Noticias del español

| | | |

| Luz Nereida Pérez
Claridad (Puerto Rico)
Del 15 al 21 de febrero del 2007

HABLEMOS ESPAÑOL: EVIDENCIA Y PRUEBA

En los últimos tres meses, todo momento «libre» de mi vida ha sido prácticamente apresado por la revisión de un inmenso proyecto de índole jurídica, labor que ha resultado ser ardua, retadora, fascinante, aleccionadora, abrumadora... De todo un poco... Pero a la par ha sido un privilegio con el que me han honrado al participar en un proceso que será de gran envergadura en la historia del Derecho puertorriqueño.


Durante este largo proceso fueron muchas las fuentes lingüísticas consultadas e incontables las peripecias, simulacros e intentos hasta poder resolver situaciones expresivas difíciles de modo que se facilitaran los procesos de lectura del enorme documento. Por allí resolvimos las dichosas «convicciones» como fallos condenatorios, penas o condenas. Las «progenies» de los casos se transformaron en secuelas o jurisprudencia que reafirma a éstos. Los «a los fines de» se convirtieron en para, los «en virtud de», los «a tono con» y los «a tenor con» abandonaron el mundo de la ópera para transformarse en según o de acuerdo con [Por aquello de que, si no hablamos como Lope de Vega, no escribimos como Lope de Vega]. Las oraciones se acortaron, los gerundios huyeron… Se enderezaron sintaxis, se acortaron expresiones [¿No es cierto que «no obstante el hecho de que» es un simple y sencillo «aunque»?], se ahuyentaron calcos del inglés…

Dos de los interesantes vocablos allí mencionados han suscitado por largos tiempos discusiones, preguntas, confusiones y se requiere un continuo estado de alerta para su cabal y correcto empleo. Se trata de evidencia y prueba. El diccionario Webster de la lengua inglesa denomina al sustantivo evidence como: an outward sign; indication: something that furnishes proof; testimony, specifically: something legally submitted to a tribunal to ascertain the truth of a matter. En el sitio de la red cibernética ocupado por la Fundación del Español Urgente (Fundéu), aparece una entrada en la que esta entidad advierte de que en nuestro idioma el término «evidencia» no puede utilizarse como sinónimo de «prueba» y añaden:

cuando en las informaciones sobre juicios usamos en español [se refieren a los periodistas] la voz «evidencias» en lugar de «pruebas», lo que estamos haciendo es caer en la trampa de lo que en el ámbito de la traducción se denomina «falsos amigos», ya que otorgamos a una palabra española un significado que no tiene, por influencia de otra lengua.

Por otra parte, el lingüista Fernando Lázaro Carreter, que escribía su columna El dardo en la palabra en los diarios españoles, también ha consignado que si los libros de estilo periodístico orientaran mejor no se escribiría tanto, por ejemplo, que un acusado fue absuelto «por falta de evidencias», en vez de «por falta de pruebas». El propio Álex Grijelmo, director de la Agencia Efe de noticias y extraordinario y ameno lingüista, dedica un inciso de su libro La punta de la lengua al empleo de los vocablos que aquí nos ocupan. Comienza este periodista por señalar el mal uso de «corte» en lugar de tribunal, que atribuye a la traducción del francés cour. [¿Y qué diría de un centro comercial boricua donde han denominado al food court como «corte de comidas»?] Señala y critica Grijelmo el que el actual Diccionario de la lengua española (2001) haya perpetrado el acto de codificar al sustantivo evidencia como: «Der. Prueba determinante en un proceso». Definición que califica como descuidada para luego preguntarse:

¿hay en un proceso pruebas que no sean determinantes? Porque si no son pruebas determinantes no prueban nada. ¿Todas las pruebas determinantes son evidencias? ¿No son evidencias las que no resulten determinantes? Y si son evidencias, pues, ¿para qué hacen falta jueces, fiscales y abogados defensores?

Después de este contundente comentario, ¿qué más podemos acotar aquí? Sólo nos resta exclamar, como suelen decir quienes honran la toga: ¡Nada más con el testigo!

[Nota de agradecimiento: Aprovechamos este espacio para dar a conocer a los lectores y lectoras de Claridad, a la par que agradecer a la Fundación Cultural Miguel Hernández en Orihuela, España, la excelente reseña sobre el número especial que En Rojo dedicó al malogrado poeta oriolano Miguel Hernández. También agradecemos y atesoramos el honor de haber dedicado a mi persona una extensa entrevista como editora del número especial y como estudiosa de la figura del poeta. Ambos artículos pueden verse en elecohernandiano.com/numero_23/index.htm en la sección titulada El rayo que no cesa de la revista cibernética El Eco Hernandiano. De igual modo, agradecemos que diarios de Valencia y Alicante hayan difundido la noticia de la publicación del homenaje de Claridad al poeta, a la par que han manifestado admiración y aplauso por la labor cultural de nuestro semanario. Nosotros desde este lado del planeta, les replicamos que la trascendental figura poética de Miguel Hernández, no merecía menos por parte nuestra.]

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: