Noticias del español

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| Luz Nereida Pérez
claridadpuertorico.com, Puerto Rico
Jueves, 28 de mayo del 2009

HABLEMOS ESPAÑOL: CAÑAMELAR

Nuestro transcurrir vivencial tropical y caribeño encierra dentro de sí extraordinarios privilegios y circunstancias de cuya unicidad a veces no somos lo suficientemente conscientes.


Entre éstos se encuentra el poder contemplar los verdes mares de los sembradíos de la dulce caña de azúcar, el observar la hermosa danza que al son de nuestro viento isleño nos obsequia la flor de la guajana y el poder deleitarnos con el dulce néctar de su fruto. [Placer sensorial que cada vez se nos torna más escaso por las erradas decisiones de un país que no se conoce a sí mismo, carece de autoestima y no defiende lo más preciado que tenemos: nuestras fértiles tierras tropicales, que encierran dentro de sí todo lo esencial para ser autosuficientes en la producción de la alimentación y hasta sobraría para la exportación.]

Tradicionalmente hemos llamado cañaverales a los cimbreantes sembrados de caña de azúcar. Sin embargo, el Diccionario de la Real Academia Española recoge otra locución más propia, poética y precisa para denominar estos predios de donde brota la fuente fundamental de producción de este edulcorante. Se trata de cañamelar, voz procedente de cañamiel, que es sinónimo de caña de azúcar y que es definida en la fuente académica como plantío de este tipo de caña.

El cañaveral, entre otras acepciones, se define como 'sitio poblado de cañas o cañaveras', en la que la cañavera alude a una planta gramínea española también conocida como carrizo. El sustantivo femenino caña, en su acepción más amplia es, a su vez definido, como 'tallo de plantas gramíneas, por lo común hueco y nudoso', lo cual abarca a la caña brava —que por su dureza es usada en algunos países para sostener tejas en los techos—, la de Batavia —de tallo violeta y poco azucarada—, la de azúcar y otras. Recibe, por tanto, el nombre de cañaveral aquel espacio donde se agrupe el conjunto de cualquier tipo de caña, ubicaciones que igualmente son denominadas como cañales, cañizares o cañizales, según se acoge y codifica en el diccionario académico. El cañamelar, en cambio, es el que reúne en su entorno a la cañamiel, o caña melar, es decir, a la caña de azúcar: 'planta gramínea, originaria de la India, con el tallo leñoso, de unos dos metros de altura, hojas largas, lampiñas, y flores purpúreas en panoja piramidal; el tallo está lleno de un tejido esponjoso y dulce, del que se extrae azúcar'.

En Puerto Rico, por nuestra convivencia secular con la caña de azúcar tenemos una serie de expresiones coloquiales para cuya construcción se alude a esta planta y su fruto. Algunas de ellas, recogidas en el Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico, son: como la caña de enero, en alusión al momento de mayor plenitud de la caña y que por lo general se aplica para aludir a quien está en su máximo esplendor —a la cual alude nuestro Luis Rafael Sánchez como caña de febrero en su novela La importancia de llamarse Daniel Santos—; meter caña, alusiva a empezar un trabajo, aunque también hay quien la emplea como equivalente a insultar a alguien y hasta como sinónimo de agredir. Por otro lado, algo es como tumbar caña cuando resulta fácil de hacer.

La rica industria del azúcar, que nos caracterizó y singularizó ante el mundo, junto a nuestra internacionalmente famosa producción de café, duró en todo su apogeo hasta la primera mitad del siglo XX. Desde entonces ha sido sustituida por una excesiva y caótica industrialización que ha echado a un lado la típicamente tropical y primordial labor que era, es y debe ser nuestra agricultura. Entre las hermosas voces de uso cotidiano en los tiempos idos del apogeo de la industria de la caña, está trapiche —procedente del latín trapetes— para aludir al molino de azúcar. Vocablo que igualmente recibe la denominación de trapiche de sangre en alusión a la ignominiosa institución de la esclavitud cuando se usaba a los esclavos negros y a veces a las bestias [vergonzosa e insensible equidad entre unos y otras] para mover los pesados cilindros que extraían el dulce néctar de la caña de azúcar. Esta armónica voz sirve de metáfora a nuestro poeta guayamés Luis Palés Matos para aludir al sensual movimiento de las apretadas nalgas de la erótica majestad negra Tembandumba de la Quimbamba en su desplazamiento por las veredas boricuas: «Prieto trapiche de sensual zafra/ el caderamen, masa con masa,/ exprime ritmos, suda que sangra,/ y la molienda culmina en danza.»

El vórtice industrial de la molienda recibe en nuestra Patria el nombre femenino de central (la central). En su décima acepción, el diccionario de la Academia define a este centro de producción como 'ingenio o fábrica de azúcar' y señala que en Cuba es vocablo masculino (el central) mientras que en Nicaragua, Puerto Rico, República Dominicana y Venezuela es sustantivo femenino. Cuando la cosecha está en desenfrenada plenitud recibe el nombre de zafra —del portugués safra, procedente a su vez del árabe safar, alusivo al período en que amarillean y maduran las cosechas—, momento en que se cosecha la caña dulce. El tiempo muerto de producción de azúcar recibe el nombre de invernazo, definido en su primera acepción como aplicable a la República Dominicana y Puerto Rico en alusión a las lluvias abundantes entre julio y septiembre y para Puerto Rico, en su segunda acepción, como 'período de inactividad en los ingenios de azúcar'.

Palabras de la caña, palabras de melao, palabras de azúcar, palabras de dolor, palabras de nostalgia, singular base léxica que son cimiento y forja de nuestra Nación: «Antilla vaho pastoso/ de templa recién cuajada./ Trajín de ingenio cañero./ Baño turco de melaza» (Luis Palés Matos).

[Reelaboración y ampliación de una columna publicada en este espacio el 19 sep 1997.]

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