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| María del Rosario Molina
prensalibre.com, Guatemala
Miércoles, 13 de diciembre del 2006

HORRORES IDIOMÁTICOS Y ALGO MÁS: ¿CUÁNDO?

Hace poco oí decir a un locutor: «Las perras callejeras y los perros callejeros son una amenaza para los y las transeúntes».


Ahora que ya casi finalizamos el año, me pregunto cuándo nos quitaremos los chapines —valga nuestro segundo gentilicio, cariñoso— muchos de los vicios idiomáticos que nos aquejan y a los que a continuación me refiero:

Primero: Supongo que les «suena» familiar, amables lectores, la siguiente frase, en boca de políticos, politiqueros y politicastros: «Las niñas guatemaltecas y los niños guatemaltecos necesitan una nutrición adecuada».

Y está claro (no estoy clara) que les urge. Pero ¿por qué no hablar de que la «niñez» guatemalteca necesita nutrirse en lugar de tanto «rollo»?

Hace poco oí decir a un locutor: «Las perras callejeras y los perros callejeros son una amenaza para los y las transeúntes».

No pudo referirse a los dichos animales como a canes y a canas porque si se usan tales términos, machos y hembras son canes, y los cabellos que se vuelven blancos, canas.

Al mencionar a los seres humanos y a muchos animales, el género masculino, o el femenino en algunos casos, v.gr. las ratas, no los ratos (sí, los machos son ratos), engloba a ambos sexos, aunque hay excepciones: entre los toros no se incluye a las vacas: juntos son bovinos.

Y es redundante hablar de que las ballenas machos y las ballenas hembras son cetáceos. Sólo falta que por esos fanatismos de género, un mal generalizado en el mundo, resultemos leyendo anuncios de que se venden almohadas de plumas de ganso y de gansa.

Después de escoger el sexo, que no el género del desplumado, hay que establecer cuál es la diferencia entre la delicia de dormir apoyado sobre una almohada de plumas de ganso o una de plumas de gansa. Y ¿por qué no usar ambos géneros y hablar de que las jacarandas (jacarandás en otras latitudes) florecen antes que los «jacarandos»?

También podríamos chismorrear (no se dice chismosear) que Zutanita es la «amanta» de Perecenjo, que la engaña, porque es «amanto» de «Fulanita».

Segundo: El término «bien» funciona como sustantivo o como adverbio. Al usarlo como sustantivo puede tener plural: «Tiene varios bienes inmuebles» o no tenerlo: «El único bien que le heredó fue la casita»; «Por tu bien, obedece»; «El bien se opone al mal».

Al utilizarlo como adverbio carece de plural: «El bien decir» o «el decir bien», que ahora se ha generalizado como «buen decir» y no sé cómo se las arreglan quienes usan el adjetivo para posponerlo en español: «Buen escribir», pero «¿escribir buen?».

Sin embargo, no quiero referirme a ese bien, sino al «bien» nuestro, del que, aunque sí está aceptado como asentimiento en ciertos casos en que equivale a «de acuerdo» u «ok», hacemos uso y abuso: «¿Quiere usted cenar?», le pregunta a Juan Chapín un «chef» y éste responde: «Bien».

Ante tal declaración cabe la duda de que Juan puede querer comida de buena calidad o abundante, dependiendo de si es «gourmet» (gastrónomo) o «gourmand» (goloso) cuando en verdad quiso decir: «Sí. Sí quiero cenar».

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