Noticias del español

| | |

| Alí Medina Machado
Diario El Tiempo, Venezuela
Viernes, 7 de agosto de 2009

LA INTERJECCIÓN ¿CATEGORÍA O QUÉ?

En la infinidad de textos gramaticales que uno suele consultar a la hora de organizar la clase, porque las clases tenemos que prepararlas y bien preparadas. En ese lapso de la planificación, los libros abiertos en la sección, capítulo o tema que interesa, uno se va confrontando con muy distintas definiciones, posiciones, argumentaciones, y ejemplificaciones, por lo que suele tomar una visión múltiple de un solo concepto, pongamos por caso, el de Interjección que es, justamente, el que hemos seleccionado, para tratarlo en este artículo didáctico para ser publicado.


Interjección, dice uno así tan fácil, sin saber que la palabra tiene tantas aristas y fulguraciones gramaticales. Porque es categoría y no es; es oración y no es; es parte del sujeto y no es; es parte del predicado y no es. En pocas palabras, «desde antiguo se ha señalado su carácter distinto respecto a las restantes partes de la oración». Y nos preguntamos ¿es privilegiada?, ¿es exclusiva?, ¿es discriminada? Lo que si es cierto es que los textos gramaticales más elementales la tienen como parte de la oración, no tan igual al verbo o al sustantivo, pero si dicen que es un signo invariable, junto con el adverbio, la preposición y la conjunción. Sin embargo, a medida que nos vamos introduciendo en textos gramaticales más complejos y especializados, la biografía morfosintáctica de la Interjección se va complicando y haciéndose una abstracción, que requiere análisis y argumentación para su comprensión como elemento interesante del discurso.

A ver, vamos a tratar de ir por partes. Un autor nos dice que Interjección «Es la parte invariable de la oración que por medio de una o varias palabras expresa un sentimiento espontáneo o el estado de ánimo que un hecho repentino nos produce». Aquí claramente se nos dice que es una parte de la oración, por lo que debe estar integrada al sujeto o al predicado, porque si la oración tiene dos constituyentes inmediatos, esos son, justamente, el sujeto y el predicado. Y ¿qué es sujeto? Lo que no es predicado. Y ¿qué es predicado? Lo que no es sujeto. Es decir, un A y un B. y fuera de ese A o de ese B no hay elementos. En síntesis: la oración no tiene apéndices que le cuelguen. Pero ocurre que el mismo autor, sostiene al final del punto que: «La interjección no es propiamente una parte de la oración, sino más bien una expresión afectiva de carácter incidental». Entonces, ¿en qué quedamos?

Pero, ¡ah!, y ya se nos atravesó una interjección. Debimos haber empezado por la definición del diccionario, cuestión que en lo particular siempre hago. Yo suelo ir directamente a mi diccionario de la Real Academia de la Escritura (RAE), mi gran compañero. Y él solícito responde a mi inquietud. Por cierto, el DRAE no se explaya mucho en la Interjección, sino es más bien concreto, nada más dice: «Voz que formando por sí sola una oración elíptica o abreviada, expresa alguna impresión súbita, como asombro, sorpresa, dolor, molestia, amor, etc». Eso refiere el diccionario, y de ahí inferimos que la interjección no es parte de la oración, sino una oración, en este caso elíptica, es decir, incompleta, sintácticamente vacía por falta de sujeto, verbo y predicado, como oración unimembre, de un solo miembro, y si acaso, con cierta carga semántica, vale decir, significación de naturaleza afectiva.

Vamos acumulando las categorías y condiciones halladas en el interior de nuestra palabra gramatical invitada, para al final poder enunciar con propiedad y fuerza científica un verdadero concepto integral de ella. Transponemos entonces al diccionario para meternos en otro texto específicamente gramatical, en el que nos topamos con que las interjecciones «son exclamaciones que traducen el sentimiento». Esto es, tienen un valor exclamativo, ¿oraciones exclamativas?, no propiamente, sino exclamaciones a secas. Y además, resalta su cualidad sentimental, es decir, afectiva, interior, con mucha fuerza subjetiva.

La interjección se fundamenta en nuestro mundo subjetivo, como si no fuese de la razón sino de imprevistos sorpresivos y fácticos para la comunicación en momentos de afectación psicológica, básicamente. La interjección nos permite exteriorizar estados de ánimo transitorios, lo que nos sucede ante un imprevisto, son, innegablemente hálitos de nuestro espíritu al que solemos manifestar múltiplemente más por sentimientos que por otras cosas, aunque a veces los impulsos nos lo da la racionalidad, pues sentimientos y razón son posiciones internas de nuestro universo mental.

Un autor concreto que se dedique a estudiarlas, bien pudiera decirnos, como en efecto lo hace, que las interjecciones son propias e impropias; las primeras construidas por medio de sonidos a todas luces agramaticales que rompen con la construcción normal de los elementos del código, como una simple agrupación de letras inconexas que no hacen sílabas ni palabras como ¡Pss! ¡Plaf! ¡uf!. Que con llamarlas propias siendo tan impropias ya las están mostrando como un fenómeno muy especial de la lengua. Por otro lado, los autores llaman impropias, a aquellas interjecciones que impiden que la construcción sea una palabra común y corriente, como si desnudaran a la palabra de esta condición, a las que descargan de su contenido significativo, como ¡Hombre! ¡Demonio! ¡Vaya!.

Por mi parte, desearía que la palabra demonio fuese siempre una interjección, y no ese montón de cosas que es, usada casi siempre para meternos miedo y para asustarnos con la condenación eterna. Con el ¡Demonio! Interjectivo usted casi no dice nada. Pero con el demonio como categoría morfosintáctica, usted si es verdad que pone a temblar al mundo entero. Y lo más grave, lo puede echar a correr.

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: