Noticias del español

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| Saray Marqués
www.adn.es, Madrid (España)
Martes, 5 de octubre del 2010

LA COCINA DEL IDIOMA

La Real Academia, más que un templo, es un lugar de trabajo | En sus bibliotecas, despachos y en su salón de plenos se cuece la composición de la lengua.


El curso acaba de arrancar en la Real Academia Española (RAE). Hasta julio, habrá plenos para analizar los derroteros del idioma cada jueves. Y discursos de ingreso, como el de la escritora Soledad Puértolas. Tal vez se elija quién ocupará las sillas Z y e, vacantes que hasta ahora correspondían a Francisco Ayala y Miguel Delibes. Y ya quedará menos para la 23ª edición impresa del Diccionario, en 2013, cuando la RAE cumple 300 años.

El lugar

En el conjunto del Buen Retiro se halla la sede de la RAE desde 1894. Todo se intenta mantener como entonces y, por ejemplo, no se ahorra en mudanzas si se descubren las estanterías originales de la biblioteca en Alcalá de Henares. A la vez, la RAE se moderniza: abundan las mujeres por sus pasillos, la Noche en Blanco se abrió a 2.000 curiosos y se ha aliado con You Tube para promover la lectura global del Quijote.

La RAE actual está a años luz de la de su fundador en 1713, Juan Manuel Fernández Pacheco, marqués de Villena, al que sucedieron tres Pachecos. Hasta 1923, tener títulos nobiliarios parecía imprescindible para ser director, pero desde Menéndez Pidal pesan más los universitarios. Hoy el académico Martín de Riquer Morera, conde de Casa Dávalos, conjuga ambos. Pero el director desde 1998, Víctor García de la Concha, no ha necesitado alcurnia para ser elegido tres veces.

Si la riqueza de la RAE se cuenta en títulos, es de libros: 250.000 entre la biblioteca general y los legados de Dámaso Alonso y de Antonio Rodríguez-Moñino. «Hay manuscritos del Libro del Buen Amor, del Arcipreste de Hita, de Don Juan Tenorio, de Zorrilla, de Lope de Vega, príncipes del Quijote… y una cámara acorazada en el sótano», explica el bibliotecario, José Manuel Sánchez Ron.

Los académicos

En el salón de plenos hay 46 sillas. Este curso hay cinco vacantes: dos por fallecimiento y tres a la espera de que sus futuros titulares lean el discurso de ingreso. Para ocuparlas hace falta que tres académicos se pongan de acuerdo en apadrinar a un candidato. A veces, el aspirante no logra la mayoría, pero otras rechaza la propuesta directamente. Como Juan Ramón Jiménez: «¿Qué hace el poeta, un creador iluso, en uno de los sillones sabios?». Otros, como Miguel de Unamuno, Miguel Mihura o José Hierro, no llegaron a tomar posesión, por fallecer antes de leer su discurso. Hay almirantes, arquitectos, economistas, médicos y científicos que hoy son académicos. Lo son para toda la vida. Quizá eso explica la media de edad de 75 años.

Los jueves

La antigüedad es un grado en el perchero, en la antesala del salón de plenos. Es nominal y, tras la del director, las perchas figuran por orden cronológico, empezando por Martín de Riquer Morera, de 96 años. Repleto de correspondencia tras el parón del verano, el perchero es la imagen más viva del inicio del curso académico.

Tras los saludos, los académicos se dividen en comisiones: de ciencias humanas, vocabulario científico y técnico… «No son camarillas, cuentan con una diversidad beneficiosa», explica Sánchez Ron. Después, 45 minutos de pleno. «Sobre la mesa, papeletas con palabras nuevas o cambios de acepciones», anuncia el secretario, Darío Villanueva.

El diccionario

Fruto de los plenos son los cambios en el Diccionario. Éste se edita al menos cada 10 años, pero experimenta actualizaciones periódicas en su versión en internet (con un millón y medio de consultas al día). El pasado julio, unas 2.500. «La RAE no inventa palabras ni fuerza inclusiones, acredita que una que no está en el Diccionario tiene vida», explica Villanueva, orgulloso de que el término «libro electrónico» haya vencido a «e-book» y dispuesto, si los académicos lo deciden, a incluir la variante de matrimonio entre personas del mismo sexo. O la juvenil «pagafantas» (chico solícito que no se come una rosca con las chicas). Sánchez Ron, en la comisión de vocabulario científico, es más de limpiar: «Eliminaría «overbooking»,pues existe «sobreventa» y cambiaría definiciones arcaicas del tipo de «linaje» como «conjunto de todos los descendientes de Adán».

ENTREVISTA

Antonio Mingote

«Antes había poco dinero»

Con 22 años como académico y 1.252 asistencias a sus espaldas, el dibujante y escritor Antonio Mingote (Barcelona, 1919), es el tercer académico más veterano, tras el conde de Casa Dávalos y Valentín García Yebra. Ocupa la silla r, y suele sentarse con Luis María Ansón a la izquierda y Paco Nieva a la derecha.

