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La inclusión comienza por el lenguaje

El presidente de la Academia Argentina de Letras, Pedro Luis Barcia, dijo que le preocupan la pobreza y la vulgaridad del lenguaje.

 

«La inclusión comienza por el lenguaje. Nos preocupa la pobreza lingüística en la población y especialmente en los jóvenes porque la educación va hacia abajo», señaló Pedro Barcia durante su discurso ante los editores de la prensa, reunidos en la cena mensual de camaradería de la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA), donde estuvo presente Mario Carlos Piacentini, director de Actualidad.

El disertante también señaló su preocupación por «la vulgaridad que antes se utilizaba para ofender o descalificar a todo lo burgués, pero que ahora está al servicio de la protesta social» y puso como ejemplo las recientes expresiones del director técnico Diego Maradona.

«La Academia debería exigir que el idioma sea conciso, claro y correcto», afirmó el académico que sorprendió a la audiencia con sus reflexiones y recibió encendidos aplausos haciendo gala de su estilo informal que apela a los refranes y anécdotas, para exponer con claridad su pensamiento renovador en las letras.

«Dice el refrán que estos lodos vienen de aquellos polvos» recordó Barcia, para señalar luego que «las academias siempre se preocuparon por las letras, pero no recibieron respuesta de los dos últimos presidentes, ni del COMFER, ni de los ministros de Educación. Hay falta de diálogo porque las autoridades se desentienden de las academias».

El académico destacó como «una violencia del vocabulario» el hecho de que en la Argentina se publicaron dos diccionarios de insultos en los últimos dos años. También criticó los nuevos términos como llamar no videntes a los ciegos o hipoacúsicos a los sordos. Sostuvo que el ex ministro de Economía Domingo Cavallo inventó el término corralito porque le gustaba hablar con diminutivos para tener una mejor llegada a la gente. «La máxima —agregó— es la de los norteamericanos que inventaron los daños colaterales para explicar las consecuencias de los bombardeos sobre las poblaciones».

Acerca de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, opinó que emplea «un lenguaje universitario antiguo, de la década del 70, no tiene flexibilidad y no llega al pueblo». Por otra parte, recordó que Juan Domingo Perón «sí tenía recursos lingüísticos que se adaptaban a las circunstancias».

El orador, Pedro Barcia, fue presentado por el presidente de ADEPA, Gustavo Víttori, quien se refirió en términos políticos para señalar que «el vocablo crítica ahora ha cambiado de significado y dicen destituyente». También señaló que «en nuestro país los vocablos república y democracia cambiaron de significado» y que «la libertad de prensa, que era un valor de los argentinos, ha pasado a ser una mala palabra».

Los celulares en el aula

«Yo metería los celulares en el aula para utilizarlos como elemento de educación lingüística, para domesticarlos —propuso Pedro Luís Barcia— y cuando se pasa a otro tema el maestro tiene la autoridad para ordenar que lo guarden».

«Hay que domesticar los elementos electrónicos en la escuela. Hay que reconvertir la escuela, pero esto llevará unos 10 años porque los docentes, en su mayoría, no manejan las computadoras ni los mensajes de textos», advirtió.

Barcia puso como ejemplo la «doctrina del diálogo en la educación» que se implementa en Bélgica, Israel, Francia, Italia y México. «Veo tres telenovelas por día para tener argumentos para criticar a los medios y estar a tono, como docente, con los alumnos», dijo Barcia y despertó el aplauso del auditorio.

El invitado de ADEPA anunció que la Academia redacta un manual lingüístico para la UNESCO. «Si una palabra no tiene traducción al español, hay que dejarla como está, pero escrita en bastardilla», aclaró.

El presidente de la Academia Nacional de Letras anunció por último que la entidad medirá el lenguaje de los medios y opinó que el nivel de la prensa escrita es muy bueno porque utiliza el 68 % de los recursos linguísticos, mientras que al mismo tiempo sugirió que se debe exigir «buena oralidad» a los comunicadores de los medios audiovisuales.

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