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| Agencia Efe

JOSÉ ANTONIO PASCUAL: «EL DICCIONARIO DE LA ACADEMIA DEBE SERVIR PARA COMUNICARSE»

El académico José Antonio Pascual cree que el Diccionario de la Real Academia Española «debe servir para comunicarse» y no tiene por qué seguir conservando todas las palabras procedentes de textos literarios antiguos, ya que esta labor corresponderá al futuro Diccionario histórico.

«A medida que vayamos teniendo hecho el Histórico, y se puedan leer los textos del Siglo de Oro sin tener que utilizar el DRAE, este diccionario se dedicará más a la actualidad», afirma, en declaraciones a Efe, Pascual, director de ese gran proyecto académico que reflejará la historia de las palabras del idioma español y que aún tardará unos quince años en ser realidad.

El filólogo salmantino recuerda que en la primera edición del Diccionario, la de 1726, «se metió todo» porque los académicos de aquella época actuaban con «criterios políticamente razonables», e incluían cualquier término que figurase en un texto literario.

«Pero hay que limpiar el Diccionario», asegura Pascual, para poner a continuación el ejemplo de la palabra piujar, una de las que está propuesta para ser suprimida en la próxima edición del DRAE, la XXIII, que se publicará hacia el 2010.

Piujar equivale a pegujal, que viene del latín peculiaris y significa esa ‘pequeña porción de terreno que el dueño de una finca agrícola cede al guarda o al encargado para que la cultive por su cuenta como parte de su remuneración anual’.

Pero piujar ya no se usa, y será en el Histórico donde se explicará cómo evolucionó ese término, y donde también se dirá por qué en su día figuró en el Diccionario académico retrónica, forma vulgar de retórica y otra de las voces que no estará ya en la próxima edición del DRAE.

El Diccionario conserva todavía la forma lanteja, aunque remite a lenteja, la palabra que acabó imponiéndose por criterios etimológicos. Un caso parecido es el de los términos lagaña y legaña.

Tampoco tiene sentido que el DRAE conserve voces como cader (caer), o fallazgo (hallazgo), y por eso se suprimieron de la XXII edición, añade Pascual, coautor del Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico, junto con Corominas.

Pero a veces «puede haber disparates que han triunfado y que no se pueden quitar, porque han tomado vida», dice el académico, a quien le gusta citar el ejemplo de avilantez (audacia, insolencia), un término que, según Pascual, es un catalanismo que procede de avinentesa (conveniencia).

En algún texto antiguo, el lexicógrafo «interpretó por error la palabra como altanería». Avilantez fue utilizado por «gente culta», entre ella por Ortega y Gasset y Lázaro Carreter, y seguirá conservando su lugar en el Diccionario.

De momento, dice Pacual, «no tendría sentido quitar del Diccionario palabras que nos permiten leer a Lope de Vega o a Galdós, pero cuando aparezca el Histórico y se diga que Galdós utilizaba ‘transparentes’ para referirse a los visillos», ese otro término «se suprimirá del DRAE».

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