Noticias del español

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| Pablo Ramos Méndez
eluniversal.com, Venezuela
Viernes, 7 de septiembre del 2007

LA LENGUA EN SALSA: RECUERDOS

Hay muchos términos que están en vías de desaparecer, como la palabra ñapa


La verdad es que son muchas las palabras que han desaparecido de nuestro idioma, en Venezuela y en otros países. Hay muchos términos que van en vías de desaparecer, como por ejemplo la palabra ñapa, del quechua yapa. Todo este introito porque recuerdo que cuando era muy joven, en Barquisimeto existía el taturo, voz que desapareció por completo hace muchísimos años. Se dice que es una voz indígena, aunque estoy seguro de que los indios jamás manejaron ese vocablo propio de antiguas pulperías. Se trataba de un pequeño envase que tenían las bodegas, donde se almacenaban granitos de caraotas y de café. La cosa funcionaba así: cada vez que usted gastaba un mediecito le ponían en su taturo un granito de caraota, y si gastaba un real, eso equivalía a un granito de café. Cuando el comprador calculaba que el taturo tenía bastantes granitos, pedía que se contaran, y el total equivalía a un premio en metálico. También se oía que cuando un fulano tenía varios ingresos en la cárcel, la gente comentaba: «Ese tipo tiene un taturo en la policía».

Otra palabra que no volví a oír es la voz ahíto, la recuerdo porque mi padre acostumbraba usar una sentencia que rezaba: «El que tiene hijos no muere ahíto», queriendo decir que un buen padre comparte la comida o golosinas con sus hijos, por lo cual no muere de un hartazgo.

Estos son recuerdos del ayer lejano. Del ayer cercano tenemos la palabra odiosa: tranca, usada para decirle a alguien que corte la comunicación telefónica. Simplemente, es ¡horrorosa! Todavía tengo el pavoroso recuerdo de haber presenciado cuando una locutora de televisión le decía a alguien por el teléfono repetidas veces: ¡Tranca!, ¡Tranca! No voy a asegurar que esa voz desapareció, pero perdura entre gente muy alejada del lenguaje culto. Peor todavía me parece la pregunta que la inmensa mayoría de los venezolanos usa para preguntar el precio de un ar- tículo. La pregunta es: ¿A cómo? ¿A cómo tiene los tomates? ¿Y a cómo los mangos? Por favor, ¿no les suena horripilipantoso?, y perdonen el término. Algo similar sucede con la pregunta: ¿Qué te parece? ¿No les suena que debería decirse: ¿Cómo te parece?

Como cosa curiosa les cuento que estaba leyendo una novela traducida al castellano por una dama española y me llamó la atención la palabra cubierta referida a lo que en Venezuela llamamos caucho.

Tampoco sé de dónde salió caucho si su nombre es llanta o neumático, como se dice en otros lugares. También se distingue con otros nombres como goma, como le llama en Puerto Rico: «Necesito cambiar una goma». A nosotros nos parece tan ridículo llamar goma a la llanta, como a un puertorriqueño le parecerá llamarla con la palabra caucho. En ambos casos se refiere al material con que está hecha la pieza.

Existe en este país la costumbre de hablar de un muchacho joven. Redundante, porque si es un muchacho no puede ser viejo. Pero si lo que ustedes quieren es que les diga cosas raras, les diré que el femenino de ayudante es ayudanta, de gigante es giganta, de gerente es gerenta y de bedelbedela. ¿Qué más quieren, quieren más? Aunque les digo, yo no he oído jamás esos femeninos pronunciados, pero de que existen, existen y registrados. Ya está.

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