Noticias del español

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| Pedro Luis Barcia

LA IGLESIA, LA ACADEMIA Y LA LENGUA DEL PUEBLO

Las tres respetables señoras del título coincidieron en una reunión productiva. Como dice el Larousse, en sus páginas rosadas: In trinum perfectum. Y si no se llegó a la perfección —que no es meta alcanzable en lo humano— nos orientamos hacia ella, lo que es mucho. Lo que cuento ocurrió hace unos años, pero es noticia por ser algo desconocido.


La Comisión de Liturgia del Episcopado Argentino estaba elaborando el texto del Misal diario. El arzobispo de La Plata, Mons. Héctor Aguer hizo una sugerencia acertada: pasarlo para una revisión lingüística a la Academia Argentina de Letras. Me entrevistó monseñor Alfonso Delgado, Arzobispo de San Juan de Cuyo, y acordamos el trabajo; naturalmente, gratuito, porque sacarle un peso a un clérigo es como pretender obtener jugo de una piedra. Pero nos atrajo la propuesta.

Constituimos una comisión de tres académicos (tanto tres va para masónico): Federico Peltzer, Alicia Zorrilla de Rodríguez y el escribiente. Pero, gracias a Dios y a la aplicación laboriosa nuestra, hicimos bien nuestra faena de revisión, pese a lo que dicen los ingleses, y repetía Perón, de que toda comisión ad hoc convierte un caballo en un camello, o algo más jorobado.

Hicimos, primero, una compulsa total de la puntuación, a la luz de las últimas normas convenidas por las Academias. En verdad, el texto original no padecía lo que llamo «comas piqueteras», que son las que cortan la libre circulación de la sintaxis, alterando el ritmo y sentido del discurso. El caso más repetido, era la puntuación diversa para las mismas oraciones. Doy un par de ejemplos: a) «Él, que vive y reina por los siglos de los siglos…» y b) «El que vive y reina por los siglos de los siglos…». Nuestra sugerencia fue por la primera forma.

Otro caso a) «En la unidad del Espíritu Santo y es Dios por los siglos de los siglos»; b) «En la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos» y c) «En la unidad del Espíritu Santo, y es Dios, por los siglos de los siglos». Nos inclinamos por la tercera puntuación. La antífona en pp. 6, 13, 20, etc.: «Viene el Señor con gloria a visitar a su pueblo con la paz y darle la vida eterna».Se sugirió: «Viene el Señor, con paz y gloria, a visitar a su pueblo y darle la vida eterna».

Otro terreno de opinión fue el léxico, en el que propusimos la sustitución de algunos vocablos que resultaban poco comprensibles para el auditor actual. Por ejemplo, se propuso sustituir el vocablo «prescripciones» por «preceptos», pues en el uso rioplatense, la primera voz está popularmente asociada a la medicina, en tanto «preceptos» mantiene una latitud y dignidad semánticas tradicionalmente asociadas a lo religioso. Se aconsejó sustituir el sustantivo «integridad», muy apropiado en sí, por cierto, pero de uso culto elevado, por otro de comprensión más popular, como: «fidelidad», «honradez», o «rectitud»; «tribulación» infrecuente en el uso, por: «aflicción», «sufrimiento», «angustia»; igualmente, el vocablo «iniquidad», de difícil comprensión para el pueblo, por algunos de las dos líneas de sinónimos: a) «injusticia», «abuso». b) «perversidad», «crueldad».

La presencia de latinismos puros o de voces infrecuentes en el uso común es una dificultad para la prédica. Recuerdo la anécdota que me contara del cardenal Antonio Quarracino, varón sensato y de buen oído para lo popular. Inspeccionaba, como obispo de Mercedes la catequesis en las escuelas parroquiales. Frente a un corro de chicos preguntó cuáles eran las condiciones de una buena confesión. Todos levantaron la mano, acuciosos por participar. Eligió a uno, y el muchacho comenzó: «Tener conciencia de los pecados cometidos, cumplir la penitencia, tener propósito de mierda…». «Alto, dijo el prelado, entre divertido y sorprendido, de donde sacaste eso». «Lo enseñó la señorita», dijo el párvulo. Y era natural el resultado: lo más vecino a «enmienda», palabra abscóndita para él, era le mot de Cambron. Seria responsabilidad, concluía, mi amigo el obispo, para quienes predican y educan, la de la adecuación oral al auditorio.

Otro campo de observación fue en el tipográfico. Se propuso dividir las antífonas como si fueran esticos, o partes de un verso largo, aunque no fueran provenientes de los Salmos, y marcar la pausa con una barra transversal (/), o bien, separarlos en renglones sucesivos para sugerir el ritmo de la enunciación oral, al compás de la holgada respiración humana acompañando así la estructura del fraseo y evitando el matete lectivo.

Otro aspecto fue el sugerir el destierro definitivo del «vosotros» y sus formas verbales acordes («vosotros cantáis») —de manejo exclusivamente español—, por el «ustedes cantan», de absoluto uso en toda Hispanoamérica.

Esta tendencia ya se había instalado en la práctica oral de muchas iglesias católicas.

El apóstol Santiago dice que la fe entra por el oído. De allí la atención que pusimos en la dimensión oral de los textos, destinados a un auditor y no a un lector. Mac Luhan señaló que el escrito individualiza y aísla, como es el caso del uso de misal personal durante la celebración, cuando lo que se busca es la participación coral y activa de todos los feligreses.

Ya Herodoto, al hablar de la lengua de los egipcios, distinguía entre una lengua demótica, del pueblo, y una lengua hierática, la de los sacerdotes. Esta actitud de la Iglesia argentina, preocupada por acercarse en su lengua diaria a la del pueblo, es altamente ponderable. Obviamente, se debe mantener un nivel cierto de lengua escogida para lo litúrgico, pues no se debe caer en lo familiar o, peor aun, en lo vulgar. Proponemos el «ustedeo» pero no el «voseo» coloquial.

Narro la interesante experiencia porque, en ocasión de estar reunidos los presidentes de las veintidós Academias de la Lengua, conté lo trabajado. Para mi sorpresa ninguna hermana institucional había tenido esta consulta. «Topamos con la Iglesia», dijo Quijote, pero topamos bien, en hermanado trabajo. Hasta la fecha somos la única Academia que ha tenido esta posibilidad. La actitud de la Iglesia argentina contrasta con la de las entidades civiles de nuestros gobiernos que hacen sus consultas idiomáticas a la RAE, olvidados de que hay una Academia en su país. Se predica la independencia intelectual y se procede con mentalidad de colono lingüístico.

Frente a quienes siguen, desde su ignorancia minuciosa, condenando a las Academias por improductivas, dinosáuricas y obsoletas, les acerco, además de lo expuesto, un par de escuetas informaciones. La nuestra acaba de inaugurar el primer canal Youtube de las veintidós Academias (www.youtube.com/canalaal). Y en un mes editará el primer libro multimedia en español: Martín Fierro multimedia 2010. Chúpese esa mandarina, dirían en mi provincia.

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