Noticias del español

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| Jesús Hernández
La Opinión-El Correo de Zamora, Zamora (España)
Miércoles, 4 de octubre del 2006

JOSÉ MORENO DE ALBA, DIRECTOR DE LA ACADEMIA MEXICANA DE LA LENGUA: «LA LENGUA ESPAÑOLA TIENDE MÁS A LA UNIDAD QUE A LA DIVERSIDAD

José G. Moreno de Alba es especialista en español de América y dialectología —ha publicado varios estudios sobre esas cuestiones— y doctor en Letras. El director de la Academia Mexicana de la Lengua —desde marzo de 2003— asistió en Zamora a la quinta reunión de la Comisión Interacadémica, que prepara la nueva edición de la Gramática de la Lengua Española, proyecto de gran importancia cultural. En la conversación, el lingüista analiza la situación del idioma en Hispanoamérica y el vivo recuerdo de León Felipe en aquellas tierras.


Sin unas normas estrictas y definidas, ¿existe el peligro de disgregación del español…en Hispanoamérica?

– Yo creo que, en general, todas las lenguas corren un riesgo de fragmentación. Pero si se comparan, porque no puede ser de otra manera, las tendencias de las lenguas —como el inglés o el francés—, considero que la española propende más a la unidad que a la disgregación. Desde el momento en que se ha aceptado siempre la autoridad de las Academias, sobre todo de la Española, para las normas ortográficas, constituye un excelente punto de partida para la unidad de la lengua. Si no se comienza con la ortografía, no se podrá trabajar ni en la morfología ni en la sintaxis… La lengua española tiende más a la unidad que a la diversidad.

Siempre hay peligros. ¿Cuál es, hoy, el mayor peligro que acecha al idioma español en aquel continente?

– Por lo menos, entre los peligros que yo veo —y que ya percibía hace años, con Dámaso Alonso—, es el lenguaje técnico. Yo creo que las culturas hispánicas nunca se han caracterizado por estar cerca de las innovaciones tecnológicas y científicas. Sí estamos en la punta de las actividades humanísticas: literatura, filosofía… Por lo tanto, adquirimos la tecnología de países extranjeros. Y, habitualmente, esa tecnología viene con sus propios nombres. Hay un riesgo de fragmentación si no se toman medidas de adopción común del extranjerismo. Yo no creo que el riesgo sea el extranjerismo en sí, sino la diversidad de neologismos en las diversas regiones de habla española. Eso es peligroso.

Hay unidad y existen diferencias parciales. ¿Eso es enriquecimiento del sistema?

– Eso es bueno. Pretender la eliminación de diferencias fonéticas o léxicas es absurdo. Eso sería empobrecer la lengua, su vocabulario, su pronunciación. Digo que tiende a la unidad, y me refiero a las grandes estructuras —la fonológica y la gramatical, en términos generales—, que son el esqueleto. No obstante, se respetan, se conservan, se favorecen las diferencias locales, que no solamente dan una especie de colorido folclórico. No sólo es eso. Se trata, sobre todo, de la riqueza de expresiones, y no impide la comunicación.

Español de los EE. UU. ¿Qué clase de español es?

– Es un dialecto muy complejo. O muchos dialectos. Y, además, con muchas peculiaridades internas. Se trata de un español no muy tradicional, en cuanto se ha demostrado que no hay una lealtad lingüística, por lo menos en la mayor parte de los grupos hispanohablantes. Esto es, el padre llega allí hablando sólo español, el hijo conocerá un poco de la lengua paterna pero hablará inglés y el nieto hablará sólo inglés. Si se cerrara esa llave de la inmigración, sobre todo la ilegal, es muy probable que disminuyera radicalmente la vitalidad del español en EE. UU. Depende de esta inmigración permanente, constante… Pero también se han establecido dialectos, tanto horizontales como verticales, muy diferentes, que suelen meterse todos en un mismo saco. Eso es un inconveniente. El español de Florida es diferente al de California, Chicago, Tejas o Nueva York. Porque tienen distintas bases de inmigración. El mexicano, el puertorriqueño y el cubano marcan distintas zonas. Y el carácter rural, popular, también ha cambiado mucho. Y se transforma en los distintos grupos. Simplificar las cosas inconvenientemente es decir que el «spanglish» domina. Me parece que sólo es un subdialecto de alguno de los numerosos dialectos que se hablan en Norteamérica y no caracteriza de ninguna manera a la población hispanohablante. Es un grupo limitado. No va a más. Ni siquiera debe considerarse como un subdialecto importante. Son cosas inventadas.

Sor Juana Inés de la Cruz, tan grande. ¿Más admirada que leída?

– Yo creo que, poco a poco, es más leída. Se habla mucho de ella, se organizan simposios, encuentros, congresos. La ventaja de que se hable de una escritora, en este caso tan importante, es que no faltarán mejicanos y extranjeros que decidirán leerla. «Voy a leer a esta señora de la que tanto se habla». Por las publicaciones de sus obras, veo que es más leída. Y ojalá que vaya en aumento. Es una escritora enorme, importantísima.

¿El Colegio de México: santo y seña de la gran cultura de aquel país?

– Es un lugar elitista. Mi casa es la Universidad Autónoma, pero siempre he estado, de alguna manera, vinculado al Colegio de México. Fui miembro de su Junta de Gobierno. Ahora, de su Patronato. He enseñado allí. Y en ese lugar hice el Atlas Lingüístico de México. Tengo una enorme estimación y respeto por él. Y, sobre todo, por esa fidelidad a una vocación humanística. Actualmente, es muy fácil caer en la tentación de fortalecer áreas no humanísticas, que pueden tener mayor apoyo económico. El centro tiene departamentos de estudios económicos, financieros, internacionales. Pero jamás ha cedido en la importancia que concede, sobre todo, a la lengua, a la literatura y a la historia. Esto hace del Colegio un lugar muy respetado. Y la calidad de sus investigadores va pareja con la calidad de sus publicaciones.

¿No somos muy generosos, aquí y en México, cuando llamamos intelectuales a algunos escritores?

– En México, no sé si sucede lo mismo en España, tiene una marca semántica de compromiso. Un intelectual no es sólo el que se dedica al trabajo de la inteligencia. También está comprometido con algunas causas. En ese sentido, la palabra intelectual no se corresponde con la palabra erudito. Y, a veces, se produce una confusión con esos términos. Yo creo que deberíamos liberar a la palabra intelectual del compromiso político.

¿El recuerdo de León Felipe está vivo en México?

– Muy vivo, muy vivo. León Felipe es un poeta muy estimado en México. Yo creo que es mejor conocido allí que en España. El fervor con que se lee su obra en México hace que ahora comience a ser leído y estimado en España. Mis profesores, que eran hijos de refugiados políticos españoles, nos enseñaban a leer a estos grandes poetas.

¿Cuál es el escritor español contemporáneo más estimado allá?

– Juan Goytisolo, probablemente. Y ahora no sabemos si él o Vargas Llosa, que comparte su corazón entre Perú y España.

¿La «Davincimanía» también llegó a México?

– Sí, sí. Los bestseller son universales.

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