Noticias del español

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| Luz Nereida Pérez
Claridad, Puerto Rico
Del 19 al 25 de marzo del 2009

HABLEMOS ESPAÑOL: SINTAXIS

«¿Qué es esto para?» Lo que usted acaba de leer está constituido de manera indiscutible por palabras hispánicas, pero el orden en que éstas fueron empleadas responde al inglés «What is this for?» Se trata de palabras del español, pero expresadas mediante la estructura inglesa. Por tanto, no se trata de una expresión en español, —independientemente de sus palabras—, sino que ello es inglés.


En un memorando redactado en una entidad gubernamental se leía «fueron sentenciados por conducir en estado de embriaguez en esta Sala». ¿De veras? ¿Y cómo lo hicieron? Porque no es lo mismo escribir «fueron sentenciados por conducir en estado de embriaguez en esta Sala» que expresar que «fueron sentenciados en esta Sala por conducir en estado de embriaguez». Son dos hechos definitivamente distintos. ¿Dice lo mismo «ofreceremos clases de mecánica para los empleados» que «ofreceremos clases para los empleados de mecánica»? ¿Son iguales los ofrecimientos? En estos ejemplos, podemos observar cómo, a veces, un cambio de orden en las palabras de la oración puede ocasionar que se comunique un pensamiento totalmente distinto.

Ha afirmado Salvador Tió y Montes de Oca: «Los idiomas son distintos y no principalmente porque sus palabras sean diferentes, sino porque son distintas sus esencias, su ritmo, su construcción, que responden a las más íntimas formas del espíritu de un pueblo». El orden de las palabras en la oración es el elemento verdaderamente distintivo de un idioma. Nuestra lengua española no lo es por las palabras que usamos (por el léxico), sino por el modo como las empleamos (la estructura). El idioma es cuestión de orden y de uso y no únicamente de léxico. Las palabras de las que hacemos uso todos los días provienen de una gran diversidad de lenguas con dos grandes fuentes en el latín y el árabe. Ahora bien, lo que verdaderamente distingue al español de otras lenguas, es su gramática y, muy en particular, como ya hemos afirmado, el orden de las palabras en la oración: la secuencia en la enunciación del pensamiento.

La sintaxis es la parte del lenguaje que estudia la «capacidad combinatoria de las palabras y su integración para dar lugar a la oración». Es un término que proviene del griego, lengua en la que originalmente designaba a cierto tipo de agrupación de soldados. En esta palabra, «sin» es un término griego que, curiosamente, equivale a 'con' y «taxis» aplica a 'orden, arreglo o disposición'. Esta parte de la gramática fue teorizada inicialmente por el griego Apolonio Díscolo (siglo II a.C.).

El lenguaje crece continuamente en su caudal léxico, y nuestra lengua española lo ha hecho con una velocidad vertiginosa en las últimas décadas, dando paso a abundante vocabulario moderno que refleja los avances técnicos, científicos, médicos, etc. Ello puede apreciarse en el contenido de las tres últimas ediciones del Diccionario de la Real Academia Española (1984,1992 y 2001). Un cambio gramatical, sin embargo, sucede lentamente: puede tomar años o siglos. Por ejemplo, hubo cambios de ortografía para el 1 de enero de 1959 y se publican otros en la Ortografía de la lengua española, emitida en 1999 por la Real Academia Española.

Sobre el manejo de la sintaxis en los idiomas, y muy particularmente en el nuestro, alerta el escritor venezolano Ramón Escovar Salom en un escrito publicado originalmente en el diario El Nuevo Día el 23 de febrero de 1986, donde afirma que «La destrucción de la sintaxis es la ruptura con la unidad lógica del pensamiento. Al afectarse la sintaxis se rompe el instrumento de comunicación, se fractura el modo que cada pueblo tiene de unir sus pensamientos. Equivale a un inmenso naufragio en el cual lo que formaba cuerpos enteros de historia se pulveriza en partículas anárquicas». Añade entonces: «No habría modo seguramente más diabólico para derrotar y enterrar una cultura que destruyendo la sintaxis del idioma. Eso es lo que está ocurriendo ahora en América y es un hecho más importante y demoledor que el monto de la deuda».

Permitir que se requiebren las estructuras de pensamiento de nuestro idioma es cooperar con la destrucción de nuestra cultura. Así lo afirma el puertorriqueño, anteriormente citado, Salvador Tió: «Cuando una cultura decae, la lengua se embota y se empobrece; o el vocablo necesario no existe, o se utiliza sin precisión y sin rigor. La decadencia de un pueblo va siempre acompañada de una desvalorización de su idioma». Y ello también nos aboca a una desvinculación de la poderosa integración y hermandad global que el idioma presupone: «El hecho más importante de Hispanoamérica es el idioma. Es el instrumento fundamental en cualquier proyecto de integración, ya sea político, económico o cultural. Es también el puente fundamental sobre el Atlántico, que nos une con España y con las esencias más profundas de la civilización occidental». (Escovar Salom)

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