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| Antonio Astorga
abc.es, España
Jueves, 28 de febrero del 2008

LA «CÁRCEL/A» DE PAPEL

«Educando para la Igualdad» el Partido Socialista está dispuesto, como adelantó ABC el lunes, a «modificar el uso tradicional del masculino para representar a las mujeres en los textos educativos, legales, comunicaciones y publicaciones»


Así, a la «alta burguesía (grandes comerciantes y banqueros)…» habrá que aplicarle el calificativo de «grandes comerciantas y banqueras». Si el PSOE volviera a ganar habrá «maridos» y «maridas». Incluso se atreven a «rectificar» al Diccionario de la Real Academia —obra consensuada por las 22 Academias del español, y Panhispánica por tanto—, y la «gobernanta» dejará de ser la «mujer que en los grandes hoteles tiene a su cargo el servicio de un piso en lo tocante a limpieza de habitaciones, conservación del mobiliario, alfombras y demás enseres» para intercambiar sus papeles con el gobernante, que ya no sólo será «el que gobierna».

Un «puro disparate»

ABC somete a examen esta propuesta socialista. Ante el mejor tribunal, el formado por doctores en Filología de la Real Academia Española. Cuatro pilares de sabiduría lingüística: Gregorio Salvador, Francisco Rodríguez Adrados, Manuel Seco y Valentín García Yebra.

Para Gregorio Salvador, esa propuesta electoral del PSOE de modificar los libros de texto y legales para llevar la igualdad hombre-mujer al lenguaje es un «puro disparate». «Y sobre los puros disparates no se puede decir nada —señala a ABC—. O más bien, permítame decir algo. Uno recurre siempre a aquello que ha aprendido para realizarse en la vida, y una de las máximas la encontré cuando era lector de joven de la revista La Codorniz, en una sección que hacía —si no recuerdo mal— el gran Tono y que se llamaba «El consultorio del Conde de Pepe». Resulta que muchos lectores enviaban sus dudas, y en cierta ocasión una de ellas se refería a lo siguiente: «¿Debe uno discutir con un imbécil?». Y la respuesta de Tono era que eso nunca, porque a la media hora de discutir con un imbécil uno no sabe si el imbécil es uno mismo, si el imbécil es el vecino del quinto o si el imbécil es el imbécil que ha provocado la discusión… En fin, como si de la lengua española pudiera disponer el PSOE. A ver si se enteran: el español no es asunto de Gobierno alguno, sino de 22 países, y de 22 Academias».

A juicio de Valentín García Yebra, con ese proyecto «se puede hacer una cantidad de disparates… Parece que el Gobierno se considera superior en todo, también en el uso lingüístico. Es como si la Real Academia pretendiera gobernar el país», ironiza el sabio.

Manuel Seco, partiendo de lo realmente democrático que es el idioma, señala con conspicuo criterio que «ningún gobierno tiene derecho a imponer determinadas reglas, ni siquiera en los ámbitos dedicados al idioma, como las Universidad o las Academias. Intervenir de esa forma en la libertad de uso del español me parece un abuso». A propósito de la cita del vuelo eterno de la memorable, e inolvidable, revista La Codorniz, Manuel Seco ofrece otra magnífica historia tirando del hilo codornicesco: «Había otra sección que se llamaba «La cárcel de papel», en la que se condenaba a una semana de arresto al escritor o autor que hubiera cometido determinada falta. Siempre con buen sentido del humor, pero el Gobierno no habla con sentido del humor. En conclusión, ningún Gobierno tiene derecho a imponer leyes al uso del idioma».

Tercera de Adrados

Francisco Rodríguez Adrados, que publicará una Tercera esclarecedora al respecto en los próximos días en ABC, clama desde su helenística eterna sabiduría: «Demasiados problemas tenemos ya en nuestra vida para que, encima, tengamos que aprender otra lengua por simple capricho de ínfimas minorías mal informadas. Respeten por lo menos la lengua. Y déjennos vivir».

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