a la antropofagia, lo que llevó, por ejemplo, al tabú de la carne de los animales carnívoros, los que por eso mismo podían haber comido carne humana.

Desde luego, en la sociedad actual nadie se atrevería a comer carne de hiena, de lobo o de águila. Bien, todos esos terrores se pueden superar con la ingestión de los «huesos de santo». A propósito, santo, en buen castellano, equivale también a difunto.

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