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| Agencia EFE

Gregorio Salvador: «lL prosa de Delibes es oro molido, excelente, precisa, fidedigna»

Los académicos Luis Mateo Díez y Gregorio Salvador coincidieron en subrayar «la inusitada capacidad de observación del habla» que poseía Miguel Delibes, un caso extremo del escritor que escucha y que sabe retener en su obra «el fulgor de la naturalidad de las palabras».

«La prosa de Delibes es oro molido, en su conjunto, excelente, precisa, fidedigna. Y en los diálogos asombrosa, absolutamente verídica, absolutamente real», decía Salvador en el emotivo homenaje que la Real Academia Española le rindió a Miguel Delibes, «un maestro en todo; uno de los verdaderamente grandes, un clásico ya».

En presencia de los Reyes, de los ministros de Educación y de Cultura, Ángel Gabilondo y Ángeles González-Sinde, respectivamente; del presidente de Castilla y León, Juan Vicente Herrera, y de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, entre otras autoridades, Mateo Díez y Salvador desgranaron distintos aspectos de la obra de Delibes.

Ese escritor que, aseguraba Salvador, «ha dado autoridad a muchas voces olvidadas del viejo castellano».

«Pocos escritores contemporáneos han tenido en nuestra lengua ese don tan extremo de transmutar lo coloquial en literario». En sus novelas, «la palabra suena a la verdad de quien habla», afirmó Mateo Díez, para quien Delibes, como novelista de su tiempo que era, «y conciencia narrativa de un siglo tan explosivo y contradictorio», no se conformaba con «contar la vida» sino que pretendía además «contar el sentido de la misma».

Y como ese excelente escritor que era, Delibes sabía que «la novela debe inquietar, no complacer. Inquietar es perturbar, criticar, molestar, aguijonear al sistema de hoy y al de mañana, porque todos los sistemas son susceptibles de perfeccionamiento, y esto requiere una conciencia libre», señaló el escritor leonés, escuchado con atención por buena parte de la familia del homenajeado.

El autor de El camino mantiene como centro de su ideología «la atención al hombre, la consideración del individuo por encima de la sociedad y en armonía con el medio natural».

«Los perdedores, los seres humillados y ofendidos, los pobres seres marginales que se debaten en un mundo irracional llenan su universo», señaló Mateo Díez.

También se detuvo en «la mirada peculiar y compleja del mundo» que, como todo gran creador, poseía Delibes y en esa facilidad que tenía para asumir en sus novelas «papeles diferentes» y terminar así convirtiéndose en «un visionario esquizofrénico».

Delibes era «dueño de sus personajes hasta el extremo de sentir cómo ellos sorbían su vida, redondeaban sus existencias a costa de la suya, mientras él sentía el gozo o el dolor de crearlos, insensible al paso del tiempo», añadió el autor de La ruina del cielo.

Amigo de Delibes desde los años sesenta, Gregorio Salvador centró su intervención en la lengua del autor de Cinco horas con Mario, quien, con su «fidelidad absoluta al habla de sus personajes, ha dado autoridad a muchas voces olvidadas del viejo castellano».

Muchas de esas palabras no estaban recogidas en el Diccionario de la Academia y Delibes, en sus primeros años de académico, las fue anotando en fichas «para ir supliendo estas carencias».

Algunas no llegaron a entrar en el DRAE, pero Salvador cree que en la próxima edición, la del tricentenario de la Academia, «ya van a estar cobijados todos los nombres de pájaros, de plantas, de alimañas, de tantas pequeñas cosas cotidianas de la vida, que echaba él de menos porque eran de su lengua viva, de la que oía, al despertar, cada mañana».

Y no deberían faltar esas palabras en el Diccionario, porque, destacó Salvador, «en la novela española contemporánea no hay voces más verdaderas que las de las criaturas inventadas por Miguel Delibes». Todos sus personajes «hablan como tienen que hablar».

«Ha sido un maestro en todo. Un maestro en el uso adecuado de la lengua, un maestro en la narración, en la creación de personajes a los que ha dejado hablar simplemente para que nos cuenten sus cosas, sus aciertos y desaciertos, sus alegres fantasías y sus ásperas realidades. Eso es lo que ha sido Miguel Delibes: grande y ejemplar», concluyó Salvador.

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