Noticias del español

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| Inés Izquierdo Miller
La Prensa (Nicaragua)
Miércoles, 20 de junio del 2007

HABLEMOS DEL IDIOMA: EL CALOR O LA CALOR

La calor está condenada a desaparecer como palabra, porque el calor ganó la batalla.


En Nicaragua el calor es una constante del clima, la temperatura se eleva y tal parece que la lava de los volcanes está bajo nuestros pies.

Algunas personas dicen la calor, y no saben que están cometiendo un error, porque si revisamos la última edición del Diccionario panhispánico de dudas (DPD) veremos que afirma lo siguiente:

«Calor: Sensación que se experimenta ante una temperatura elevada y propiedad del ambiente y de determinados cuerpos de producir dicha sensación. Es voz masculina en la lengua general culta: "A esa hora el calor lo pone a uno medio zonzo" (Flores Siguamonta [Guat. 1993]). Su uso en femenino, normal en el español medieval y clásico, se considera hoy vulgar y debe evitarse. El femenino puede aparecer también en textos literarios, con finalidad arcaizante».

Como pueden observar la calor es una arcaísmo y no debe utilizarse en el habla cotidiana, lo preferible es el calor, en masculino.

Y sucede igual con la mar y el mar, aunque con menos rigor, dice en el DPD que mar es una «Masa de agua salada. Este sustantivo, neutro en latín, se ha usado en español en ambos géneros».

Sin embargo de inmediato aclara que en el español general actual es masculino, y cita estos ejemplos: «Estar cerca del mar, sobre el mar, por el mar. Siento ante él una sensación de libertad».

Se hace la aclaración que entre las gentes de mar (marineros, pescadores, etc.) es frecuente su empleo en femenino, y también abunda en la poesía, como lo demuestran estos ejemplos: «¿Y en días de temporal, cuando las olas embisten, cuando la mar se pone brava?»

Por eso se emplea en femenino en las expresiones que describen su estado (mar arbolada, mar calma, mar gruesa, mar picada, mar rizada, mar tendida, etc.) o en locuciones propias del lenguaje marinero, como alta mar o hacerse a la mar.

También es femenino en algunas otras frases o locuciones, pelillos a la mar (para expresar reconciliación). Sin embargo, es masculino en un mar de («abundancia o gran cantidad de»), que forma parte de las locuciones estar hecho un mar de dudas («dudar mucho») o estar hecho un mar de lágrimas («llorar mucho»).

Cuando antecede al nombre propio de cada una de estas masas de agua delimitadas geográficamente, es siempre masculino y debe escribirse con minúscula inicial: el mar Caribe, el mar Mediterráneo, el mar Rojo, el mar del Norte; solo se escribirá con mayúscula inicial si forma parte de un nombre propio «Unos días en Mar del Plata le harán bien».

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