Noticias del español

| | |

| Luz Nereida Pérez
Claridad, Puerto Rico
Del 12 al 18 de marzo del 2009

HABLEMOS ESPAÑOL: ENTUSIASMO

Retomamos, con motivo de la época de Cuaresma, un tema que dejamos atrás allá para el 1999 y que merece el volverse a él. Se trata de una palabra que decimos con gran frecuencia sin la más mínima conciencia de su etimología y de todo lo que por ello lleva implícita: entusiasmo.


En los manuales, folletos y libros sobre temas de salud, suele resaltarse con frecuencia la trascendencia del poder de la mente sobre las diversas manifestaciones de nuestra existencia. Nuestras actitudes y visión de vida son combustible que insufla fortaleza y que potencia el funcionamiento de ese vehículo transportador de nuestro espíritu que llamamos cuerpo. El pensamiento positivo es, pues, la chispa que enciende la vida y de su resplandor surtirán los dictámenes del poderoso, misterioso y casi desconocido órgano vital que llamamos cerebro.

Como es un hecho probado que las personas poseedoras de actitudes positivas denotan mejor salud, emanan mayor energía y reflejan más juventud, la medicina y la psicología de hoy nos invitan a ser optimistas. Esto es así porque está repetidamente demostrado que las preocupaciones y la tensión alteran la bioquímica de nuestros cuerpos, haciéndoles propensos a la enfermedad. Por ello, debemos tener visión de futuro y no regodearnos en el pasado, establecer metas razonables y asequibles para los diversos aspectos del existir y tener algún tipo de creencia en un Poder Mayor, porque la fe sana y nos desconecta de los pensamientos negativos y las preocupaciones. Se trata de apostar en la vida a nosotros mismos y nosotras mismas. Se trata de vivir en el presente porque de la calidad de éste dependerá nuestro futuro. Se trata, simple y llanamente, de vivir con entusiasmo.

El sustantivo masculino entusiasmo llega a nuestra lengua materna procedente del griego enthusiasmós y es definido en el Diccionario de uso del español actual Clave como 'exaltación y emoción del ánimo producidas por algo que se admira' y como 'adhesión e interés que llevan a apoyar una causa o a trabajar en un empeño'. Sobre el origen o etimología de esta palabra, señala el ex franciscano brasileño -hoy profesor de ética, teología y espiritualidad- Leonardo Boff que sentir entusiasmo: «Significa 'poseer un dios dentro' (en-theos-nos). En la realidad, la experiencia del entusiasmo consiste en sentirse poseído por una energía extraordinaria que convierte en pequeñas las mayores dificultades y que lleva a tomar iniciativas de envergadura. El entusiasmo pone de relieve la exuberancia de la vida que se manifiesta en la voluntad de trabajar y de crear, en el gozo y en la danza. Hace que la persona se transforme en un éntheos, es decir, en alguien habitado por Dios. No sin razón, los griegos asociaban el entusiasmo con el dios Dionisos, cuyo culto se realizaba con cánticos, fiestas y abundante vino». Por otro lado, el alemán Eckhart Tolle alude al enthousiazein y lo define como 'estar poseído por un dios'.

El entusiasmo es, a su vez, pariente del arrebato o arrebatamiento y puede relacionarse igualmente con el frenesí (palabra cuyo plural culto es frenesíes, aunque es común, y también correcto el pluralizarla como frenesís). El entusiasmo suele manifestarse como efervescencia, como efusión y podría llegar hasta los extremos del paroxismo ('exaltación o intensificación extremas de las pasiones o de los sentimientos').

Documentos significativos para la vivencia humana, como la Biblia, resaltan una y otra vez la importancia del entusiasmo como actitud vital: «Por eso, me declaro a favor de la alegría. Y lo mejor que puede hacer el ser humano en este mundo es comer, beber y divertirse porque eso es lo único que le queda de su trabajo en los días de vida que Dios le da en este mundo» (Eclesiastés, 8:21). Esa alegría no es otra cosa que el entusiasmo como actitud vital. Esa llamarada enriquecedora de la vida plena, productiva e intensa que redunda en el despliegue de la cualidad especial que denominamos carisma: «El carisma que percibimos en las personas, o sea, esa especial facultad, ya sea de expresarse, de crear, de relacionarse con los demás y con Dios, revela la misma estructura del entusiasmo» (Boff) porque como bien concluye el propio Leonardo Boff: «Nada grande o verdaderamente creativo se ha hecho o se hace sin el poderoso influjo del entusiasmo».

(Las citas de Leonardo Boff proceden de su libro Ecología: Grito de la tierra, grito de los pobres Madrid: Editorial Trotta, S.A., 1996)

¡Hola!

¿Has buscado tu consulta?

Si no la encuentras, rellena nuestro formulario: