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| Agencia Efe

José Manuel Blecua dedica su discurso de ingreso en la RAE al primer Diccionario de la Academia

El filólogo José Manuel Blecua trató hoy de «arrojar un poco de luz» sobre los principios que inspiraron una de las mayores aventuras lingüísticas del siglo XVIII, la del Diccionario de Autoridades, «una gigantesca empresa» que demuestra la sólida formación humanística que poseían los primeros académicos.desentrañar algunos aspectos de ese primer diccionario, publicado en seis volúmenes entre 1726 y 1739, dedicó Blecua su discurso de ingreso en la Real Academia Española, que leyó en el salón de actos de la RAE en una ceremonia presidida por la ministra de Educación, Mercedes Cabrera.

Fue una intervención amena y didáctica, en la que Blecua (Zaragoza, 1939), catedrático de Lengua Española en la Universidad Autónoma de Barcelona, mezcló anécdotas y reflexiones teóricas y contó, en clave casi de novela policiaca, las peripecias que sufrió el primer prólogo de la obra.

Aunque Blecua, gran experto en Fonética y Fonología, hace tiempo que colabora con la Academia como responsable de los capítulos dedicados a estas materias en la nueva Gramática que prepara la corporación, fue el domingo día 25 cuando se produjo su incorporación oficial a la RAE, tres años después de ser elegido académico para ocupar la vacante de Emilio Lorenzo.

El nuevo académico, cuya candidatura fue respaldada en su día por Martín de Riquer, uno de sus maestros, y por Ignacio Bosque y Luis Mateo Díez, siguió la tradición y dedicó palabras de elogio a Emilio Lorenzo, un hombre que supo unir su «conocimiento solidísimo de la Germanística con una visión agudísima de los procesos y tensiones del español contemporáneo».

Lorenzo, catedrático de Lingüística inglesa y alemana en la Universidad Complutense, publicó libros como Español de hoy, lengua en ebullición, y Anglicismos hispánicos que sirvieron para abrir un mundo de posibilidades a los filólogos de generaciones posteriores, según destacó Blecua, quien también subrayó la faceta de gran traductor de su antecesor en el sillón «h», que acercó hasta los hispanohablantes las Obras selectas de Swift, Beowulf o el Cantar de los Nibelungos.

Al entrar de lleno en los Principios del Diccionario de Autoridades, título del discurso, Blecua se detuvo en el hermoso grabado de Palomino que hay al comienzo de la obra, en el que aparecen representados el dios Mercurio, símbolo fundamental de la Elocuencia; las figuras de la Gramática, la Poesía y la Retórica, y el crisol con el famoso «limpia, fixa y da esplendor» que impulsó los trabajos de la Academia durante siglos.

Varios símbolos de ese grabado muestran cómo los académicos supieron «unir la mejor tradición con las tendencias más innovadoras, armonía que ha llegado hasta los planteamientos actuales», dijo Blecua, quien aportó un dato curioso: la Academia pagó 160 reales de vellón por las 1.600 estampas que se tiraron con la lámina de Palomino. Corría el año 1726.

El primer diccionario de la RAE se llamó de autoridades porque los académicos utilizaban citas de autores para iluminar los problemas del léxico, y también porque, por influencia del género judicial, «examinaban los elementos lingüísticos como en un juicio» y esas citas les servían de pruebas, aspecto este último en el que también se detuvo Blecua, presidente durante el 2005 de la Comisión del IV centenario de la publicación del Quijote.

La hermosa portada bicolor de la edición de 1726, esa en la que, según se dice en ella, «se explica el verdadero sentido de las voces, su naturaleza y calidad, con la phrases o modos de hablar, los proverbios o refranes…», fue otro de los aspectos que analizó Blecua antes de adentrarse en el prólogo del diccionario y su historia.

Las páginas del prólogo y de los Discursos Proemiales «son un auténtico tesoro para conocer los problemas teóricos y prácticos que se plantearon los académicos al hacer el diccionario», señaló Blecua, experto en la aplicación de las nuevas tecnologías al estudio de la lengua.

El prólogo «tuvo una curiosa historia, ya que existen al menos dos tipos de ejemplares de la primera edición del Diccionario de Autoridades. Hubo una primera versión, de 22 puntos, que no se titulaba Prólogo, sino que se dirigía llanamente ‘A los lectores’, y una segunda en la que se añadieron dos puntos que luego han sido comentadísimos por los especialistas: los de dialectalismos y léxico de la Germanía».

Averiguar en qué lugar del mundo se guardaba algún ejemplar con aquella primera versión del prólogo ha sido un verdadero quebradero de cabeza para José Manuel Blecua quien, tras arduas investigaciones, llegó a la conclusión de que ese raro ejemplar está depositado en la Biblioteca Apostólica Vaticana y es un material «importantísimo para la historia de la lexicografía española».

Al decidir modificar el prólogo, los académicos demostraron la importancia que se le daba ya a los dialectalismos, subrayó Blecua antes de analizar el contenido de ese texto inicial, en el que, como luego destacaría José Antonio Pascual en sus palabras de bienvenida, virtudes como «la elegancia y la pureza» o «la propiedad» no fueron «flores de un día para adornar los preliminares del diccionario, sino principios sólidos» de la corporación.

Las autoridades que alumbraron con su sabiduría aquel primer diccionario están representadas en el exterior del edificio que, desde finales del XIX, acoge la Academia, y al que Blecua dedicó hoy la última parte de su discurso, 52 años después de que entrara por primera vez en el salón de actos de la RAE para escuchar el del que luego sería su maestro: Rafael Lapesa.

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