Noticias del español

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| Alí Medina Machado
Diario El Tiempo.com.ve (Jueves 12 de enero del 2006)

LA LENGUA ES USO Y PARA USARSE NACIÓ

Nos quebramos la cabeza con la ortografía, con sus reglas que van desde las letras hasta los acentos; desde las palabras que se escriben con g hasta las esdrújulas que necesitan la tilde para poder sobrevivir, porque de no hacerlo mueren o, al menos, se ponen graves.


Pues, llanamente, déjenme decir que la formalidad gramatical exige el cumplimiento de esta normativa, pero ni los acentos ni la ortografía inciden para que usted haga un buen uso de su idioma en lo que éste tiene de comunicador, de instrumento para la comunicación, es decir, para hablar, conversar, dialogar; para dar y recibir mensajes con toda propiedad.

Nos introducimos en la «normativa ortográfica», correcto, hay que hacerlo. Pero eso es única y exclusivamente para la escritura, que es, a su vez, una parte, una urbanización de esa gran ciudad que se llama lengua. La escritura se aprende porque es una destreza siempre posterior y no básica para la regularidad de la comunicación. A veces pasamos mucho tiempo sin escribir. Hay usuarios de su propia lengua materna que pasan días, meses, años; sin escribir una letra… A ellos, ¿les interesa la ortografía? ¿Es imprescindible para ellos el que una palabra se escriba con j o con g?… definitivamente no; lo que es vital en ellos es lograr y aumentar su capacidad de hablar y su capacidad de escuchar. Hablar y escuchar forman la médula del idioma, su sangre y su aliento.

Lo que cito no es perogrullada, sino la más descarnada realidad: «… es permisible concluir que la acentuación y la ortografía son aspectos de poca importancia en la formación integral de un comunicador eficiente» (Campos;14)

Saquemos cuentas; usted como maestro se pasa casi toda su carrera escolar, programas y programas, proyectos y proyectos, objetivos y objetivos, ejes y ejes, enseñando ortografía y acentuación a sus alumnos, y, ¿qué logra al final? casi nada. Asista al quinto año de bachillerato o vaya a la universidad y ponga a escribir a los estudiantes para que vea el nivel de ortografía y acentuación. Es realmente decepcionante:

«…y aunque puedan recitar las reglas de acentuación, no acentúan bien. La experiencia me dice que una cosa es la regla y otra su uso, que podemos aprender a escribir sin saber ortografía ni acentuación, que las palabras se escriben de una sola forma: la correcta y que esa correcta es tildada o no. Leer, leer y leer, esa es la cuestión.» (Ídem)

La lectura, he ahí el misterio, o la solución del misterio, o del drama, porque a veces es un drama… Poner a leer a los alumnos, no obligados sino voluntariamente: que lean lo que ellos crean conveniente, lo que les guste y les llame la atención. Pero que lean, porque toda lectura es provechosa para mejorar el idioma visual: la lengua visual que entra por los ojos. No existe otra forma de mejorar la ortografía y la acentuación que con la lectura permanente, como un ejercicio de todos los días. Desarrollar el músculo de la palabra, la estética de la palabra, el cuerpo de la palabra, sólo se puede hacer en el gimnasio de la lectura, de cualquier lectura, y no sólo de la «selectiva», como se nos dice, de los «clásicos» o de las obras inmortales; no, nada que ver: «Cualquier tipo de lectura; desde las recetas de cocina hasta los 'best-seller', pasando por las revistas y las novelitas cursis de amor y de pistoleros. Todo en función del gusto y las necesidades del lector.» (ídem, p.14) ¡Ay, Marcial La Fuente Estefanía! , ¡Cuanto te añoro!; ¡Ay, Corín Tellado!, ¡Cuanto te añoro!

En muchos grandes comunicadores, en muchos grandes oficiantes del uso y de la praxis del idioma, los orígenes de su alto nivel lingüístico estuvieron en la lectura, en el desarrollo del hábito de la lectura, porque la lectura es el gran alimento que fortalece nuestra escritura, por lo que a mayor capacidad lectora, mayor capacidad también de escritura, con propiedad y eficiencia.

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