¿Cómo ha cambiado la Real Academia en estos años?

Cuando fui nombrado académico me tocó ser tesorero. Antes había poco dinero, pero en los últimos años, gracias a los Amigos de la Real Academia, al impulso decidido del Rey don Juan Carlos y a las nuevas subvenciones, hay más financiación para ir tirando e invirtiendo en obras tan impresionantes como el Diccionario.

¿Ha sido 'padrino'?

Sí, recuerdo que propuse, por ejemplo, a Fernando Fernán Gómez [académico de 2000 a 2007].

¿Ha introducido términos?

Sí, cuando entré propuse la inclusión de algunos relacionados con mi profesión, así como la redefinición de otros.

¿Cómo definiría a la RAE?

Si tengo que usar sólo un adjetivo, emplearía «venerable».

¿Qué supone ser académico?

Es un honor y una satisfacción, y hay que ser conscientes de que muchos lo merecen. Yo nunca me lo propuse, así que me halaga.

Juan Luis Cebrián

«Un día expulsamos a Satanás»

Académico desde 1997, ocupa la silla V. A su izquierda, el lingüista Ignacio Bosque. A su derecha, hasta hace poco, Francisco Ayala. Ahora, Vargas Llosa o Muñoz Molina.

¿A qué se parecen los plenos?

A nada que hubiera visto. Es como pertenecer aun club de debate intelectual.

¿Recuerda alguno polémico?

Muchos, como los debates encendidos de Vargas Llosa y José Luis Sampedro sobre la globalización. Los términos geopolíticos (dictadura, franquismo, totalitarismo…) suelen ser polémicos. Un día expulsamos a Satanás del diccionario, porque es nombre propio, no común. Pero el pleno no se atrevió a expulsar a Jesucristo.

Tienen mucho de ceremonia…

Sí, la RAE tiene 300 años y un espíritu fiel a la tradición y abierto a la sociedad (sobre todo desde Laín Entralgo). En el pleno nos tratamos de usted y aunque haga mucho calor nos dejamos la americana. Sólo una vez a una persona se le ocurrió quitársela, y no lo volvió a hacer.

¿Alguna palabra suya?

He propuesto bastantes, porque son muchos plenos. De las últimas que recuerde, soberanismo.

Tiene 540 asistencias los jueves, ¿cómo lo hace?

Siempre que estoy en Madrid, procuro acudir. Raro es el jueves que no voy al pleno o a las sesiones de la comisión [está en la de Ciencias Sociales]. Sólo si tengo ópera falto a la segunda parte.

¿Cómo se ve al académico?

Formar parte de la Academia goza de un prestigio inusual y raro no sólo en América Latina sino en España.

¿Alguien que merezca serlo?

Caballero Bonald ha sido propuesto tres veces y no ha salido. Es una vergüenza. Otros muchos tienen méritos sobrados pero no han querido.

Soledad Puértolas

«Tiene un punto de club»

La creadora Soledad Puértolas (El bandido doblemente armado, Queda la noche) pasará a ser la quinta mujer académica en cuanto lea su discurso de ingreso. Luis Mateo Díez, Carmen Iglesias y José Antonio Pascual le propusieron entrar en la RAE el otoño pasado.

¿Dijo que sí a la primera?

Sí, y entonces tuve que ponerme a escribir cartas manuscritas a cada uno de los académicos explicándoles por qué era oportuna mi candidatura. Fui consciente de la situación y de que conocía a muchos de ellos.

Tengo que confesar que agradecí que hace unos años se sustituyeran las visitas por cartas.

¿Cómo fue la noticia?

Era candidata única, y me habían avisado de que el 28 de enero el pleno decidía en su tercera votación. A las ocho y media Víctor García de la Concha me llamó a casa y me dijo: «Señora académica, enhorabuena».

¿Y desde entonces?

Trabajé en mi discurso de ingreso, que ya he presentado, sobre los personajes secundarios. ¡Nunca he releído tantas veces un texto! Me ponía con la novela para no obsesionarme con el discurso y con el discurso para no obsesionarme con la novela. También he preparado la semblanza de quien me precedió en la silla g, Antonio Colino.

¿Cómo arranca el discurso?

Todavía no me lo han aprobado, pero, como no podía ser de otra manera, empiezo «Señores y señoras académicos, Excelentísimo señor director…»

¿Qué impresión tiene de la RAE desde fuera?

Las normas, escritas y no escritas, le dan un aspecto de juego. Y a mí me parece muy bien ser educados, mantener las formas. Tiene un punto de club muy agradable, e invita a trabajar.

¿Ningún pero?

Me gusta la amplitud, y el salón de plenos me pareció demasiado apretado, con mucha mesa pero poco aire entre la mesa, los asientos y la pared.

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