Noticias del español

| PABLO RAMOS MÉNDEZ (El Universal, Caracas, 6/6/2013)

LA LENGUA EN SALSA

«Me despido con la agradable sensación del deber cumplido... Hasta siempre».

Mi despedida
El tiempo de terminar lo que por muchos años ha llenado mis ratos de meditación y ha sido un permanente reto a mis actualizaciones sobre el castellano, se hace realidad en este momento: esta es mi última columna, por decisión propia, para este prestigioso diario El Universal, que me recibió en sus páginas y me apoyó en esta cruzada lingüística. La Lengua en Salsa ha sido puente intelectual y afectivo con mis lectores, muchos convertidos en grandes amigos y algunos hasta en colaboradores, que han enriquecido con sus comentarios, dudas y sugerencias mi trabajo semanal.

Difícil ha sido mantener por tanto tiempo el interés en lo que muchos consideraban «arar en el mar», pero el esfuerzo fue compensado con satisfacciones. Mis objetivos eran hacer que el mayor número posible de lectores se motivara a enriquecer su vocabulario, erradicar sus errores, despejar sus dudas y sobre todo, que otros se contagiaran en la búsqueda de un lenguaje culto que sirviera de carta de presentación cada vez que nos comunicamos, oralmente o por escrito. Fue tan sorprendente que en la empresa donde trabaja mi hijo, los empleados se saludan todos los días con un acertijo lingüístico, a ver a quien cazan con un error.

Entre mis muchos recuerdos está el del Embajador de Honduras y miembro de la Academia de la Lengua, Don Hernán Cárcamo Tercero, quien publicó en su país un artículo sobre mi trabajo y lo tituló Mi Personaje Inolvidable. Llevo en mi memoria las múltiples charlas sobre el idioma a lo largo y ancho de mi país, pero en especial las de las universidades del Zulia y Santa María, y la de Corpbanca, que hube de repetir al día siguiente pues el público rebasó la sala. Disfruté las risas de mis oyentes al empezar diciendo «tu papá será una papa si el acento se te escapa». O aquello de «el diputado Godoy, hombre de poco saber, escribe con h ayer, porque así se escribe hoy».

Me despido con la agradable sensación del deber cumplido y el deseo de que mi autojubilación abra paso a otra generación que cultive el amor por la palabra bien dicha, entre los que deseamos superarnos cada día más. Hasta siempre fieles amigos lectores. ¡Ya está!

eluniversal.com

 

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