Noticias del español

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| Inés Izquierdo
La Prensa (Nicaragua)
Martes, 4 de septiembre del 2007

HABLEMOS DEL IDIOMA: SISMO O SEÍSMO

Hay varias formas para designar a los terremotos


Cuando en el año 2000 sentí las sacudidas del sismo de Masaya, les juro que a esa hora no me acordé de cómo se llamaba el fenómeno que estaba ocurriendo. Mi instinto de conservación me hizo salir del mercado llevando a rastras a una señora que se me colgó mientras rezaba desesperada y sus planchas, secadoras y demás objetos caían desparramados por el suelo.

Cuando se producen sacudidas o movimientos bruscos de la tierra causados por fenómenos tectónicos o volcánicos, estamos ante la presencia de un terremoto, sismo, seísmo o temblor.

Por acá en América usamos en algunos países la palabra temblor para referirnos a movimientos sísmicos menores, pero cuando la situación cambia y los movimientos son más fuertes, entonces hablamos de un terremoto y llamamos maremoto a los efectos provocados en el mar, debido a los sismos que ocurren en el lecho marino.

El origen de los terremotos, según expresa la Wikipedia, se debe a la liberación de energía que se produce cuando los materiales del interior de la Tierra se desplazan, buscando el equilibrio, desde situaciones inestables que son consecuencia de la actividad volcánica y tectónica, que se producen principalmente en los bordes de la placa.

La sismología es la ciencia que estudia los sismos y cómo se propagan las ondas sísmicas a través de la Tierra. Sismo viene del griego seísmos que significa 'conmoción', 'sacudida' y también 'temblor de tierra'. Se usa en nuestro idioma de dos formas: sismo y seísmo, ambas son aceptadas por la Real Academia Española. Pero es bueno aclarar que hasta la primera mitad del siglo pasado, se usaba el sustantivo 'terremoto' para referirse a los temblores de tierra.

Sismo no llegó del griego sino del francés seisme, donde existía desde fines del siglo XIX, cuando la invención del sismógrafo. El aparato se llamó en inglés seismograph, apelando al griego, y luego en francés sismomètre hasta que arribó al español como sismógrafo, y se incluyó en el diccionario de 1899, medio siglo antes que sismo.

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