Noticias del español

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| Pablo Ramos Méndez
Diario El Universal (Caracas, Venezuela)
Viernes, 5 de enero del 2007

LA LENGUA EN SALSA: EXPRESIONES COLOQUIALES

La gente dice: Me duele la vista o Me arde la vista. Una imprecisión, porque ni arde ni duele.


En una ocasión estaba en la Biblioteca Ramón Díaz Sánchez del Club Puerto Azul, en el litoral central, inmerso en la lectura de Rómulo Gallegos, buscando citas que respaldaran algunos temas que trato en el libro La lengua ensalzada, cuando sentí la desagradable interrupción de una señora, entrada en años, que desde la puerta le avisaba a su hija, que estaba lejos de ella, en voz alta:

—Miguelina, al enfermo no lo dejan ver.

Acusé el golpe bajo de la intromisión, en el silencioso mundo donde me encontraba aquella mañana, tratando de que mis escritos no fueran oligotróficos, sino por el contrario, que ofrecieran muchos nutrientes a mis lectores. Continué mi labor haciendo prescindencia del inoportuno comentario de la doña y que había afectado mi concentración, a pesar de que no soy hiperestésico. Tampoco puede decirse que tenga una memoria tan prodigiosa como el tipo que decía:

—Mi memoria es tan buena, que antes de nacer, recuerdo que fui a una fiesta con mi papá y regresé con mi mamá.

Yo no llego a tanto, pero a eso de las 6:03 minutos con veintidós segundos de aquella tarde, traje a mi memoria la frase de la señora: «Al enfermo no lo dejan ver».

Si analizamos su mala educación, porque el silencio en una biblioteca hay que respetarlo, lo que ella quiso decir es que estaban prohibidas las visitas. ¿No es cierto? Pero eso no fue lo que pronunció.

En buen ladino lo que la señora expresó fue: Al enfermo no lo dejan ver; o sea, que probablemente le taparon los ojos, porque si no lo dejan ver es que le pusieron unos anteojos de suela (con s), o lo vendaron, o le pusieron esparadrapos sobre sus glóbulos oculares.

Aunque mi compadre asimilado, Miguel Ángel Pinto Salvatierra, no es muy afecto a las digresiones, yo no puedo evitarlas cuando estoy en función didáctica. Digo esto porque tengo que hacerlo ahora para comentar que, hablando de la vista, mucha gente dice: Me duele la vista o Me arde la vista, lo cual es una imprecisión del lenguaje, porque la vista ni arde ni duele. Tampoco se opera, como tanto se oye por ahí. Lo cierto es que aunque estas expresiones no resisten un análisis, todo el mundo las entiende.

Retomando el tema que nos ocupa, quizás a alguien se le ocurra pensar: ¿Y cómo debió haber dicho la señora? Debió haberlo dicho así: Al enfermo no dejan verlo. (Y al oído de la hija). ¿Por qué? Por dos razones: 1.- Se evita lo deíctico, anafórico o la dicotomía o ambigüedad (Con diéresis o crema) de la expresión. 2.- Que el pronombre lo no es complemento de dejar sino de ver.

Nueva digresión, dedicada esta vez al profesor Pinto Salvatierra: Observe que entre paréntesis pongo (con diéresis o crema). ¿Por qué lo hago? Por una función didáctica, ya que según me manifestó una profesora de un liceo de Caracas, allá es obligatorio para los alumnos leer mi columna y discutir los temas. Pensando en ello, es por lo cual, a veces, explico cosas que para la mayoría de mis lectores pudieran ser evidentes. Pero como decía el humorista: es mejor que sosobre a que fafalte.

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