Noticias del español

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| Luz Nereida Pérez
Claridad, Puerto Rico
Del 9 al 15 de julio del 2009

HABLEMOS ESPAÑOL: ÁFRICA EN NOSOTROS

Érase una vez que en una isla paradisíaca, pedacito terrenal que algunos creen que es parte sobreviviente del mítico continente de la Atlántida, habitaban plácidamente sus moradores originales llamados taínos. Su paz habitual solamente era alterada por ocasionales incursiones de los caribes y por los ensañamientos periódicos del dios Juracán.


Súbitamente desde Europa llegaron hasta ellos la explotación, las enfermedades desconocidas, la consunción… Todo ello provocado por aquéllos a quienes el chileno Pablo Neruda denomina «conquistadores torvos». Como resultado de tan abusiva e indigna explotación de indígenas, sus fuerzas mermaron y la ambición de capital y producción trajo entonces la infamia al bendito pedazo de tierra. Hombres, mujeres y niños fueron arrancados de su continente africano para ser transportados forzosamente a América como fuerza trabajadora. Por esta estela de dolor y desarraigo caminó lenta y pesadamente la raza negra para conformar nuestra sangre boricua, pletórica de componentes étnicos de origen lucumí, yoruba, congo, mandinga, carabalí… En cambio, y a pesar del modo ignominioso con que fueron insertados en este plus ultra, ellos y ellas nos regalaron nuevos modos de confeccionar las comidas, enriquecieron nuestros rasgos físicos y nuestra resistencia corporal, nos otorgaron nuestra cadencia al andar, se constituyeron en componente fundamental de lo que hoy llamamos puertorriqueño o puertorriqueña…

También nos legaron un significativo caudal léxico que nutre y enriquece a la lengua española y que les mantiene cotidianamente vivos en nosotros y nosotras para eternizarlos digna y gloriosamente. Palabras que reverberan en nuestro léxico cotidiano y dan forma a eso que llamamos coloquialmente «hablar en puertorriqueño». A ese abundante y armónico caudal léxico, que llena de eufonía y ritmos de tambores a nuestra lengua, le conocemos como africanismos. Así, hoy se nos hace imposible comunicarnos en nuestra versión regional boricua de la lengua española sin los giros o voces que esos grupos lingüísticos y culturales africanos nos han legado.

Del África nos llegan, por ejemplo, los sabrosos guineos, para así denominar a los plátanos o bananos provenientes de Guinea, fruta también conocida en algunos países de habla hispana como «plátano guineo», que cruza el continente africano desde su remoto origen en la India para llegar hasta nosotros y deleitar nuestros paladares. Cuenta nuestra historia que no es hasta el siglo XVIII que se dan nombres distintivos al plátano y al guineo, época antes de la cual ambos recibían el nombre de guineos. De igual manera saboreamos diversos tubérculos que identificamos con nombres africanos tales como la violácea malanga y el granuloso y albo ñame, que junto al resbaloso y verde guingombó —al que hay quienes le llaman quimbombó, guingambó, resbaloso, molondrón y otra gran variedad de nombres que se registran en el Tesoro lexicográfico del español de Puerto Rico— crean un agitado retumbe de tambores africanos en nuestros platos y en nuestros paladares. De las tropicales costas y llanos africanos, nos llega también el guandú, palabra registrada en el lexicón académico y favorecida en la Hermana Antilla Dominicana para aludir a lo que en Puerto Rico unos llaman gandules y otros gandures. Bajo la entrada dedicada al sustantivo masculino guandú, el Diccionario de la Real Academia Española describe con detalle las hojas, arbustos, vainas y flores amarillas que nos dan tan nutritivo grano.

El africanismo también resalta su presencia en nuestras comidas al otorgarnos el nombre para el funche, sustantivo empleado en Cuba y Puerto Rico para una de nuestras variantes de crema de maíz. Sobre este plato señala el citado Tesoro que «el caldo blanco de pescado se sirve con 'funche', que es la harina de maíz cocida con agua y sal. El 'funche' también se puede acompañar con leche, para el desayuno». Como el polvo del Sahara que en estos días veraniegos respiramos, del África también nos llegan dos tipos de fufú: el de Puerto Rico que es hechizo o mal de ojo y el colombiano o cubano que denomina a la «comida de origen africano, hecha de plátano, ñame o calabaza majados», lo cual en la República Dominicana se hace de plátano y recibe el también nombre africano de mangú. Y para que no nos falte la bebida, consignamos que sobre el refrescante guarapo, indica Manuel Álvarez Nazario en su Historia de la lengua española en Puerto Rico que es posiblemente una voz africana que parece provenir de garapa, nombre que recibe «cierta bebida alcohólica de gusto dulzón» y que el vocablo procede del bantú que se habla en el Congo y en Angola.

Nuestros antepasados africanos y la sangre que de ellos y ellas corre por nuestras venas boricuas se alzan por encima de la indignidad y la deshonra de las que fueron víctimas para quedar en nuestro remeneo involuntario al ritmo de los panderos, congas y tambores, en nuestras papilas del gusto, moduladas por el legado gastronómico que otrora confeccionaran hermosas manos negras africanas. Esa presencia genética africana se percibe igualmente en el movimiento característico que produce la anchura del hueso pélvico femenino provocador, a su vez, del atractivo y cadencioso vaivén de nuestras caderas femeninas boricuas, «hornos de Dios» que prolongarán para siempre su raza.

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