Noticias del español

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| Luz Nereida
claridadpuertorico.com, Puerto Rico
Viernes, 26 de enero del 2007

INQUIETUDES LINGÜÍSTICAS

No hay mejor fuente de temas para este espacio que los mensajes electrónicos, cartas o llamadas de sus lectores y lectoras. Nos escribe en estos días quien, además de con su nombre, se identifica como su asiduo lector octogenario.


Se trata, según también lo consigna, de un enamorado de nuestro idioma residente por muchos años en los Estados Unidos, quien nos consulta sobre el uso de la palabra discrimen. Indica que sólo la ha oído y leído en Puerto Rico y añade que no ha logrado hallar nada que le explique por qué es de uso únicamente en nuestro país y no en el resto de los países de habla hispana.

Comenzamos por afirmar que la edición actual (2001) del Diccionario de la Real Academia Española acoge en la página 833 —edición de dos tomos— las voces discrimen, discriminación, discriminador/discriminadora, discriminar y discriminatorio/discriminatoria. El verbo discriminar —del latín discriminare— es definido como 'seleccionar excluyendo' y como 'dar trato de inferioridad a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos,' etc. En cuanto al sustantivo femenino discriminación —del latín discriminatio—, se nos indica que es la 'acción y efecto de discriminar' para seguidamente aludir a la discriminación positiva, frase definida como 'protección de carácter extraordinario que se da a un grupo históricamente discriminado, especialmente por razón de sexo, raza, lengua o religión, para lograr su plena integración social'.

En cuanto a la consultada voz discrimen, indica la fuente citada que proviene del latín discrimen y nos ofrecen tres acepciones. La primera es sinónimo de discriminación y se nos envía a esta última para recibir su significado, lo cual sugiere —según se explica en las advertencias para el uso del diccionario que anteceden a la obra— que la Real Academia Española favorece el uso de discriminación. Luego de esta primera definición se listan como lugares que patrocinan el uso de la voz discrimen a América Central, Colombia, Ecuador y Perú. No se alude en particular a Puerto Rico, aunque concurrimos con el lector que nos escribe en cuanto a que es vocablo de uso frecuente en nuestra tierra boricua. La segunda y tercera acepciones están antecedidas por la abreviatura desus., que significa desusado o en desuso. En ellas se alude al empleo del vocablo discrimen como 'riesgo o peligro inmediato o contingente' y como 'diferencia, diversidad'. De cuyo desuso, por los menos hasta donde llegan nuestros conocimientos, damos fe.

Y hablando de palabras de uso frecuente, entre otras personas, por parte de los letrados, nos preguntamos ¿qué se quiere decir en Derecho cuando nos hablan de la «progenie de un caso»? Si la lectora o el lector común va a un diccionario de lengua española para saber qué es eso de la progenie de Santiago v. Ortega, pensará que nos hablan de los hijos que engendraron Santiago y Ortega en común, o de los hijos de Santiago y de los de Ortega. El sustantivo progenie nos llega del latín progenies y se codifica de dos maneras en el Diccionario: 'casta de que alguien procede' y 'descendencia o conjunto de hijos de alguien'. Por eso el progenitor o progenitora es el 'pariente en línea recta ascendente de una persona' y el 'padre o la madre'. Por tanto, no nos referíamos al caso Santiago v. García y su progenie, sino a Santiago v. Ortega y la jurisprudencia que lo ratifica, afirma o confirma. O tal vez nos referíamos a la secuela del caso ('consecuencia o resulta de algo', donde resulta se entiende como, entre otros significados, 'en una deliberación o conferencia, aquello que se resuelve últimamente').

Ya usted sabe… En este país con complejo de chiquitito, las palabras grandes nos impulsan y nos trepan. Cabalgamos en ellas como el Mio Cid en Babieca o Quijote en Rocinante, no empece a que puede que el caballero esté muerto —como en el primero de los casos— o que el caballo resulte ser un chongo maltrecho —como en el segundo—. Por estos lares, a los disparates se les rinde culto, se les aplaude a rabiar y se les venera. Es como la fábula del sendero de la cabra: la cabra comió, dejó un camino marcado y todo el mundo siguió irreflexivamente el sendero de la cabra cuando realmente había maneras más sensatas, sencillas y certeras para llegar al otro lado. Con recordar que no escribimos para impresionar, sino para expresar y que escribimos para ser leídos, se resuelven prácticamente todos los problemas de la redacción en el ámbito laboral.

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