Noticias del español

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| Enrique José Milani
ellitoral.com, Argentina
Miércoles, 4 de junio del 2008

LA LECTURA DEL DICCIONARIO (I)

Alguien dijo alguna vez que no había nada tan apasionante como la lectura del diccionario. Y quienes estamos acostumbrados a leerlo, por múltiples razones, ratificamos esta verdad. Presenta tantas inquietudes, dilemas, sorpresas, develamientos, que podemos pasar horas recorriendo sus páginas en un viaje entretenido. Saltar de un artículo (así se llama cada una de las voces encolumnadas, con sus correspondientes acepciones y agregados) a otro; volver las páginas hacia delante o atrás, remitirnos a otras referencias, comparar, precisar significados, apuntar a veces a términos guiados por la sola intuición, es un ejercicio incomparable.


Pero para movernos con cierta seguridad en medio de la selva de palabras, funciones, matices, abreviaturas, se necesita cierto aprestamiento, como aquél que quiere escalar una montaña, o soltar amarras y echarse a navegar, o explorar lugares ignotos; porque casi siempre es necesario ahorrar tiempo, y el apremio del consultante y/o escribiente no admite dilaciones. Y aquí llegamos al objetivo de esta nota: cómo es preciso que la escuela capacite al explorador del lexicon, para que su trabajo sea rápido, eficaz y rinda los frutos esperados. Aportamos a continuación, datos, pistas, indicaciones, variada información, para un adecuado y exitoso recorrido por sus páginas.

Que un idioma no es una plantilla inamovible lo confirman los datos que a continuación consignamos, basándonos en el Preámbulo de la XXII edición del Diccionario de la Lengua Española (RAE- 2001). Más galanamente lo dice el poeta Horacio en Arte Poética, a quien cita el referido Lexicon: «… al igual que los bosques mudan sus hojas cada año…, acaba la vida de las palabras ya gastadas, y con vigor juvenil florecen y cobran fuerza las recién nacidas… Renacerán vocablos muertos y morirán los que ahora están en boga, si así lo quiere el uso, árbitro, juez y dueño en cuestiones de lengua». De los 83.014 artículos registrados en la anterior edición, fueron suprimidos 6.008; de las 154.480 acepciones de lema (palabras que encabezan los artículos) se removieron 17.337, y de las 23.882 formas complejas (del tipo esperanza de vida, qué esperanzas) se eliminaron 2.131. Estas supresiones no van a parar al canasto, sino que quedan para su consulta en el Nuevo tesoro lexicográfico. La revisión afecta también a lo que ya está, y se aumenta con numerosos agregados: 55.442 artículos de la anterior edición han sido enmendados. Se han añadido 11.425 nuevas entradas (o lemas), 24.819 nuevas acepciones y 3.896 formas complejas. Hay que tener en cuenta que la Academia incorpora no sólo lo que tiene por genuinamente español, sino también extranjerismos que han anidado en nuestro idioma y son de uso corriente. Se han aumentado considerablemente los americanismos, que llegan ahora casi a los 30.000, pues el espíritu de la RAE es conformar un diccionario auténticamente panhispánico. Fruto de este ánimo es el Diccionario Panhispánico de dudas, que desde hace unos años está a disposición de los interesados.

El depósito electrónico (Banco de datos del español), construido a lo largo de dieciséis años, que en su doble repertorio histórico y actual atesora más de 270 millones de registros léxicos, más la incorporación de importantes novedades en la técnica lexicográfica, permiten la actualización periódica de su diccionario; y su propósito es acortar cada vez más los plazos de las nuevas ediciones; aunque esto también tiene límites impuestos por la necesidad de que el aluvión lexical se decante, y facilite la tarea de selección, inclusión, purificación y descarte.

La elaboración y edición de un diccionario de las características del académico, comportan la acción conjunta de muchas personas e instituciones: la Real Academia Española y sus comisiones especializadas; las Academias hermanas de América y Filipinas; la Comisión Permanente de la Asociación de Academias, Banco de datos del español, que incluye el Corpus diacrónico del español (Corde) y el Corpus de referencia del español actual (Crea), Nueva planta del Diccionario, Fundación pro RAE, Miembros benefactores, Ayudas especiales, el Instituto de Lexicografía con sus miembros de número y colaboradores externos. Todos los antes nombrados forman un elenco de tal prestigio y renombre intelectual que le otorgan al Diccionario un carácter normativo universalmente reconocido, de tal modo que lo hace único en su género. De aquí que siempre se recurra a él como respaldo de toda tarea lexicográfica, porque marca el rumbo respecto de lo que se acepta como correcto; y dictamina, a veces salomónicamente, en lo que atañe a los usos del idioma.

Ponemos aquí punto final a esta primera nota sobre el tema que nos ocupa. En las siguientes aportaremos más información, a fin de que la preparación de los futuros consultores de un diccionario, resulte plenamente gratificante.

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