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| Ricardo Tavio
laopinion.es, España
Miércoles, 22 de diciembre del 2009

GATOS MUERTOS

El lenguaje es una tecnología que nos ha permitido evolucionar como especie hasta llegar a ser lo que somos. ¿Cómo nos afectará el que las máquinas entiendan nuestro lenguaje natural?


En Canarias, tras los intercambios comerciales con otras culturas, hemos hecho nuestras expresiones adaptadas de otras lenguas como fonil, queque, alongar, choni, bisne, cachanchán, papas chinegua y autodate

En toda España utilizamos la expresión La curiosidad mató al gato para advertir que alguien indaga en un asunto peligroso o que no es de su incumbencia, proponiendo la cautela como buena consejera. Se trata de un refrán del siglo XVI, de origen inglés que utilizamos de forma común y que hemos asumido como propio en nuestra cultura. Sabemos también que sin esa curiosidad, sin perseguir lo imposible, los seres humanos no habríamos avanzado un solo paso. La tecnología nos define como especie, nos ha permitido evolucionar e involucionar, puede también que nos aniquile, pero es inherente a nosotros como humanos.

La evolución de cualquier lenguaje, y el castellano no es una excepción, pasa por la incorporación más o menos afortunada de palabras y expresiones extranjeras a nuestra lengua. Las nuevas tecnologías han permitido que las barreras lingüísticas, antaño férreas y ligadas al concepto territorial de nación, se hayan convertido en porosas paredes por las que importamos y exportamos formas de expresarnos con espontaneidad. Algunos identifican este fenómeno con un cataclismo de la identidad cultural, otros lo asumen con naturalidad y todos sin excepción nos vemos influidos por él. Ya en 1965 Umberto Eco se hizo eco de estas posturas en su obra Apocalípticos e integrados.

¿Podemos pensar en algo más natural que el lenguaje? Es más, ¿podemos pensar sin lenguaje? El viejo debate entre lo natural y lo artificial pierde su sentido cuando nos reconocemos como seres comunicadores, cuya naturaleza es indisoluble de la actividad de transmitir mensajes con un código común.

Ahora utilizamos sin pudor expresiones como resetear, embeber, escanear, chequear… Incluimos tecnicismos, neologismos, anglicismos… a nuestras formas de comunicación con soltura y desparpajo. Evolucionamos continuamente el lenguaje, una tecnología compleja y primaria, que nos ha permitido distinguirnos de los animales. Ochenta y nueve años después, la RAE acaba de renovar la gramática española. Esta institución, como dice Pérez Reverte, aparece cada equis años para recoger la ropa de nuestro lenguaje, y poner orden sin poder imponerlo.

Kevin Kelly —KK para los amigos— respetado como uno de los pensadores más relevantes de nuestro tiempo, afirma que no podemos vivir como especie sin tecnología. Y añade que extendemos la vida a través de la tecnología, nuestros genes evolucionan más rápido gracias a ella. Por inclusión, también del lenguaje. Puede usted ser o no partidario de esta visión, puede o no ser usuario de las nuevas tecnologías. Pero le van a afectar le guste o no. Nos definimos en torno a lo que usamos, pero también en base a lo que no usamos.

Queda muy poco para que en este mundo menguante, llegue a nuestras vidas la Web semántica, llamada también 3.0, en la que las máquinas entenderán el lenguaje natural de los hombres. Tal vez ese hallazgo nos convierta en otra cosa, más o menos humana, buscando salvarse en el cosmos. Si la curiosidad mató al gato, tal vez debamos añadir pronto que también salvó al hombre.

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