Noticias del español

| | | | | | | |

| Guillermo Balbona
eldiariomontañes.es, España
Miércoles, 11 de julio del 2007

JUAN JOSÉ MILLÁS: «SI SHAKESPEARE VIVIERA HOY SERÍA GUIONISTA DE LOS SIMPSON»

El narrador y periodista Juan José Millás, que convirtió La Magdalena en un laboratorio sobre el lenguaje, dijo que actualmente entre la escuela y la vida no existe conexión


De su «difícil relación y vínculo con el lenguaje» ha hecho todo un vocabulario, una manera sutil, entre la ironía y la paradoja, para apropiarse del mundo, construirlo y ordenarlo, según los márgenes de esos territorios existenciales donde siempre se ha movido su escritura. En ocasiones, ha subrayado que las palabras tienen una doble vida, «una dentro de ti y otra fuera». Ayer, el escritor y periodista valenciano Juan José Millás volvió a sumergirse en la «adquisición del lenguaje» a través de los recuerdos, detalles y anécdotas desde la problemática infancia, pero también desde la curiosidad, la sorpresa permanente y la extrañeza del adulto.

Un autor consciente de que «el lenguaje es la mayoría de las veces un disparate que tiene sus propias normas». Un narrador que invita a descubrir el mundo estos días en La Magdalena y que nunca abandona en su empeño por desnudar el lenguaje, «un territorio minado y confuso». Para afrontar ese complejo de palabras que ha construido su ligazón con el mundo, trazó en público su particular receta, casi a modo de axioma personal: «se escribe siempre desde el conflicto».

Millás llevó hasta los Martes literarios, en un Paraninfo abarrotado, su vida en el aula durante esta semana y convirtió a alumnos y lectores en una miscelánea cómplice en torno a evocaciones verbales, signos y significados paradójicos porque «estamos obligados a hablar de nosotros mismos en tercera persona como a mirarnos a nosotros mismos a través del espejo». El autor de El desorden de tu nombre, que ha forjado un mundo literario que consiste en «mezclar narración y reflexión» pero con la intención de que este segundo fundamento «no se note», compartió ayer con sus lectores su iniciación en las palabras, como cuando comprobó que tenían «textura, olor y forma y que de la boca de los adultos no salían cosas invisibles, sino significados y sonidos que poseían su propia textura. Palabras con sabor, imposibles de tragar, que dormían, despertaban, gritaban…».

El autor de Visión del ahogado, que siempre ha subrayado que «todos sabemos lo que hacemos con las palabras pero no tenemos ni idea de lo que ellas hacen con nosotros», confesó su fascinación por la gramática, habló de los caprichos del lenguaje y llamó la atención sobre el elevado índice de fracaso en la lengua, dentro de las aulas, «pues ese es también el fracaso de algo que usamos todos los días». Y se preguntó: «si la sociedad da tanta importancia» a otros aspectos menos frecuentes y menos presentes en lo cotidiano, «¿porqué no pasa lo mismo con el lenguaje?».

El mundo de Millás, precisamente el epígrafe con el que nombró una serie de reportajes en los que el escritor valenciano dio rienda suelta a sus particulares fantasmas, se detuvo ayer en lamentar esa distancia que parece insalvable entre la escuela y la vida; en calificar de «error esa mezcla de lengua y literatura en una misma asignatura» y en denunciar lo disparatado de las campañas de lectura.

El autor de La soledad era esto, Premio Nadal, aseguró así que la literatura ha de ser un «cojín para el placer», y consideró un «claro error que un niño de 13 años tenga que leer el Poema del Mío Cid».

El escritor y periodista mostró su preocupación por el fracaso escolar en Gramática, «porque es una materia muy cercana, que usamos todos los días»; y se mostró convencido de que tal situación se genera «porque se enseña mal en los centros». Algo falla en la transmisión de la Lengua, dijo Millás, «porque es una asignatura apasionante y no es tan difícil de explicar, pero hay quien se empeña en complicar tanto la nomenclatura que echa para atrás a los alumnos».

Como ir a Marte

En este sentido, con la ironía que le caracteriza dijo sospechar que «ir a la escuela es como ir a Marte porque que en el presente no hay ninguna conexión entre la escuela y la vida». Millás destacó que «para empezar no hay ordenadores en las aulas, que, dado los tiempos que corren, es como imaginar que no hubiera paredes». A su juicio, el cambio tecnológico «ha ido a tal velocidad que la escuela no se ha podido poner a la altura». El narrador fue más lejos al calificar a los profesores de «antiguallas porque están desfasados de la actualidad. Lo raro —ante este panorama— es que los adolescentes aprueben, porque lo que estudian nada tiene que ver con sus preocupaciones e inquietudes. Si un chaval saca todo sobresalientes yo se lo haría mirar», bromeó.

En su radiografía, Millás insistió en mostrar su sorpresa ante el fracaso de la lengua. «Cualquier frase que usa un niño de cinco años implica una competencia lingüística impresionante».

A ciertas edades, comentó, «el único sentido de leer es el placer, luego uno ya se irá interesando por cuestiones más formales». Desde su experiencia, subrayó que «el hábito de la lectura se adquiere para obtener respuestas que no da el mundo. Uno empieza a leer porque necesita identificarse con una persona que empieza una aventura». En este contexto, criticó las campañas de animación a la lectura impulsadas por las administraciones, «casi todas ellas muy malas, tanto que casi me echaban para atrás en vez de animarme a la lectura». Millás reivindicó el placer de la lectura y opinó que la verdadera y eficaz campaña «hay que hacerla, día a día, en las casas y en las escuelas».

Modelos de conducta

La lectura en la adolescencia, explicó, «propone modelos de conducta que son reversibles, un día puedes ser marinero, otro detective y otro un asesino; los adolescentes buscan siempre modelos en los que identificarse, por vivir una edad caracterizada por la indefinición, y por eso es tan bueno leer en esa etapa de la vida».

Al lenguaje lo calificó de «muy complicado y arbitrario», y definió la escritura como «un modo de reordenar la realidad». El autor, cuya singular obra periodística ha dado lugar a adaptaciones a la escena como El ladrón de columnas, recalcó la necesidad que tenemos todos los días de consumir historias y, en este sentido, se refirió a la profusa existencia de series de televisión que cumplen ese papel destinado a contarnos historias y son elementos narrativos de lo contemporáneo. Por eso —afirmó— que «si Shakespeare viviera ahora sería guionista de Los Simpson».

Millás sostuvo que, al cabo, «cuando una historia está realmente bien contada, se nos está contando el mundo».

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: