Noticias del español

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| Juan José Flores Nava
El Financiero (México)
Jueves, 23 de marzo del 2006

LA GENTE DEBE ESTAR CONVENCIDA DE QUE HABLAR BIEN ES IMPORTANTE

Mostrar interés por el lenguaje y valorar el bien hablar no depende de la profesión que se haya escogido, dice Fernando Serrano Migallón. Actual director de la Facultad de Derecho de la UNAM, Serrano Migallón es también, y desde hace unos días, integrante de la Academia Mexicana de la Lengua.


Este hombre -que según sus palabras siempre ha tenido el interés por decir las cosas de la manera más correcta posible («no sólo por el bien decir en sí mismo, sino porque eso permite comunicarse de manera más fácil, clara y expedita con los demás»)- ocupa ya la Silla IX, de la que fuera titular don Salvador Díaz Cíntora.

-¿Cómo le viene esta nominación? -preguntamos a Fernando Serrano Migallón.

-Es un gran honor, una satisfacción.

-¿Qué características tiene para usted el español en relación con otros idiomas?

-La primera es la gran cantidad de gente que lo habla. Eso hace que el español tenga gran importancia internacional en los ámbitos político, cultural y comercial. Los intercambios que se dan en lengua castellana son permanentes y de gran envergadura. También al ser el español un idioma que se habla en regiones tan dilatadas geográficamente, las modalidades que adquiere lo convierten en una lengua muy rica. Las modalidades en que se emplea el español en cada país o en cada región lo convierten en un idioma en plena expansión con mayores intercambios lingüístico que otros.

-Pero a pesar del gran número de personas que lo hablan, el español no consigue ser un idioma internacional, del peso que tienen el inglés y el francés, por ejemplo.

-Eso ha cambiado mucho. En el siglo XIX el idioma internacional era el francés. Posteriormente, y a partir de la Primera Guerra Mundial, se da un cambio lingüístico al mismo tiempo que el cambio político. Desde entonces el idioma internacional es el inglés, debido al poder que adquiere Estados Unidos. A eso hay que sumarle, aunque aclaro que no lo hablo bien y mucho menos soy especialista, que el inglés es un idioma muy cómodo de emplear. Es fácil. Por el contrario, si uno habla mal el francés; es decir, si uno lo pronuncia mal es muy difícil que nos entiendan. El inglés no tiene tanto esa dificultad, es muy claro y por lo mismo facilita los intercambios. Pero a finales del siglo XX y principios del XXI el peso del castellano se hace cada vez más grande en los foros internacionales.

-El español está de moda, decía usted en una ponencia que presentó durante un Congreso Internacional de la Lengua. ¿Cómo nos podemos dar cuenta de eso?

-Se presenta en varios aspectos de la vida cultural. Sobre todo lo podemos ver a partir del éxito de los grandes novelistas del llamado boom latinoamericano. Luego, las películas en castellano tienen cada vez más una presencia importante. También los intercambios internacionales en los que participan naciones de habla española son cada vez más numerosos y trascendentes. Eso permite, claro, que el idioma adquiera mayor presencia.

-¿Cómo puede el español ocupar una posición más relevante? ¿Tendría esto alguna importancia?

-Con la globalización y el intercambio masivo de bienes e ideas. Todo ello provoca que los idiomas adquieran cada vez más importancia porque, al mismo tiempo, se da una mayor relación entre unos y otros; lo cual no es malo: ha pasado en muchas épocas en la historia y va a seguir pasando. Lo cierto es que hay que tener cuidado con lo que se queda de otros idiomas en esos intercambios y, asimismo, con lo que el propio idioma conserva o pierde.

-También dijo en alguna de sus participaciones en el Congreso Internacional de la Lengua Española que los hispanoparlantes nos mostramos reticentes a palabras artificiales.

-Sí, lo contrario se puede ver con el idioma inglés, que es más flexible cuando se trata de aceptar palabras de otros idiomas. Para los hispanohablantes, por el contrario, las palabras que llegan de otros idiomas tienen que pasar por un filtro amplio de aceptación general para que finalmente se queden.

-Por qué de pronto da la impresión de que ciertos grupos, a pesar de hablar español, se expresan en otro idioma. Es el caso de los abogados o de un buen número de científicos sociales.

-Hay diferentes niveles de comunicación. Usted nos oye hablar a los abogados en el plano judicial y se dará cuenta de que empleamos un lenguaje que no utilizamos en otros ámbitos. Por ejemplo, hablamos todavía de fojas, de autos… son palabras que no emplearíamos en la vida cotidiana. Gremialmente tenemos un léxico que si bien no es secreto, sí llega a ser privativo. Eso provoca que haya una especie de pequeños idiomas que se unen para conformar un gran idioma.

-Usted dice que en el ámbito judicial los abogados emplean expresiones y palabras que no utilizan en la vida cotidiana. No obstante, se quiera o no ese ámbito judicial interfiere y llega a formar parte de la vida cotidiana de muchas personas. ¿Acaso los abogados, junto con los periodistas, los científicos y los economistas tecnócratas son los principales fanáticos de infligir laceraciones al idioma?

-Hay una rama más moderna que tiene que ver con la computación y la cibernética que lacera al idioma mucho más de lo que podrían hacerlo los economistas, por citar un caso. Los abogados sólo empleamos palabras pasadas de moda para el común de la gente. Pero más que cómo se habla, que es importante, yo destacaría el problema de los valores. La gente debe estar convencida de que hablar bien es importante, de que tiene sus méritos. Hablar bien es un valor que hay que buscar en todos los gremios y en todos los niveles. Una de las funciones de la Academia debe ser, precisamente, la de mantener vivo el valor de lo importante que es hablar bien el idioma castellano.

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