Noticias del español

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| Manuel Corrales, de la Academia de la Lengua
hoy.com.ec, Ecuador
Miércoles, 17 de marzo del 2010

GAZAPOS Y TROPEZONES: MÁS SOBRE LOS SOFISTAS

Decía en la anterior entrega que la palabra sofista venía del griego y significó primeramente 'profesor (o maestro) de Filosofía'.


Y que, en la historia del pensamiento griego, recibieron el nombre de sofistas aquellos pensadores que revisaron escépticamente las teorías de sus predecesores: los filósofos presocráticos. Pero en nuestra lengua, el vocablo sofista adquirió una nueva significación que ya registra don Sebastián de Covarrubias en su Tesoro de la lengua castellana o española (1611): «Este nombre fue antiguamente honesto y bueno, y vale tanto como sabio. Pero después algunos arrogantes habladores, que parecían saber mucho y eran charlatanes, y se aplicaban este nombre, les dejaron con él, y sin ninguna honra, antes con vituperio. Y los verdaderos sabios se llamaron filósofos».

Es decir, que ya en tiempos de Covarrubias se reconocía una significación peyorativa. Y de ella se hace eco el Diccionario de autoridades (dos siglos más tarde): «Por extensión vale el que por vanidad alterca y defiende alguna proposición aparente». Y enseguida evoca a Covarrubias: «Se dijo de los arrogantes habladores, que parecían saber mucho y eran charlatanes».

No quiero pasar por alto aquello de «proposición aparente». Dos significaciones contrapuestas tenía (y sigue teniendo en la actualidad) el adjetivo aparente: 1. 'que parece y no es' (o sea: falso) y 2. 'conveniente, oportuno, adecuado'. El significado que el Diccionario de autoridades da al adjetivo aparente, en este caso, es evidentemente el primero: proposición aparente es lo mismo que proposición falsa, engañosa.

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