Noticias del español

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| Agencia Efe
El Nuevo Día (Puerto Rico)
Miércoles, 4 abril del 2007

«LA LENGUA NOS HACE IGUALES»

El escritor argentino Tomás Eloy Martínez asevera también que la lengua «nos devuelve desiguales» en un continente donde las dictaduras «nos hundieron» en la miseria.


El escritor argentino Tomás Eloy Martínez alertó durante el recién celebrado IV Congreso Internacional de la Lengua que donde el silencio reemplaza la lengua los seres humanos están «condenados» a ser menos humanos.

Martínez intervino en el Congreso que rindió homenaje al escritor colombiano Gabriel García Márquez, de quien tomó su «mama grande» para referirse a la maternidad de la lengua: «de madre española, hija del caribe, madre, mama, mama grande».

El autor de Santa Evita subrayó que ningún idioma le ha resultado tan flexible como el castellano natal y reveló que en los muchos momentos de desolación de su vida siempre ha encontrado una palabra entrañable para el sentimiento y el estímulo.

Al referirse a la lengua de España y de Hispanoamérica, Martínez dijo que se trata de un idioma impregnado de giros quechuas, de Cervantes o de la Celestina.

«Lengua mestiza» llamó al español el escritor argentino, quien —dijo— en él hallamos «vetas árabes y guaraníes», «relámpagos de Macondo y del Quijote», así como «vallenatos de Barranquilla y romanceros gitanos».

Nuestra lengua «ha cruzado el Atlántico» y ahora palabras madrileñas han sido adoptadas por los jóvenes argentinos, indicó el escritor, quien puso como ejemplo la palabra «guapa».

A la vez, señaló que las telenovelas han movido giros que circulan por México, Argentina o Ecuador sin modificar su intención original.

El autor argentino hizo un canto de alabanza a su lengua materna y dijo: «Amo las impurezas de mi lengua, la gracia con la que fertiliza otras lenguas y se deja fertilizar», sin perder su libertad de viento.

Se refirió a los tangos sobre los que Américo Castro alzaba la voz y dijo que no tenía razón, porque incluyen una poesía tan rica como la del Siglo de Oro, y recitó la letra de aquel famoso que dice: «el día que me quieras no habrá sino armonía».

También tuvo palabras de recuerdo para su compatriota Jorge Luis Borges, quien consideraba que las palabras de una «milonguita» bastaban para definir el destino cruel.

Martínez reconoció que en torno a la lengua española sus hablantes somos la queja, pero también la fuerza para no dejarnos doblegar y recrear la belleza que expresan desde Federico García Lorca a Gabriel García Márquez.

Además, consideró que el lenguaje virtual no cambia al español, tampoco los estudiantes ni la «ortografía quebrada».

Defendió la vigencia del español, porque hemos leído El Quijote (en referencia al IV centenario de la obra que se celebró en el 2005), los amantes se seguirán amando con sonetos de Quevedo y seguiremos asistiendo a representaciones teatrales de Lope de Vega, expresó.

«La lengua nos hace iguales ante la realidad y nos devuelve desiguales en un continente donde las dictaduras nos hundieron en la miseria», afirmó el escritor argentino.

Al hablar de la situación de Latinoamérica, Martínez destacó que la quinta parte de la población de hispanos no accede a la educación y tiene un difícil acceso a la cultura.

Además, resaltó que la mitad de los habitantes de la región carece de agua potable y precisó que en la misma Cartagena de Indias, donde se celebró el Congreso, un 80 % de la población es pobre.

Martínez recordó que en esta cuarta edición del Congreso de la Lengua se celebró el cuarenta aniversario de la publicación de Cien años de soledad, «una obra que abrió todas las puertas y ventanas para la imaginación e influye de manera indeleble sobre otros creadores».

El autor se preguntó qué habría pasado si hubiéramos leído esa novela universal con la «ortografía jubilada» —en referencia a la propuesta que hizo el propio García Márquez en el primer Congreso de la Lengua celebrado en Zacatecas en 1997—, con la g y j, añadió, «hundiéndose en los abismos de ninguna parte».

Y, sin contestar, dijo preferir aquella edición que salió del «corazón» en 1967 y no la modificada por la «razón», en alusión a la edición, revisada por García Márquez, que han preparado las Academias de la Lengua.

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