Noticias del español

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| Kika Tomás y Garrido
laopiniondemurcia.es, España
Jueves, 6 de noviembre del 2008

HABLAR POR HABLAR

Incluso escribir por escribir,'maltratando' (valga la expresión) la palabra. Utilizando el lenguaje como verborrea vacía.


Pensar antes de hablar; reflexionar antes de escribir. Puede que el viento se lleve las palabras, pero lo escrito, escrito queda.


Hablamos y escribimos desde dos niveles bien distintos; nuestro estado de ánimo según las circunstancias que estemos viviendo y el caudal de conocimientos y experiencias —bagaje existencial y cultural— que vamos almacenando a lo largo de la vida.

Obviamente, no es lo mismo el estilo académico que el argot coloquial. La riqueza de la Lengua contempla cualquier situación. Se trata de encontrar la voz para conseguir una equilibrado empleo del lenguaje: A nuestra manera, sí —con estilo propio—, pero sin distorsiones de percepción y comprensión.

«Siempre ha sido evidente la distancia entre el ser y el parecer, entre la realidad y la apariencia; pero en la actualidad, bajo el imperio de la publicidad, la difusión de las noticias, el desbordamiento de los comentarios, se ha producido un cambio del orden de magnitud. Podríamos decir que el ser y el parecer están en razón inversa. Lo que parece notorio, inundatorio, absorbente, suele tener escasa realidad; a la inversa, lo que efectivamente existe de manera que habría que contar con ello, en extraña medida se oculta y resulta apenas visible». (Julián Marías). Feijoo hablaba muchas veces de los 'errores arraigados'. Marías los denominaba «vigencias falsas (…). Más bien la escasez de todo arraigo es uno de los signos de nuestro tiempo».

Con frecuencia se habla y se escribe de todo, prácticamente sin pensar. «¡Vanidad de vanidades y todo es vanidad!»

Surgen agentes de la palabra, pseudo-diseñadores de un lenguaje reinventado para la ignorancia que nos invade; río revuelto para ganancia de los pescadores de la manipulación.

Sin arraigo cultural no puede construirse un ensamblaje de la palabra para la comunicación de la verdad, el bien, el amor y la belleza, a través del conocimiento y la experiencia de la persona, dotada de un entendimiento y una voluntad que le llevan a ejercer la libertad para lograr la plenitud de su ser.

Libertad manipulada —hoy en día— por tantos pareceres divergentes y distorsionantes de la integridad de la persona, arrastrada con demasiada frecuencia —en su ignorancia— por la facilona y oportunista vulgaridad (ejemplo, programas basura).

Ni todo está por perdido, ni todo está por hacer. ¡Aviso a navegantes! En la red también hay enredos.

Decir lo que hay que decir: Manifestar con palabras el pensamiento. Asegurar, sostener, opinar. Armonizar ser y parecer. Engagement (compromiso). Decir bien: Hablar con verdad. Pero no olvidar que cuando hablamos o escribimos todos cometemos errores. Gracias a Dios no somos ríos y podemos volver atrás y rectificar. «A menudo me he tenido que comer mis palabras y he descubierto que eran una dieta equilibrada». La frase es de Churchill. Se refería —en sus memorias— a que un día una diputada de la Cámara de los Comunes de mal carácter le increpó en pleno debate: «Si yo fuese su esposa, señor primer ministro, le pondría veneno en el té». Él sonrió y presto respondió: «Y si yo fuese su marido me lo bebería». Indignada, la señora replicó: «¡Oh, señor Churchill! Está usted borracho». A lo que el político contestó: «Es posible, milady. Pero usted es muy fea, y yo mañana estaré sobrio»…

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