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| Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE)

La Academia Norteamericana de la Lengua Española rinde homenaje a Miguel Hernández

Miguel Hernández nació hace cien años y murió hace sesenta y ocho, pero por la magia de la evocación poética estuvo presente el viernes por la noche en un sentido homenaje que le tributó la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE) en los salones del Centro Español La Nacional, en el corazón de Nueva York.

Con una combinación de estudios críticos, lectura de poemas del autor español y de sus admiradores, apoyados por imágenes documentales evocativas de su vida y obra, la ANLE recordó al autor del Perito en lunas y El rayo que no cesa, fallecido en una cárcel de Alicante a los 31 años.

El director de la ANLE, Gerardo Piña-Rosales, presentó una serie de fotografías que trazaron cronológicamente los momentos más significativos de la vida del poeta, incluso curiosidades como un documento en que Hernández se declara «mecanógrafo» de profesión, y varios dibujos de su mano, poco conocidos.

Tanto Christian Rubio —profesor titular de la Universidad de Louisiana (Monroe) y miembro de la ANLE— como Nuria Morgado —profesora en The College of Staten Island, el Centro de Graduados de CUNY y colaboradora de la ANLE— resaltaron el paralelismo entre la vida y la obra de Hernández. «Puede decirse que la obra de Miguel Hernández es fundamentalmente autobiográfica», afirmó Rubio, mientras Morgado encontró en su poesía un «acorde perfecto de verso y realidad».

Rubio destacó que Hernández fue convirtiéndose paulatinamente «en el poeta del proletariado» que «dio voz a su compasión por los obreros». El profesor dijo que en un llamamiento a la juventud de la época, el poeta «exhortó a los jóvenes a que se unieran a la lucha para evitar que el enemigo se apoderase de España».

Por su parte, la profesora Morgado afirmó que el poeta encontró su fuente de inspiración también en la mujer y «se acercó al sentir femenino de manera solidaria». Su poemario El rayo que no cesa, declaró, revela «su pasión amorosa con connotaciones eróticas y un cierto misticismo» y es «un símbolo de su atormentado amor».

Gerardo Piña-Rosales y Maximina Hernández —presidenta de Theta Alpha, capítulo de la Sociedad Honoraria Hispánica Sigma Delta Pi— leyeron poemas del poeta evocado, como Las manos y la escalofriante Elegía a Ramón Sijé.

Francisco Alvarez-Koki, poeta en español y en gallego, se hizo eco de las preocupaciones de Hernández, a quien calificó de «poeta irrepetible», y dijo que fue «la voz de quienes no tenían voz». Luego, a modo de homenaje, leyó una breve selección de sus propios poemas como Ausencia, dedicado a las Madres de Plaza de Mayo de Argentina; Park Avenue, ambientado en Nueva York; y Lamento por el emigrante explotado.

El director de la ANLE cerró el acto con las siguientes palabras: «La obra poética de Miguel Hernández —truncada por su temprana y trágica muerte— es uno de los ejemplos más iluminadores de la altura a que puede llegar la expresión poética, donde el corazón y la palabra, mutuamente conjurados, conmueven profundamente al lector, revelándole —como la ciega embestida del toro o la furia fulgurante del rayo—, la implacabilidad de la muerte y el misterio ineluctable de nuestro destino».

Entre el numeroso público, estuvieron presentes varios miembros y colaboradores de la ANLE como Jorge I. Covarrubias, Daniel Fernández, Vanessa Lago Barros, María Cornelio, Yini Hernández, María Villegas, Irene Rosario y Rosa Saldaña.

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