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Ana Mendoza

Agencia Efe

Jueves, 6 de mayo del 2011

JUAN GIL FERNÁNDEZ: «EL PASADO NO SE PUEDE ENTENDER SIN SABER LATÍN Y GRIEGO»


Juan Gil Fernández, elegido esta noche académico de la Lengua, es uno de los latinistas españoles más destacados y, en un mundo dominado por internet y las redes sociales, defiende con pasión la necesidad de saber latín y griego «para entender nuestro pasado».


Juan GilLa defensa de las lenguas clásicas, y de las humanidades en general —«es un error manifiesto creer que las humanidades no valen para nada», asegura— es uno de los temas recurrentes de la entrevista que Gil Fernández concede a Efe en su casa de Madrid, en vísperas de convertirse en nuevo académico.

«Ser académico es el sueño de todo filólogo, es la culminación de una vida», asegura Juan Gil (Madrid, 1940), que ha consagrado la suya al latín y ha publicado más de 300 investigaciones sobre esta lengua en la Antigüedad, la Edad Media y el Renacimiento.

Su amplitud de miras lo ha llevado a especializarse, entre otras cuestiones, en el latín de los visigodos y en el de los mozárabes (su Corpus scriptorum Muzarabicorum es obra de referencia entre especialistas); en Los conversos y la Inquisición sevillana, un tema al que ha dedicado ocho volúmenes, y en el lenguaje de Cristóbal Colón, «un personaje fascinante»:

«Colón es un escritor fantástico. Fue un mal gobernante, un mal caudillo, pero, desde el punto de vista intelectual, es fascinante verlo razonar en sus escritos y ver cómo intenta explicar el nuevo mundo», afirma Juan Gil, que ha estudiado «las ideas cosmográficas» del genovés e «incluso sus cuentas».

«Eso de que murió en la pobreza y en la ingratitud de España no es cierto. Colón murió millonario y cobrando el diez por ciento de las Indias, y era un dineral lo que le correspondía», señala Gil Fernández, que ha investigado a fondo estas cuestiones en los archivos de Sevilla, ciudad de cuya universidad es catedrático de Filología Latina desde 1971, y en la que reside habitualmente.

Hermano del helenista Luis Gil —«entre los dos nos repartimos el mundo clásico»—, Juan Gil no sabe aún qué labor le encomendará la Academia, aunque está claro que a esta institución le interesa contar con especialistas en una lengua que tanto ha influido en la española.

«El mundo clásico cuenta ahora en España con mejores especialistas que nunca. El estudio del latín y el griego en los últimos cuarenta años ha tenido una afloración impensable, y yo no sé si la Academia ha querido premiar en mí el esfuerzo en general de todos», comenta este gran latinista.

El latín y el griego han ido perdiendo terreno en los planes españoles de enseñanza, y Juan Gil asegura que, «si el instituto cierra las puertas a las lenguas clásicas, o a las humanidades en general, unas y otras desaparecerán».

«Las humanidades, hoy por hoy, se considera que no valen para nada y eso es un error manifiesto. Únicamente se va al corto plazo, a lo que tiene interés o se puede vender inmediatamente», se lamenta.

Sin embargo, Estados Unidos, «sin haber tenido un pasado como el nuestro, está a la cabeza de los estudios clásicos. Allí están los mejores latinistas y helenistas», comenta.

Y es que, para entender el pasado español —«en cualquier ruina nos salen nuestros antecedentes romanos»— y la literatura de los siglos XVI y XVII, hace falta tener «una cierta base de latín y de griego».

«El Quijote está lleno de reminiscencias clásicas, y lo mismo pasa con Lope de Vega y Calderón, y, por supuesto, con Góngora, que sin latín y griego no se entiende», dice Juan Gil, quien también recuerda que en esos siglos «una parte de los libros españoles estaba escrita en latín», como los de los cronistas.

«Era la única manera de que el mundo culto de entonces se enterara de lo que estaban escribiendo. La dimensión europea se pierde al escribir en una lengua que únicamente la conocen los súbditos del rey», añade.

En la Academia, Juan Gil cubrirá la vacante de Miguel Delibes, un escritor al que admira profundamente. Le gusta su «precisión en el lenguaje» y, también, «la ternura con la que trata a los niños en sus novelas, una faceta que se da en pocos escritores».

«Y a mí, que soy abuelo, me gusta mucho esa faceta de Delibes», dice Juan Gil, que tiene tres nietos y no duda en afirmar que «ser abuelo es lo mejor del mundo, mejor incluso que ser académico porque es el único gozo que no produce envidia a nadie».

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