Noticias del español

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| Carlos Leáñez Aristimuño
www.habloexisto.blogspot.com

HABLO LUEGO EXISTO: OBAMA: INGLÉS + ESPAÑOL = EE. UU.

El enlace me llegó por correo electrónico —algunos dirían el link me llegó por e-mail—. Pinché ahí. Apareció Obama ofreciendo el nuevo sueño americano: educación de calidad, salud para todos, jubilación digna.


Un sueño socialdemócrata para la tierra donde el mito era ser preterido, llegar a las costas de la Estatua de la Libertad, hacer un gigantesco esfuerzo y volverse rico. Cambian las cosas. Pero lo más sorprendente es que esta oferta es hecha en un clarísimo español, a personas que, por ser votantes, son ciudadanos estadounidenses. Y llego a una conclusión obvia, inexorable… en los EE. UU. el español no es una lengua extranjera, ni lo ha sido nunca. Una parte gigantesca del territorio actual de EE. UU. (California, Nevada, Utah, Colorado, Arizona, Nuevo México, Texas, Florida) era territorio bajo soberanía española o mexicana y los habitantes que allí quedaron han perpetuado gestos, costumbres… y palabras. Pero sobre todo está claro que los hispanohablantes «frescos» ingresan por millones cada año, gustan de tener más niños que el austero wasp y, en cierta forma, están reconquistando lo suyo, cuando no directamente tomando nuevos territorios.

Ahora bien, las circunstancias en las cuales se encuentran muchos hispanohablantes en EE. UU. llevan a una buena parte a quedarse en un limbo, una suerte de sala de espera para entrar al inglés llamada spanglish, sobre el cual Octavio Paz decía que no era ni bueno ni malo, sino «sencillamente abominable». ¿Podrá esta jerigonza reemplazar al español en EE. UU.? ¿Expender golosinas será deliberar groserías y aspirar la alfombra se volverá vacunar la carpeta? Lo dudo: el spanglish no posee estándar alguno —es distinto el de California al de Nueva York—, carece de prestigio —nadie escribe seriamente en él— y se halla prácticamente asfixiado entre dos gigantes: el inglés y el español. El mejor negocio de quienes en él se encuentran es salir de allí o reservarlo exclusivamente a la más íntima parroquia. ¿Hablarán entonces como nosotros? Veamos: la presión del inglés es inmensa, las circunstancias que los rodean, distintas: he allí el caldo de cultivo para abandonar códigos inadaptados y apropiarse del dominante. Es posible, pues, que se vuelvan anglófonos con una cadencia, un giro particular… a menos que el español afiance su prestigio, ejerza una atracción irresistible e ineludible.

Y parece ir por este camino: los hispanohablantes somos una suerte de clase media pujante que podría estar a punto de lograr, en este mundo de reacomodo multipolar, un lugar de más preminencia. Pero no parecemos verlo suficientemente nosotros mismos: se nos escapa que somos el tercer PIB del mundo, muy por encima de China y con un tercio de su gente, no percibimos que en el G-20, recién reunido para decidir sobre el futuro financiero del mundo, nos encontramos con Argentina, España y México, tres países hispanohablantes… y paro de contar. Pero el que sí lo percibe es Obama, que en otro enlace, esta vez en inglés, en un acto de campaña, indica: «Estoy de acuerdo en que los inmigrantes deben aprender inglés. Y lo harán, no se preocupen. Pero ustedes deben asegurarse de que sus niños hablen español. Ustedes deberían estar pensando en cómo hacer para que sus hijos sean bilingües». Pinchen en el enlace del margen derecho del artículo para que lo vean…

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