Noticias del español

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| María Elvira Samper
Arte y Cultura, Vida de hoy
eltiempo.com, Colombia
Martes, 27 de marzo del 2007

IDIOMA RICO, FUTURO POBRE

Bill Gates,el fundador de Microsoft, el imperio más grande del mundo informático, vino y habló en la asamblea general de la SIP en Cartagena y allí les entregó el futuro a los adolescentes que han crecido en la era de Internet. El futuro siempre ha sido el de los más jóvenes y por eso también alguna vez fue el nuestro. El problema es el tamaño de la brecha, casi más grande entre nosotros y nuestros hijos que la que hubo entre los monjes de la Edad Media y los científicos del Renacimiento.


Palabras más, palabras menos, Gates nos decretó la muerte virtual a quienes nos acercamos al sexto piso y aprendimos a leer y escribir haciendo planas —«El ala del ave», «Mi mamá me mima»—, los mismos que tuvimos profesores que le daban importancia a la gramática y a la ortografía, al correcto uso del idioma. Los que jugábamos con muñecas y carritos y no con Play Station, los que teníamos más destrezas verbales que digitales, los que nos dormíamos arrullados por cuentos y no por la televisión, los que empezamos a acercarnos a la literatura con los libros de la colección Cadete, los mismos que asistimos asombrados a la llegada de la televisión en blanco y negro y a quienes nos embisten el iPod y el Blackberry.

Las palabras de Gates, que podrían considerarse una amenaza de lo virtual sobre lo real, se oyeron en la misma ciudad donde esta semana se lleva a cabo el IV Congreso Internacional de la Lengua Española, un idioma que hablan cerca de 500 millones de personas en el mundo y que, no obstante su riqueza, sus hablantes han ido empobreciendo. Según dicen los que saben, si hace 30 años el lenguaje coloquial empleaba 1.500 palabras de las más de 75.000 que aparecían entonces en el diccionario, hoy usamos menos de 1.000, con el agravante de que el número de voces registradas en el Diccionario de la Real Academia actualizado en el 2001 supera las 87.000.

Para esa actualización, la Real Academia Española y las 21 academias asociadas acudieron por primera vez al banco de datos del español —con más de 270 millones de registros léxicos— e incorporaron más de 10.000 artículos nuevos, más de 24.000 acepciones y más de 3.000 locuciones, frases y expresiones.

Esa es la paradoja. Que un idioma tan dinámico y tan rico, el que le ha servido de lona a García Márquez para darse trompadas con las palabras y construir las más bellas historias, el idioma de Cervantes y Neruda, de Borges y De Greiff, de Fuentes y de Rulfo, de Cortázar, Vargas Llosa y Vila-Matas; el de Ortega, Reyes y Mariátegui, Goytisolo y Savater; el mismo de Gardel, Sabina, Juanes y Shakira; el de Almodóvar, Amenábar y Cuarón; el cuarto idioma en el mundo, ese que busca ser reconocido como segunda lengua oficial en Estados Unidos donde lo hablan casi 40 millones de personas, es un idioma pauperizado.

Y lo es por muchas y variadas razones. Porque despreciamos el buen uso del idioma, porque muy pocos leen y son muchos menos los que leen literatura que es una cantera infinita de recursos, porque se ha descuidado la enseñanza del idioma, porque los periodistas, que de alguna manera tenemos un efecto multiplicador, hablamos mal y escribimos peor, porque en detrimento de nuestras propias palabras preferimos extranjerismos que nos dan más caché… En fin, hay 1.000 razones más.

Esa es la paradoja. Que si bien el español se ha extendido en términos numéricos, que si bien hay una industria editorial y cinematográfica en crecimiento, e Internet ha democratizado la comunicación y el acceso a la información, la oferta digital en nuestro idioma apenas representa el 4 % de las páginas de la red. En el mundo digital, el español es avasallado por el imperio del inglés. La guerra del idioma es desigual en el ciberespacio. Grave cosa si, como sentenció Gates y antes de él Nicolás Negroponte, el gurú de las comunicaciones de MIT, el futuro es digital.

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