Noticias del español

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| Inés Izquierdo Miller
La Prensa (Nicaragua)
Martes, 17 de abril del 2007

HABLEMOS DEL IDIOMA ¿SERÁN TAN MALAS LAS MALAS PALABRAS?

A pesar de estar escondidas en el zaguán del idioma estas palabras tienen un uso más frecuente que las llamadas cultas.


Siempre me preguntaba quién era el Dios lingüístico que decidía cuáles palabras eran las llamadas «buenas» y cuáles eran las «malas».

Es tan curioso este tema, porque además de país en país, sobre todo las referidas a los genitales, van cambiando, e incluso dentro de un mismo territorio. Yo puedo decir bollo o papaya en Nicaragua y nadie se va a alarmar, pero si lo digo en Cuba ese es el nombre vulgar del sexo femenino.

Las llamadas «malas palabras» casi siempre se refieren a partes del cuerpo, secreciones o conductas que despiertan deseos sexuales. Recordemos que forman parte de los llamados tabúes lingüísticos, pero por la connotación que van adquiriendo no es adecuado usarlas en determinados contextos.

Según el psicólogo Ariel Arango, «la mala palabra o palabra obscena es la que viola las reglas de la escena social; la que se sale del libreto consagrado y dice y muestra lo que no debe verse ni escucharse. Entonces, las 'malas palabras' son 'malas' porque son obscenas y son obscenas porque nombran lo que no debe mencionarse nunca en público».

Amado Alonso las llamó «voces malsonantes», porque es el matiz, la connotación lo que les da ese sentido.

Hay personas que tiene incorporados estos términos o expresiones a su repertorio lingüístico y lo usan constantemente, no siempre para insultar, como sucede en Nicaragua, donde podemos oír expresiones como «A la cien p…, que lindo está tu vestido».

Existen también otras personas que sí usan estos términos o expresiones constantemente, pero con intención insultante, y vinculados con la violencia.

El tipo de insultos ha ido cambiando con los años, siempre se crean nuevas voces, hay una gran variedad: insultos a la familia, a la profesión de algunas mujeres, a las preferencias sexuales, al poder; insultos a las razas, a los creyentes, a los políticos; insultos a la gente fea, a los defectos físicos.

En realidad esas palabras, que no son tan malas y que aparecen en los diccionarios, deben manejarse con sumo cuidado delante de los niños, algunas veces los adultos se las enseñan a los menores como algo gracioso y, según ellos, las aprenden más rápido que otros vocablos.

Esta idea es un mito, simplemente que si se le refuerza el vocablo con tanta paciencia el chavalito terminará aprendiendo la palabra.

Los niños aprenden rápido que si dicen palabras obscenas enseguida llaman la atención de los adultos, así que pueden usarlas como un mecanismo para atraer a sus familiares.

Si sus hijos comienzan a decir este tipo de palabras, usted debe averiguar las razones por las cuales las usa, una vez que lo determine mantenga la calma y explique por qué la gente dice malas palabras, defina cuáles son estas y explique por qué no son aceptadas en su familia.

A algunos niños les cuesta trabajo expresar sus sentimientos de ira. Cuando un niño enojado dice malas palabras, inmediatamente dele una alternativa. «Ese lenguaje no es aceptable, puedes decir 'estoy enojado contigo' o 'no estoy de acuerdo contigo'». De esa manera los enseñaremos a expresarse con corrección desde temprana edad.

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