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| Arturo Ortega Morán
El Porvenir (México)
Domingo, 29 de Enero del 2006

¡HASTA QUE ME CAYÓ EL VEINTE!

Que yo recuerde, desde hace muchas lunas, el verbo checar es parte del vocabulario del mexicano.


De niño oía decir que el maestro checaba nuestras tareas escolares; luego, en mi primer trabajo, de entrada me solicitaron un chequeo médico y, ya aceptado, tuve que checar tarjeta para registrar mi asistencia.


En muchas ocasiones, me he preocupado cuando no me checan las cuentas y me he incomodado cuando siento que me están checando.

Otrosí, cuando alguno de mis amigos decía que «iba a checar», yo sabía que iba a ver a su novia.

Tan incrustado está checar en nuestro hablar, que me sorprendí cuando, hace ya más de veinte años, me dijeron que era incorrecto usar este verbo; y, efectivamente, en ese entonces no aparecía en el diccionario.

No obstante, en el DRAE de 1992, la Real Academia Española incluyó una variante usada en otras partes de América: «chequear.

(Del ingl. to check, comprobar). 1. tr. Examinar, controlar, cotejar. 2. prnl. Hacerse un chequeo».

Al fin, al reconocer que los mexicanos no dejaríamos de checar, en la edición del DRAE 2001, se incluyó: «checar.

1. tr. Méx. chequear». Aún, hay quien piensa que fue mala decisión haber dado entrada a este «feo» anglicismo que, juzgan, era innecesario.

No obstante, hay una historia interesante en el origen de este verbo que, tal vez, conocerla, nos haga verlo con otros ojos.

Todo empieza allá por el año 400 a.C., en el Valle del Indo, cuando se inventaba un juego llamado «chaturanga» o juego del ejército.

Se jugaba en un tablero cuadrado de 64 casillas, en donde cuatro personas movían 32 piezas.

Unos mil años después, en Persia, se jugaba una variante de este juego a la que llamaban «chatrang».

Había nacido el juego que hoy llamamos ajedrez. Los árabes también fueron seducidos por este juego, lo aprendieron y lo llevaron después a su conquistada España, de donde se difundió a toda Europa.

Una jugada clave en el ajedrez, es amenazar al rey, la pieza principal. En español, a esta jugada la llamamos «jaque», palabra que se deriva de «shaha», voz persa que precisamente, significa «rey».

Del mismo origen, es la palabra «escaque» que ahora nombra a las casillas del tablero.

Pero, antes, también se llamó «escaques» al juego de ajedrez. De ahí quedaría que, en francés, al ajedrez lo llamaran «èchecs» y al jaque «échec».

Del francés, estas voces pasaron al inglés, en donde ajedrez es «chess» y jaque es «check».

En tierras americanas, a «check» le esperaba una curiosa evolución semántica. Primero, así como en español usamos «poner en jaque», en inglés «check» se usó para referirse a algo que detenía el curso de una acción (ej: Heavy rains were a check on the army's advance).

Luego, las acciones para «poner en jaque» a las cosas indeseables, se denotaron con «to check», y esto se lograba inspeccionando, verificando, observando, etc. Además, para evitar transacciones económicas fraudulentas, se encontró que funcionaba bien aquello de que «papelito habla» y así nació el «check» (cheque), que después adquiriría propiedades elásticas y ahora «rebota» más que una pelota de squash.

Visto así, cuando los mexicanos abrimos la puerta a «to check» y lo convertimos en checar, en realidad recibimos a una palabra que, hace mucho tiempo, salió del castellano peninsular; viajó a Francia, cruzó el océano para llegar a tierras gringas; y, después de un largo viaje que la vistió de nuevos significados, ha regresado al castellano.

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