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| Agencia Efe

La Academia hará frente al aluvión de neologismos del campo de la automoción

La Real Academia Española y la Asociación Española de Profesionales de Automoción firmaron un acuerdo con el que se pretende dar respuesta a la continua aparición de neologismos en el campo de la automoción e incluir en el Diccionario los que se consideren oportunos.

 

El acuerdo, suscrito por el director de la RAE, Víctor García de la Concha, y por el presidente de la citada asociación, Francisco Aparicio Izquierdo, contempla también la revisión de los términos de este ámbito que ya figuran en las obras de referencia de la Academia.

El campo de la automoción, el transporte y la conducción es uno de los que evolucionan con mayor rapidez y «es extraordinariamente complejo. Tiene una enorme importancia en el plano coloquial», le dice a Efe José Manuel Blecua, secretario de la RAE.

«Ya tuvo una gran influencia en el léxico del siglo de Oro el coche de caballos, que también generó muchas imágenes y metáforas, y eso mismo está pasando con el automóvil actualmente», afirma Blecua.

Tras la firma del convenio, se revisará el vocabulario del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) relacionado con la automoción, para la edición que se prepara para el 2013 y muchas de cuyas novedades se pueden consultar ya en la página web de la Academia (www.rae.es).

Algunos de esos términos o acepciones se han quedado anticuados y habrá que actualizarlos. Por ejemplo, en el DRAE figura quinta marcha como la velocidad más larga en un automóvil y ya hay otras más avanzadas que se incorporarán.

Pero hay palabras «que habrá que dejar» porque son representativas de una época y forman parte de la literatura, como el topolino, ese coche pequeño de forma redondeada, fabricado en Italia a mediados del siglo XX, o el haiga, ese «automóvil grande y ostentoso» que en España «lo llevaban señores que se habían enriquecido con el estraperlo», recuerda Blecua.

O qué decir de la rubia, como se le llamaba al automóvil que tenía parte de la carrocería de madera, y del gasógeno, el aparato que producía carburo de hidrógeno y que servía de carburante.

Pero, como señala Aparicio, el automóvil, «y todas las tecnologías que hay en torno a él, es uno de los campos que más evolucionan» y hay que hacer frente a la constante aparición de neologismos.

«Es una lucha contra el tiempo, y antes de que una palabra se haya generalizado en otros idiomas, normalmente en inglés, hay que encontrar un término equivalente en castellano», afirma Aparicio.

En el Diccionario académico se incluyeron ya términos como airbag o siglas como ABS, pero hay otros muchos que forman parte del vocabulario habitual y que no están en el DRAE, como el control de estabilidad ESP.

«Cualquier anuncio de coche está lleno de términos que no figuran en el Diccionario y habrá que unificar criterios» a la hora de decidir cuáles se incluyen, indica Blecua.

De lo que no hay dudas es de que el Diccionario seguirá mostrando «la diversidad y la riqueza de vocabulario» del español de los diferentes países hispanohablantes.

El camión de México equivale al autobús de España, y una llanta, en América, es sinónimo de neumático. «Nuestro puesta a punto se dice afinar en algunos lugares de América», y el todoterreno es camioneta en muchas partes del continente americano, donde también se dice autopartes para las piezas de recambio», añade Blecua.

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