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| Inés Izquierdo Miller
La Prensa (Nicaragua)
Martes, 12 de agosto del 2008

HABLEMOS DEL IDIOMA: UNA BELLA SANDALIA

Siempre que vemos a una persona usando sandalias, admiramos el diseño de su calzado, o la limpieza de sus uñas, pero casi nunca pensamos en el origen de esta pieza.


Algunos consideran que fue en Japón donde surgió todo, pero no es así porque en el Antiguo Egipto usaban un calzado similar hecho con tiras de papiro, lo que no queda claro es cuánto duraban estos zapatos, especie de pañales desechables.

Lo que sí es cierto y tiene toda su modernidad en nuestros días, es que este estilo de calzado nunca ha dejado de usarse. Debe ser por su diseño sencillo, que deja los pies casi desnudos, sobre todo en nuestro clima donde el calor repele los zapatos cerrados, y por sus precios módicos.

Las sandalias en la actualidad volvieron a destacarse dentro de la moda internacional, son elaboradas con diversos materiales y lo mismo se ven las universidades, oficinas, actos públicos o salas de cine.

En nuestras tierras americanas suelen llamarles caites, huarache, etc., y son unos zapatos primorosos, hechos con tiras de cuero entrecruzadas.

El huarache tiene un origen prehispánico, derivado del llamado cactle o cactlí en náhuatl, sin embargo su uso ha sido relegado al campo y a frailes de algunas órdenes religiosas como los franciscanos.

En Cuba también los hacían, y su suela era hecha con el hule de las llantas viejas. Eran muy originales, pero algo caliente cuando les daba el sol tropical. Originalmente se hacían de baqueta, pero en la actualidad emplean cualquier material.

Sucede que las sandalias reciben nombres diferentes según el país donde estemos. En Cuba por ejemplo, en La Habana hablábamos de sandalia, chancleta, pero en Oriente le llamaban cutara.

En Argentina son llamadas ojotas y con menos formalidad, chancletas, así también le dicen en Bolivia. En Chile las llaman hawaianas, mientras en Colombia son chanclas o chancletas.

En El Salvador hablan de yinas, pantuflas o sandalias, pero en España son chanclas; mientras en Honduras hablan de chancletas.

En México les dicen chanclas, chancletas o sandalias pata de gallo y en Perú las llaman: sayonaras, ojotas, playeras o chancletas.

En Nicaragua las llaman chinelas, pero también están los caites, bella y melodiosa palabra que alude a este calzado donde manos laboriosas trenzaban tiras de cuero hasta armar un entretejido suave que protege al pie y le brinda descanso.

No huyamos al ruido de los caites y rescatemos lo nuestro, lo nacional, que es bello y valioso. Enfrentemos el caite a las sandalias de los afectados diseñadores ajenos a la realidad americana.

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