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| David Crystal (OpenMind.com)

Internet y los cambios en el lenguaje

Por supuesto es demasiado pronto para saber cuál será el efecto permanente de internet en nuestras vidas. La comunicación por medios electrónicos (CME) lleva usándose de manera rutinaria desde hace solo alrededor de 20 años, lo que en la historia del lenguaje equivale a un parpadeo.

Hace falta tiempo, mucho, para que surja un cambio, para que los individuos se acostumbren a la novedad y para que llegue el momento en que su uso se extienda hasta tal punto que se convierta en un rasgo permanente del lenguaje, recogido en diccionarios, gramáticas y manuales de estilo. Ya hay algunos indicios de que algo semejante va a ocurrir, pero todo lo que se diga ha de ser tentativo.

La dificultad de generalizar

Todas las generalizaciones sobre la CME son por fuerza provisionales debido a la naturaleza misma del medio. Su tamaño, para empezar, lo hace difícil de gestionar. Nunca ha habido un corpus lingüístico tan grande como este, que contiene más lenguaje escrito que todas las bibliotecas del mundo juntas. Luego está su diversidad, que desafía las generalizaciones lingüísticas. La gama estilística de la CME incluye la vasta producción de correos electrónicos, salas de chat, la red, mundos virtuales, blogs, mensajería instantánea, mensajes de texto y Twitter, así como la creciente cantidad de comunicación lingüística que se encuentra en foros de redes sociales como Facebook, donde cada aportación presenta sus perspectivas, propiedades, estrategias y expectativas comunicativas particulares.

La velocidad a la que se produce el cambio hace difícil seguirle el ritmo. ¿Cómo podemos generalizar, por ejemplo, sobre el lenguaje estilístico de los correos electrónicos? Cuando el email se convirtió en el medio de comunicación prevalente, mediada la década de 1990, la edad media de los que lo empleaban era de veintitantos años y desde entonces no ha dejado de aumentar. Por tomar un año al azar, en Reino Unido la media subió de 35,7 a 37,9 entre octubre de 2006 y octubre de 2007 (Nielsen, 2008). Esto quiere decir que muchos usuarios de correo electrónico, por ejemplo, son en la actualidad ciudadanos de edad avanzada. Como consecuencia, el estilo originario, coloquial y radical de los correos electrónicos (con su ortografía, puntuación y uso de mayúsculas alternativos) se ha visto complementado por uno más conservador y formal, a medida que personas mayores introducen en él normas derivadas del lenguaje estándar. De manera similar, la edad media de un usuario de Facebook ha aumentado de forma drástica en la última década, pasando de un perfil predominantemente joven a una edad intermedia, que en 2012 era de 40,5 años (Pingdom, 2013).

Pero no es solo cuestión de edad. El propósito práctico de una comunicación por medios electrónicos puede cambiar, en ocasiones, de la noche a la mañana. Un buen ejemplo de ello es Twitter, que cuando llegó en 2006 usaba la pregunta «¿Qué estás haciendo?». El resultado era una serie de tuits de carácter introspectivo, que usaban numerosos pronombres en primera persona y verbos en presente. Luego, en noviembre de 2009, Twitter cambió la pregunta a «¿Qué está pasando?», lo que hizo los tuits más extravertidos, con numerosos pronombres en tercera persona y mayor variedad de formas verbales. El resultado fue un cambio en el propósito y el carácter lingüístico de Twitter, que empezó a parecerse más a una agencia de noticias y a atraer más contenidos publicitarios.

La CME como lenguaje oral o escrito

La CME es, por el momento, un medio predominantemente escrito. Pero no siempre será así. La función voz está creciendo rápidamente en internet y ya es posible participar en muchos tipos de interacciones sin que los dedos toquen en ningún momento el teclado, usando programas de reconocimiento de voz. La técnica dista mucho de ser perfecta; los sistemas tienen continuos problemas con los acentos regionales, la velocidad de habla, el ruido de fondo y la interpretación de nombres propios. Pero se irán solucionando con el tiempo.

Hay quien afirma que en 50 años los teclados serán redundantes, pero esto es poco probable porque el lenguaje hablado y escrito cumplen funciones muy distintas y complementarias. La comunicación por medios electrónicos se apoya en características que proceden de ambos lados del binomio habla/escritura.

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