Noticias del español

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| Florence Thomas, coordinadora del grupo Mujer y Sociedad
eltiempo.com, Colombia
Jueves, 25 de junio del 2009

LA CAVERNA DE RUFINO CUERVO

Me pregunto si es que el español fue decretado lengua muerta sin que yo me haya percatado del hecho.


Porque sigo convencida de que el español, como el francés, el italiano o el inglés, entre otros idiomas, es una lengua viva, cambiante, que debe reflejar la vida, los procesos históricos de cambios tecnológicos y científicos, como sociológicos y subjetivos.

Si todos y todas reconocemos hoy lo que significó y generó la revolución de las mujeres durante el siglo pasado, ¿cómo no traducir algunos de los logros de esta revolución en nuestras lenguas? Las mujeres se han vuelto más visibles en todas partes, menos en el idioma. Se han vuelto profesionales, pero parece que nos toca seguir siendo magistrados, testigos o profesores eméritos porque la feminización de estas nobles profesiones o reconocimientos no se puede aplicar a mujeres.

Las mujeres tuvieron que irrumpir en los espacios tradicionalmente masculinos y desordenar lo que funcionaba tan bien sin ellas. Se pudo americanizar el idioma sin ningún problema (Internet, el fútbol, el fast food, etc.), pero feminizarlo es un crimen. Sí, parece difícil reconocer que existen niños y niñas y que, en general, son las niñas las sexualmente objeto de abusos. Sin embargo, seguimos hablando en los periódicos del crecimiento del abuso sexual contra los niños.

Y es necesario leer el artículo para descubrir que son las niñas las mayores víctimas. Hay también algunos niños objeto de abusos; entonces, ¿por qué no hablar de niñas y niños y proporcionar datos exactos en relación con el abuso sexual?

¿Por qué no hablar de hombres y mujeres, de ciudadanos y ciudadanas? ¿Para qué? Pues para empezar a ver el mundo completo. Solamente para esto. Sí, para mí, el mes de abril es el mes de los niños y de las niñas. Y, si tienen afán, por qué no decir el mes de la infancia. Infancia tiene el mérito de incluir a los dos sexos.

No le estamos pidiendo a Laura Restrepo ni a Coetzee escribir sus novelas con lenguaje incluyente. Claro que no. No se trata tampoco de preguntarse el porqué del género femenino de la palabra mesa o del género masculino de la palabra espejo. Mesa y espejo tienen un género gramatical, mas no un sexo biológico. Un alcalde, un ministro o un senador, no solo tienen un género gramatical, sino que tienen también un sexo biológico, siempre moldeado por la cultura y, les guste o no a las reales academias de las lenguas, necesitamos saberlo.

De quién se trata y reconocer los distintos matices de sus voces porque no es lo mismo un alcalde que una alcaldesa, ni un senador que una senadora. Una lengua debe ser sexuada, como los sujetos y las sujetas que lo hablan. Lo que no se nombra no existe, y en este sentido, el idioma hace parte del arsenal de exclusión de las mujeres.

Y que no me vuelvan a decir que «lo masculino tiene la capacidad de representar los elementos relevantes del uno y del otro género». Y, sí, señores, tienen toda la razón y es exactamente lo que reprochamos al lenguaje: imponer lo masculino como representante de todos lo géneros. Y el proyecto de Ángela Benedetti busca remediar esto y nada más. Lo demás son puros pataleos de machos heridos en su verbo.

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