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| Raquel San Martín
La Nación (Argentina)
Martes, 2 de Mayo del 2006

«LA LENGUA ES UNA MUJER GOLPEADA»

El presidente de la Academia de Letras, Pedro Barcia; la lingüista Ivonne Bordelois, y el especialista en filosofía Alejandro Rozitchner debatieron sobre el lenguaje en el ciclo «Cara a cara con los intelectuales».


«¿A quién le importa el lenguaje?» fue la pregunta que La Nación y Zurich eligieron para convocar ayer al segundo encuentro del ciclo «Cara a cara con los intelectuales», en el marco de la Feria del Libro. A juzgar por la cantidad y la diversidad de público, y la polémica que se prolongó entre los panelistas, el lenguaje le interesa, le apasiona y le preocupa a mucha gente.

Unas 500 personas se dieron cita en la sala José Hernández para escuchar a la lingüista Ivonne Bordelois; al presidente de la Academia Argentina de Letras, Pedro Luis Barcia, y al especialista en filosofía y columnista televisivo Alejandro Rozitchner.

El encuentro, coordinado por el editor de Espectáculos de La Nación, Pablo Sirvén, se convirtió en un rico debate sobre la decadencia o la vitalidad de la lengua que compartimos y los modos de revitalizarla y protegerla.

Idioma y libertad

Con su habitual histrionismo, que provocó risas y aplausos en el auditorio atento, Barcia comenzó afirmando: «La lengua es una mujer golpeada por la mayoría de sus hablantes» y que «el idioma le debe importar a cualquier ciudadano que quiera ejercer la libertad de expresión».

Aunque señaló que la escuela es uno de los espacios que naturalmente más deberían preocuparse por el estado de la oralidad -«no hay ejercicio del diálogo en la escuela», alertó-, llamó la atención sobre el deterioro de los espacios familiares donde el relato de historias y los juegos de lenguaje pueden educar esa capacidad en los chicos.

A su turno, Ivonne Bordelois, ganadora del premio La Nación de ensayo por su obra El país que nos habla, que ya lleva tres ediciones, alertó sobre «la mediocridad aplastante» de la lengua en los medios de comunicación en particular, pero buscó «desligar el debate lingüístico de la normatividad».

«No se trata de lograr un habla correcta y refinada, sino del ensanchamiento de la conciencia lingüística», dijo Bordelois, y aportó dos ejemplos de situaciones que podrían ser caminos para ese fin. Por un lado, el aprendizaje del inglés como lengua extranjera, porque «permite ver la lengua propia como en un espejo y da una clave de tolerancia cultural». Por otro, las grafías que los adolescentes usan en los chats y mensajes de texto y que constituyen «técnicas ingeniosas y mecanismos de reflexión sobre las maneras de representar el lenguaje».

Rozitchner inició la polémica al disentir abiertamente con los panelistas anteriores. «No creo que haya una decadencia del lenguaje. El cambio del lenguaje es el necesario cambio de una instancia viva», reflexionó, y advirtió «una intención conservadora en quienes sostienen una perspectiva de decadencia general, de que lo nuevo no ponga en cuestión lo viejo».

Rozitchner coincidió, sin embargo, en la necesidad de «cultivar el lenguaje, para que el tejido intelectual de la Argentina se desarrolle». Y, para lograrlo, propuso «entender el lenguaje como un medio y no un fin en sí mismo, no tomarlo como un objeto y dejarlo reinventarse» y aceptar su carácter inconsciente, «que no puede ser reglado». «La mejor manera de defender el lenguaje es despreocuparse de él y poner atención en lo que lo hace vivir», concluyó. «Su desborde y exuberancia son positivos», reafirmó.

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