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| Quim Monzó
La Vanguardia, España
Martes, 13 de abril del 2010

FULGOR Y MUERTE DEL MARTES Y 13

En principio no era un día de horror sino nefasto, pero eso es sutil para los tiempos que corren.


Si el dúo de humoristas que respondía al nombre de Martes y Trece se formase ahora, ¿hubiesen escogido ese nombre o hubiesen preferido Viernes y Trece? En unas cuantas décadas —desde que el cine y la tele estadounidenses empezaron a marcar las pautas del comportamiento global—, medio mundo ha acabado por aceptar como propias las tradiciones americanas. Buena parte de la población considera ya al viernes y 13 como el gran día del terror. ¿Y el martes y 13? Bueno, es un poco día de terror, pero no tanto.

Digamos que el terror del martes y 13 no es tan sobrecogedor como el del viernes y 13. A ver ¿qué imágenes terroríficas acompañan al martes y 13? Ninguna en concreto, ya que en principio no era ni un día de horror sino nefasto, pero eso es demasiado sutil para los tiempos que corren. Hoy optar por el martes y 13 requiere fe, porque los datos en los que se sustenta son vagos. Es difícil poner rostro a sus horrores. En cambio, el viernes y 13 refulge arropado por un despliegue de accidentes, de fantasmas, de sangre, de asesinos con hachas, machetes, sierras eléctricas…

¿Es una gran desgracia que el martes y 13 ceda su protagonismo al viernes y 13? Ni siquiera vale la pena planteárselo, porque se trata de algo irreversible. Es como lo que ha pasado con la castanyada, que ha acabado fundiéndose en el Halloween y viendo modificado incluso su día de celebración, que para la mayoría de los catalanes es ya la noche del 31 de octubre y no la del 1 de noviembre. Te miran con cara descreída cuando les explicas que nunca se había celebrado esa noche, sino la siguiente. Y lo de San Valentín como día de los enamorados, casi lo mismo. Lo único que hace que, en Catalunya, Sant Jordi aguante como día de los amantes es el fenomenal tinglado del libro y de la rosa.

Más extraña es la situación de Italia. Lo de considerar cenizo al martes y 13 se daba en Grecia, en parte de Rumanía, en España y en América Latina, lo que, sumado, es un buen pedazo de mundo. Pero, para los italianos, el día aciago no es ni el martes y 13 ni el viernes y 13, sino el viernes y 17. Y aunque intentaron evitar el alud de viernesytrecismo a base de modificar los títulos de las primeras películas y series americanas (de Friday the 13th a Venerdì 17) han acabado por tirar la toalla.

Lo mismo han hecho muchos países hispanohablantes, que al principio convertían los viernes y 13 de las películas en martes y 13, restando así coherencia a las tramas argumentales. Porque es evidente que, te pongas como te pongas, tras el martes viene el miércoles, día de trabajo o de estudio. En cambio, tras el viernes viene el sábado, que ya no es laborable. Por lo tanto no hay que madrugar y puedes alargar el terror hasta que el sol despunta. Es precisamente por eso –porque el miércoles el despertador suena pronto y el sábado no– que, de aquí a pocos años, la tradición del martes y 13 será definitivamente historia.

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