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| Amando de Miguel
Libertad Digital (Madrid, España)
Martes, 9 de Enero del 2007

FRASES Y EXPRESIONES

Ramón (supongo que García Vinuesa) desea saber el significado de la locución «largo y tendido». No tiene mayor misterio. Indica que algo ocupa una amplia extensión. Se supone que es una pieza rectangular cuya fórmula del área es la multiplicación de lo largo por lo ancho o tendido. Es muy parecida a la expresión «a lo largo y a lo ancho». Vienen a ser ilustraciones de un principio retórico muy característico del idioma español por el que se construyen expresiones adverbiales reduplicativas.


Recordemos:

De modo y manera (= así)

Única y exclusivamente (= solo)

Lo primero y principal (= principalmente)

Al fin y a la postre (= en definitiva)

Lo cierto y verdad (= verdaderamente)

Más pronto que tarde (= en seguida)

De una vez por todas (= decisivamente)

No hay por qué desechar tales construcciones retóricas, pero tampoco hay que abusar de ellas.

Pilar María Rojas me pregunta por el significado de «a la sazón». Es un modo adverbial, equivalente a «entonces», «en aquel tiempo». Se deriva del latín satio-onis (= tiempo de sembrar, sementera); requiere que la tierra esté en su momento oportuno para esas labores. De ahí, sazón como el estado adecuado de algo, por lo general de un fruto cuando está maduro. De modo más amplio, la sazón es tanto como la ocasión o la coyuntura propicias para proseguir con alguna acción.

Respecto a la famosa frase «¿Ladran? Señal de que cabalgamos» Alicia C. Morales me comunica que Claudio Verdú Egea afirma que el origen está en la novela Cristo en los infiernos de Ricardo León. Creo recordar que ya comentamos aquí esa referencia. No obstante, Ricardo León la debió de tomar de algún otro sitio. Ricardo León es un escritor exageradamente retórico y nada creador. Seguimos sin saber cómo se originó la frasecita. Desde luego, no es del Quijote, como muchas personas creen.

José María Navia-Osorio, hablando del orbayo, se pregunta por el sentido de la expresión «llover a chuzos», incluso «caer chuzos de punta», para una lluvia o granizo intensos. Se trata de una expresión hiperbólica para llamar la atención de algo que resulta exagerado. El chuzo era el arma tradicional de los serenos o vigilantes nocturnos: un palo rematado por un pincho de acero. Es clara la impresión de la lluvia o granizo fuertes como si lo que cayera fueran chuzos y, no digamos, chuzos de punta. Con la misma función hiperbólica, en inglés se dice que «llueve gatos y perros». En español hay muchas alusiones hiperbólicas al cuerpo: «poner los pelos como escarpias», «hacerse la boca agua», «hacer de tripas corazón», «respirar por la herida», etc.

Fausto Deza me recrimina el uso de en olor de multitudes como «una de las expresiones erróneas más desafortunadas y malsonantes que existen». Para don Fausto «la expresión correcta es en loor de multitudes». La cual «se ha corrompido en tan desagradable resultado [en olor de multitudes] como consecuencia, seguramente, del analfabetismo funcional que impera en los profesionales de la comunicación […] Se trata de una forma de hablar impuesta por unos cuantos». Pues no, señor; no tiene usted razón. Reconozco mi analfabetismo funcional y mi ignorancia, pero en este caso -lo siento- las cosas son al revés de cómo usted pregona. En olor de multitudes es una lógica derivación de en olor de santidad. Simplemente al descubrir los cadáveres de algunas personas tenidas por santas, se verificaba que sus cuerpos no se habían corrompido. La piadosa leyenda era que de esos cadáveres incorruptos emanaba una natural fragancia muy agradable; era el «olor de santidad». El juicio no lo establecía ningún tribunal, sino el pueblo congregado en la plaza, la multitud. Es lógico, por tanto, que el carisma de una persona viva se reconociera por el recibimiento que le hacía el pueblo. De esa manera, el personaje en cuestión se sentía acogido «en olor de multitudes».

La cosa viene de lejos. Odor urbanitatis decía Cicerón, esto es, «aroma de elegancia». En español se emplea correctamente «en olor de…» (se completa con cualquier sustantivo ponderativo). Covarrubias escribe en el Tesoro: «Olor: la fragancia que echan de sí las cosas que se evaporan; algunas veces es malo y otras bueno». El Diccionario de Autoridades dice de olor: «Metafóricamente se entiende en las cosas morales por fama, opinión y reputación». Precisamente de esa ambivalencia resulta la incomprensión popular de la expresión metafórica en olor de multitudes. En su lugar, hace unos pocos lustros se empezó a decir en loor de multitudes, pero esa expresión sí es producto del analfabetismo disfuncional. La transmutación es la consecuencia de no entender la estupenda ambivalencia de olor. La suprema elegancia del lenguaje está en que muchas palabras mantienen distintos significados, incluso contradictorios. Quien no sepa entender esa cualidad del lenguaje, por favor, que no escriba.

Definitivamente el DPD (Diccionario panhispánico de dudas) reconoce la locución en olor de multitudes: «con la admiración y la aclamación de muchas personas, en medio del fervor y el entusiasmo de mucha gente». Añade el DPD que la versión «en loor de multitudes» [es] «una ultracorrección que debe evitarse».

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