Noticias del español

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| Raúl Caballero
oem.com.mx, México
Miércoles, 11 de noviembre del 2009

LA LENGUA ESPAÑOLA EN LOS ESTADOS UNIDOS

Según el Diccionario de la Lengua Española de la Real Academia Española, los puristas son aquellos que además de escribir y hablar con pureza defienden «el mantenimiento de una doctrina, una práctica, una costumbre. (en nuestro caso el idioma español) en toda su pureza y sin admitir cambios ni concesiones».


Estos hombres y mujeres viajan por el mundo llevando su palabra. Dicen bien: El español debe ser usado correctamente. Lo que no dicen, por lo menos no lo recuerdan con la frecuencia que uno espera, es que el idioma palpita y al estar vivo cambia todos los días, y ciertamente muy a pesar de quienes enfrascados en un recalcitrante purismo niegan y reniegan cada vez que los académicos se ven obligados a incluir en el diccionario esa nueva palabra que acaso venían satanizando.

Esos cambios suceden allá cada tantos años, cuando se dan a la tarea de revisar los nuevos términos que a regañadientes si seguimos con la premisa de «as palabras malditas» acuerdan incluir en una próxima edición. Por eso otros amigos señalan el eterno retraso en que vive la Real Academia Española y sus sucursales en el mundo.

El español en los Estados Unidos les parte la cabeza a los puristas, pues toda vez que creían rebasados los dilemas —o del todo resueltos— del encuentro con otras lenguas en la América Latina, sucede que en lo alto del siglo pasado y en los albores del presente el fenómeno del spanglish sigue vivo.

Ahora que el español en Estados Unidos, por fin goza de un súbito reconocimiento (es un filón en los negocios, cómo no reconocerlo y hasta apapacharlo), ahora cuando las industrias de las artes y la editorial le abren sus puertas de par en par; cuando hay cada día más arrepentidos entre quienes lo habían olvidado o ignorado; y hay más, también, gringos aprendiéndolo e inculcándolo a sus hijos; ahora que aquí se puede preservar el oasis, el paraíso del español culto, notamos que el spanglish sigue su marcha. ¡Oh, catástrofe!, ¡Qué contrariedad para los puristas!

Pero en realidad, si se le mira bien, el fenómeno del spanglish es uno enriquecedor del idioma, como lo fueron en su momento las lenguas de toda la región latinoamericana. ¿Qué de malo tiene la palabra troca? Finalmente se trata de una nueva, un sinónimo de camioneta. El idioma permanece y evoluciona todos los días, principalmente en la calle. «Una densa identidad popular que adquiere la forma de una de aquellas esferas perfectas imaginadas por Blaise Pascal: con su diámetro en todas partes y su centro en ninguna. Todos hemos de volvernos latinos agringados y/o gringos hispanizados; jamás seremos dueños de una individualidad colectiva pura y cristalina, porque somos el producto de una fiesta de mestizaje que ha durado (más de) 500 años». (Ilan Stavans, La condición hispánica).

Es por demás significativa la enseñanza que nos deja cada Congreso de la Lengua (desde el primero en Zacatecas, México en 1997 hasta el de Cartagena, Colombia en el 2007 e incluso anticipando el próximo en Valparaíso, Chile, el próximo año) pero de especial manera el de Rosario, Argentina, donde se vivieron dos eventos en torno al español, el de los salones y el de la calle, el oficial y el llamado Congreso de las lenguas convocado por representantes indígenas.

El tema principal ha sido el de la identidad en la globalización. El congreso marcó como lo dije en su momento, pluralidad y rumbo. Se indicó que la diversidad armoniza la unidad necesaria para enfrentar los embates de la globalización, que tiende a transformar la lengua uniformándola.

Ante ello hubo pues una cierta toma de conciencia de que puede resultar peligroso individualizar un idioma usado por millones en medio mundo. Borrar las diferencias sería empobrecer nuestro lenguaje.

El español que todos los hispánicos hablamos al norte del Río Bravo (Stavans, again), esa lengua bastarda, impura, huidiza, esa jerga que nuestros hermanos hispanoamericanos miran con sospecha, el spanglish, es un factor de unificación.

Igual de peligroso resulta rechazar o ignorar el pasado y las culturas que han nutrido a nuestra lengua. Ese es el otro gran peligro, la intolerancia frente al multilingüismo que es como caer —lo señaló Adolfo Pérez Esquivel en Rosario— en el totalitarismo lingüístico. Precisamos pues respetar las demás lenguas que siguen y seguirán nutriendo al español —un lenguaje mestizo— bajo el principio de que la diversidad cultural nos fortalece, no nos debilita y de paso, por fortuna, nos aleja del purismo como cancerbero.

Si bien es cierto que en los medios de comunicación debemos cuidar el idioma, su buen uso, también lo es que no debemos convertirnos en sus carceleros o peor, en sus censores.

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