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| Agencia Efe

«La enseñanza de la lengua es la llave de acceso a la sabiduría»

El lingüista asturiano Salvador Gutiérrez hizo, en su discurso de ingreso en la Real Academia Española, una encendida defensa de la educación, en general, y de la enseñanza de la Gramática, en particular, porque «la lengua es la llave de acceso al templo de la sabiduría heredada».

«Si nadie pone en duda la necesidad de conocer la estructura de una catedral gótica, ¿no hemos de estudiar el entramado de la más hermosa catedral que haya construido jamás el hombre, el lenguaje?», se preguntó Gutiérrez en su discurso que, como era de esperar, dedicó a la disciplina en la cual es uno de los mayores expertos españoles: la Gramática.

«La conveniencia de enseñar Gramática cae por su propio peso», afirmó rotundo este catedrático de Lingüística General de la Universidad de León, quien dejó claro que no quería aprovechar su ingreso en la Academia para reclamar «un mayor número de horas de lengua» en la enseñanza, «aunque la situación clama al cielo».

Pero sí para considerar «indispensable y urgente» que el cuidado y vigilancia «del bien hablar y del bien escribir vuelva a ser responsabilidad de todos los docentes» y no solo de los profesores de Lengua, tal y como señaló en su discurso titulado Del arte gramatical a la competencia comunicativa.

«El dominio instrumental de la lengua es la base de todas las disciplinas, y si el alumno fracasa en él, fracasa en sus estudios», aseguró Gutiérrez (Taballes de Bimenes, Asturias, 1948), quien también insistió en la necesidad de impartir la enseñanza teórica de la Gramática cuando el niño tiene la edad adecuada y en la conveniencia de utilizar todo tipo de textos para hacerla comprensible, desde el chiste y el poema, hasta el anuncio y los textos clásicos.

«Es un crimen de lesa cultura que el alumno termine odiando la Lengua y la Literatura de su propio idioma», subrayó Gutiérrez, quien antes de entrar en la materia específica de su discurso, dedicó unas palabras de elogio a su antecesor en el sillón S, el filósofo Julián Marías.

El nuevo académico reconoció que le será difícil no sentirse «minúsculo en el lugar ocupado por uno de los intelectuales más relevantes del siglo XX».

Encarcelado durante la guerra («eran días de ira y delación», afirmó Gutiérrez), Marías tuvo dificultades en la posguerra porque «su pensamiento conjugaba contrarios ideológicos: por un lado, era católico y de derechas; por el otro, se enfrentaba a la dictadura e intentaba mantener viva una filosofía laica».

Su tesis doctoral no la pudo sacar adelante hasta 1951 y dos años más tarde vio truncadas sus aspiraciones de ser catedrático, algo que no logró hasta que el Gobierno de Adolfo Suárez creó en la UNED la cátedra Ortega y Gasset, donde Marías ejerció hasta su jubilación.

«En los tiempos de olvido —recordó Gutiérrez— solo la Real Academia Española se mantuvo al margen de los vetos políticos». Marías fue elegido académico en 1964.

Tras dedicar también un recuerdo emocionado a Emilio Alarcos, que fue su «mentor y guía» durante su trayectoria universitaria, Gutiérrez explicó en su discurso cómo la Gramática se ha considerado durante siglos «el arte de hablar y escribir correctamente», pese a que esa definición solo fue apropiada al principio.

La Gramática se convirtió luego en una ciencia, pero siguió utilizándose esa misma definición hasta que se rechazó en el siglo XX cuando «se produjo la revolución provocada por las escuelas estructuralistas y generativistas», que se centraron en «la descripción y explicación del sistema, del código, de la “competencia lingüística”».

La lingüística estructural-generativista podía «dirimir sobre la gramaticalidad de los enunciados» y consideró, por ejemplo, agramatical el conocido texto de Cortázar: «Con lo que pasa es nosotras exaltante. Rápidamente del posesionadas mundo estamos hurra».

En la segunda mitad del XX surgieron nuevas disciplinas y ese «crecimiento espectacular de la Lingüística» vino acompañado de una actitud integradora, explicaba Gutiérrez.

A finales del XX se pasa de la competencia lingüística a la «competencia comunicativa», porque «dominar la lengua no se reduce solo al conocimiento del código», sino que el hablante debe poseer otra serie de conocimientos y habilidades que le serán muy necesarios.

Y, así, la «competencia comunicativa» incorpora las diferentes definiciones de Gramática que se han dado, incluida la tradicional de ‘el arte de hablar y escribir correctamente’, señaló el nuevo académico.

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