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| Luz Nereida Pérez
claridadpuertorico.com, Puerto Rico
Lunes, 15 de septiembre del 2008

HABLEMOS ESPAÑOL: LA PARADÓJICA EQUIS

La letra equis da besos en las cartas a la par que censura o elimina despiadadamente algo cuando la empleamos para tachar.


Nos hizo la vida imposible a algunos y algunas en las ecuaciones del álgebra cuando aparecía para marcar lo desconocido, lo que teníamos que averiguar para contestar la pregunta en un examen. Con la letra equis firma quien no sabe escribir y es precisamente la letra que se utiliza para votar, aunque las propagandas políticas se empeñan en sacralizar las papeletas llamándole cruz. [Ciertamente que hay cruces en forma de x, pero ¿no les parece curioso que se empeñen en llamarle cruz? ¿Y por qué mejor no hacer una buena equis de censura y eliminación al lado de todos los nombres de las personas que deseamos que se eliminen para siempre de la papeleta, y de los escaños y puestos políticos?] Curiosamente el nombre de este signo alfabético se escribe sin la propia letra que define. Son dos las letras en el diccionario de las que no se requiere su uso para nombrarlas: la equis -que se escribe sin x- y la letra q, cuyo nombre es cu.

La equis es la vigesimoséptima letra del abecedario, es la vigésima de las consonantes y su supuesto origen reitera su condición de letra paradójica. Cuentan Gregorio Salvador y Juan R. Lodares en su Historia de las letras que la leyenda narra que fue inventada por el rey griego Palamedes. A lo cual comentan los citados autores que “no deja de ser una ironía que tenga padre conocido, lo que no tiene casi ninguna [letra], la que se ha especializado en simbolizar lo incógnito”. Su pronunciación es de cs o gs y, por representar lo desconocido, cuando Roentgen descubrió unos rayos de naturaleza incierta les denominó rayos x. El actual Diccionario de la Real Academia Española (2001) acoge 40 entradas para palabras que comienzan con la letra equis, 3 prefijos y dos letras -la propia letra de uso en el español y la xi griega-. La mayor parte de estos vocablos tiene que ver con la química, la medicina y las ciencias en general.

Así veremos, por ejemplo, en la página y un décimo que ocupa esta letra en el Diccionario (versión de dos tomos, pp.2324-2325) como primera entrada de palabra al sustantivo de uso médico xantoma para aludir a la acumulación amarillenta de grasa en el cutis. Allí también nos encontramos con xifoides, que da nombre a la terminación en cartílago puntiagudo del esternón humano y la xeroftalmia —enfermedad de los ojos causada por falta de vitaminas, que produce resequedad de la conjuntiva y córneas opacas—. Se nos definen igualmente al xenismo —palabra de la lingüística que da nombre al extranjerismo que conserva la grafía original, como lo es en el caso de chalet; xenofobia -'odio, repugnancia u hostilidad hacia los extranjeros'—; y, por supuesto, el xilófono. Hay siete palabras relacionadas con el sistema de producir copias en seco como xerografía, xerocopiar, xerografiar, xeroteca y otras. Veremos palabras de procedencia nahua como xocoatole -atole agrio-; xocoyote -benjamín o hijo menor- y xolo para denominar al ave comúnmente denominada pavo. También se nos define al gentilicio xinca, nombre que recibe un pueblo indígena de América que es parte de los mayas en Guatemala, denominación que igualmente se otorga al idioma que éstos hablan. En dicho país llaman xeca al pan poco refinado y a la cabeza de una persona, de ahí que se denomine como xecudo a quien es inteligente.

La presencia de la equis en el abecedario hispánico, al igual que la letra k, no ha estado exenta de polémicas. Fue letra protestada por Miguel de Unamuno, al igual que lo hizo con la k, y también favorecida y defendida por otros autores. En la polémica relacionada con la grafía México, se favorece por mayoría el uso de la x, que pronunciaría algo así como Meshico y no ks como pronuncian Texas los anglohablantes. Sobre este asunto afirma el mexicano Flores y Gardea con gran sentido de orgullo nacional que: «Alterar el nombre de la tierra natal, de la Nación que reconocemos por nuestra, parece una especie de profanación contra la que protesta el sentimiento. Quitarle a México la x es como si al águila de nuestro escudo se le suprimiese el índico nopal o la ondulada culebra, o como si a nuestra bandera se le cambiara algunos de sus tres emblemáticos colores. ¿No protestaría contra ello el sentimiento en consorcio con la costumbre? ¿Qué pueden las razones filológicas al lado del sentimentalismo o la pasión?» Después de todo, acotamos nosotros, México es de los mexicanos.

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