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| Agencia EFE

La ciencia y la tecnología, los grandes retos del español

La ciencia y la tecnología, su difusión y su divulgación, constituyen los grandes retos del español, una lengua cuya presencia en estos ámbitos está «muy por debajo de donde debería, eclipsada por la hegemonía del inglés».

Esta es una de las principales conclusiones del libro El español: lengua para la ciencia y la tecnología, editado por el Instituto Cervantes y la editorial Santillana, en el que se advierte, además, de que la apuesta por mejorar la inserción del español en el panorama de la comunicación tecno-científica es «crucial», puesto que el porvenir del español se libra en internet.

Este libro, de 136 páginas y presentado ayer en el Instituto Cervantes, contiene cinco capítulos, en los que se escribe de la cultura científica en España, de las revistas editadas en español, del idioma y la sociedad de la información, de los tecnicismos y de las vías de actuación para mejorar el fomento y la difusión del español científico y técnico.

En ellos, sus autores —científicos, ingenieros y filólogos— pretenden poner de manifiesto «algunas lagunas» que, de no completarse, pueden «ensombrecer» los pronósticos de futuro del español, que ya ocupa el segundo puesto mundial como lengua materna.

El estudio del español genérico, literario y el de negocios «está bien difundido y disfruta de un crecimiento continuo», según este libro, mientras que el español científico y técnico «se encuentra relegado a un plano apenas perceptible en el ámbito internacional».

Ante esto, los autores apuestan por fomentar la concienciación del valor y la necesidad de difusión del patrimonio del español científico-técnico.

Para ello, hay que prestar especial atención a la distancia entre ciencia y sociedad, a la necesidad de valorar el léxico español como eje de comunicación científico-técnica y a la conveniencia de difusión del español de la ciencia y tecnología como lenguaje de especialidad.

Entre las medidas concretas, proponen intensificar y obligar a que alumnos Erasmus en España realicen cursos de español aplicados a la ciencia y tecnología; organizar talleres periódicos de escritura técnica; intensificar las jornadas sobre divulgación de la ciencia española e hispana en el extranjero; y crear convocatorias de proyectos que tenga el español como lengua vehicular.

Además de estas propuestas y de la de aumentar el número de revistas en español y crear una agencia de prensa científica hispánica, apuestan por crear un índice de publicaciones de revistas desligado de un país, de un idioma concreto y del sector privado (ahora la mayor base de datos de revistas del conocimiento depende de EE. UU. y de una empresa).

No obstante, los autores y los propios científicos, algunos entre el público, han reconocido que utilizan el inglés, entre otras comodidades, para comunicarse entre sí, y que son ellos mismos los que no valoran la publicación de la ciencia en español.

De hecho, existe una tendencia entre los científicos españoles a nombrar a científicos extranjeros en sus artículos, según Verónica Vivanco, coordinadora de este proyecto.

Se trata, según Daniel Martín, uno de los autores, de que el español no se quede en una lengua de «andar por casa».

Como ha señalado Emiliano Martínez, de Santillana, el monopolio del inglés no implica que no haya que hacer una ciencia en español, precisamente para llegar a la sociedad, por eso, según la directora del Instituto Cervantes, Carmen Caffarel, este libro es oportuno, porque «no podemos estar ajenos a la ciencia y la tecnología».

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