Noticias del español

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| Pablo Ramos Méndez
El Universal, Venezuela
Viernes, 11 de agosto del 2006

LA LENGUA EN SALSA: Y SIGUEN LAS AES III

En las columnas pasadas presentamos una radiografía elemental de la a. El tema es largo y requiere meditación, como alguien dijo una vez. Nos hemos concretado a presentar lo que más salta a la vista.


No mencionamos, por ejemplo que no debe decirse meterse a monja, sino meterse de monja, como recomiendan los que de estas cosas saben, porque es su especialidad. Ni decir: Lo odio a muerte, sino: Lo odio de muerte. Sin embargo, no todo el mundo presta atención a estas cosas. Observe la canción española que nos dice más o menos esto:

La hija de Don Juan Alba

dicen que quiere meterse a monja…

Aun cuando confieso que a veces me da por cometer atropellos lingüísticos, como expresarles a mis familiares cercanos, frases como las siguientes:

¿En qué carro andas?

En ninguno. Vine a piemente.

Otras veces, cuando me preguntan que cuando nos vamos, contesto:

Yamente.

Pero hablando en serio, porque lo anterior no lo es, se incurre en errata cuando se usa la a donde no se debe, como cuando se habla de una cocina a gas, en vez de cocina de gas, linterna a baterías, cuando debe decirse: linterna de baterías, lavado al seco, en lugar de lavado en seco. Y así sucesivamente, por los siglos de los siglos, amén.

Al hablar de estas cosas me viene a la memoria la pregunta que tanto me hacen: si debe decirse un vaso de agua o un vaso con agua. Esto lo hemos conversado en numerosas oportunidades y lo traté en mi primer libro sobre el castellano: La Lengua en Salsa, hace varios años. Un vaso de agua es una medida, por eso pedimos medio vaso de agua: Añada medio vaso de agua a los aliños. Usted, para ello, no tiene que usar un vaso, porque se refiere a la cantidad. Ese de, jamás va referido, en estos casos, al material con que está fabricado el objeto. Por analogía decimos: Una botella de vino y a nadie se le ocurriría pensar que la botella no es fabricada con vidrio sino con vino. De idéntica manera: Un litro de leche; Una cajetilla de cigarrillos, Una caja de whisky; Un hombre de bien; Una copa de champaña. Observe que un vaso húmedo, que es el ejemplo clásico que siempre se me ocurre, es un vaso con agua. De manera que no comete falta quien diga, con toda propiedad: Un vaso de agua.

Pero el asunto que nos ocupa no es la preposición de, sino los problemas que consigo traen el uso, el abuso y el mal uso de la a.

Los gramáticos están de acuerdo en que debe decirse: Voy a París o Visité a París. Esa a, para los países y ciudades es imprescindible, según la Gramática de la Academia. Aunque es común ver la noticia anunciada así: Clinton visitará Venezuela. Allí hay una falta que salta a la vista. De acuerdo con lo que la Academia prescribe, sería mejor decir: El ex presidente Caldera visitará a Colombia el año entrante. El Presidente de México visitará a Caracas, el presidente Chávez visitará a Irán.

Y al hablar de los adverbios terminados en mente, debo decir una palabra. La Academia prescribe que cuando el adjetivo lleva acento, por ejemplo: fácil, el adverbio terminado en mente, en este caso: fácilmente, debe conservar su acento original. Yo respeto la norma, para concordar con uno de los pensadores más grandes que ha tenido la humanidad, como fue Sócrates, quien afirmaba: Hay que respetar las leyes aunque sean malas, para enseñar a los demás a respetarlas cuando son buenas. Ya está.

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