Noticias del español

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| Jorge Paredes Laos
elcomercio.com.pe, Perú
Lunes, 28 de julio del 2008

JERGAS Y JUERGAS

HABLA, JUGADOR, UN LIBRO QUE DESNUDA EL HABLA DEL PERUANO ACTUAL


GAJES Y OFICIOS DE LA JERGA PERUANA. ES UNA RADIOGRAFÍA A COLORES DEL HABLA PERUANA, DESDE EL BACÁN DEL RIOBA HASTA LA GENTITA FASHION DE LAS TIENDAS DE ROPA. ALUCINA.


Usos y abusos de nombres, lugares y referentes. Creación. Transformación. Metamorfosis. Síntesis. Humor. Interacciones y préstamos con otras lenguas y culturas. Todas estas palabras se ajustan al fenómeno de la jerga hoy, un tiempo signado por la tecnología, las culturas juveniles, lo simultáneo, la rapidez de la moda y el consumo de todo tipo de sustancias, ¿captas? Julio Hevia se ha convertido en todos estos años en una especie de registrador de los cambios operados en el habla nacional. Es psicólogo, psicoanalista y comunicador, pero prefiere decir que no es teórico sino meteórico, un master en el habla, cada vez más minimalista, del limeño promedio. Y Habla, jugador, título de su último libro, es una forma de saludo muy en boga, que no invita a la conversación, sino que reclama a gritos la charla cómplice. Un sociolecto producto de la cultura combi, que arrasó desde los noventa con el lenguaje de todos. Y también —como apunta el autor— es una exhortación que nos remite al fútbol y a las drogas. «Con este jugador nos ha tocado jugarla, pasarla, tocarla.»

Jugador y jugadora en este caso son «militantes de actividades vedadas o extremas» (p. 52), que casi siempre tienen que ver con el encuentro sexual furtivo. Y existen variantes de este saludo: el radical Habla, piraña; o el solidario Habla, barrio; o el Habla, ¿vas?, del cobrador de microbús, cuyos antecedentes podrían ser —recuerda Hevia— el setentero ¿Cuál es la voz? o el ochentero ¿Cómo es? Emblemas, todos ellos, que llevan a la conversa y la complicidad.

JERGAS DE HOY

La mayoría de jergas proviene de los predios del fútbol, del consumo de drogas, de la comida, de la cultura del ocio y de la movida nocturna, en un rebote que va de la cancha a la mesa, y del día a la noche.

«No sé desde cuando arrancó la variación de la que te voy a hablar y en la que en gran medida se apoya este libro —reflexiona el autor—, pero quizás hace un par de décadas los especialistas del lenguaje hubieran asegurado que la jerga era sinónima del argot penitenciario y estaba muy ligada a la replana. Estaba negativizada por su origen oscuro y marginal. Sin embargo, admitían que con el correr del tiempo y los usos, algunas de estas palabras emergían y eran utilizadas por las elites cultas, de modo lúdico, como un toque de gracia verbal. Pero en los últimos tiempos se ha producido un viraje total, y hoy notamos que la múltiple producción de jergas se realiza en cualquier circuito de la sociedad, con flujos e intercambios continuos, que nos hacen pensar más en códigos, metalenguajes y sociolectos. Si la jerga tiene hoy un perfil postmoderno es en gran medida porque aparece en cualquier lado de la pirámide social».

Y cada vez más su producción se distancia de la forma tradicional —palabras dichas al revés, metáforas o juegos lingüísticos—, sino es más bien un mix que alude a múltiples referentes culturales. «Hoy cada jerga viene con su attachment», dice Hevia. Un ejemplo, es el escuchado Ya fuiste(s) para descalificar a alguien, una frase que sintetiza el culto por lo actual y lo transitorio, y el horror que despierta el ser parte del pasado. Hevia destaca jergas como madrugar, atrasar y poner; falso, trampa y bamba, como señales de esta cultura peruana que surge clandestinamente, trastocando leyes y valores.

Si antes el peruano era adicto al floro, ahora es más aficionado a las computadoras, al webcam y al lenguaje del chat. «El floro —dice Hevia— es bienvenido y repudiado de acuerdo al contexto y la situación. Está generalmente asociado con lo inútil y con el regodeo. La gente, en cambio, prefiere lo más funcional, demanda figuras precisas, y en ese sentido la jerga quizás sea una gran conexión de máximas, de aforismos, de lugares proverbiales, que tienen que entenderse de un solo modo cada vez. Ahí hay una figura de condensación, de acoplamiento, un acuerdo simultáneo y tácito entre el que emite y el que recibe».

Otro elemento que ha transformado la jerga en un lenguaje aceptado y expandido es que la marginalidad se ha vuelto casi un valor, y existe una recuperación de la estética de lo feo. «Es la reivindicación del reggaeton y del rap, de la gesticulación que masculiniza todo lo afeminado que podía haber en el modo de hablar burgués. Ahora al habla hay que incorporarle dosis adecuadas de juventud, de lumpenización, de ludismo, y crear una suerte de combo comunicativo». Cada vez más el lenguaje callejero exige una suerte de coreografía, de gestos que vayan a tono con las palabras y las situaciones que se describen.

«Para usar un verbo de moda», continúa Hevia, «la jerga terceriza las palabras, en una mutación de términos, donde ninguno desaparece totalmente. Se trata de cortar y pegar. Por ejemplo, cuando en la combi se dice planchado al carro que tiene los asientos ocupados, se está recuperando a la mujer que planchaba (nadie la sacaba a bailar) en las fiestas de los años 60. Y cuando se dice que hay pampa, refiriéndose al espacio libre que tiene el conductor para recoger pasajeros, se recupera a la pampa de antaño, que es la jugadora de hoy, a la que puedes pasar por encima. Si algún aporte le alcanzo al lector es hacerle ver estas orillas transversales».

Una palabra como alucina, que en los años setenta estaba vinculada al consumo de sustancias como el LSD o el sampedro, ha sido recuperada dos generaciones después, pero con un significado distinto: ya no alude a las drogas, sino termina siendo chequea, recuerda, fantasea, imagina, constata, certifica.

ELLAS DE JERGA

Lo fashion, el cuerazo y lo bravazo, pueden ser jergas identificadas con el género femenino. Una mujer cada vez más independiente, «masculina» para algunos, (achorada, dice Hevia), que ha incorporado a su lenguaje palabras (wona, cojuda, para referirse a una amiga), que solo un par de décadas atrás hubieran sido motivo de escándalo.

Para decirlo en palabras sencillas «la jerga es —opina el autor— un intercambio de figuritas. Hay algunas que nadie tiene y todos las quieren, esas son las jergas que se utilizan más; en cambio, hay otras que siempre salen repetidas, que se desgastan, esas caen en desuso».

A fin de cuentas, la jerga es una forma de lenguaje, y como tal se reinventa cada día. Por eso siempre hay que tener el background necesario para no andar más perdido que Hannibal Lecter en Madre Natura.

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