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| Agencia Efe

Francisco Ayala: La RAE ha preservado contra viento y marea los valores de la cultura

El escritor Francisco Ayala, que recibió el homenaje que le rindió la Real Academia Española con motivo de su centenario, afirmó que esta institución fue durante el convulso siglo XX «casi el único baluarte empeñado en preservar contra viento y marea los valores de la cultura».

Acompañado por su mujer, la hispanista Carolyn Richmond, Ayala asistió emocionado al homenaje de sus compañeros de corporación, que coincidió con la celebración del Día anual de la Fundación pro Real Academia Española, al que asisten los benefactores de la RAE.

En el acto participaron, además de numerosos académicos de la Lengua, el director del Instituto Cervantes, César Antonio Molina; el gobernador del Banco de España y presidente de la Fundación, Miguel Fernández Ordóñez; el director general del Libro, Rogelio Blanco; Santiago Ybarra, presidente de Vocento, y Jesús de Polanco, presidente del Grupo Prisa, entre otros muchos asistentes.

De glosar la figura y la obra de Ayala se encargó el profesor Gonzalo Sobejano, que disfruta de la amistad del homenajeado desde el otoño de 1963, procedentes ambos de España y Alemania, y resaltó que la lectura de su obra ha sido para él «fuente continua de enseñanza y de felicidad».

«Las virtudes capitales de Ayala son la lucidez mental, la compasión cordial y la llaneza coloquial», rememoró Sobejano, quien evocó los testimonios de estudiantes y colegas norteamericanos sobre la mirada penetrante, la integridad moral, la bondad, la capacidad de análisis objetivo o la inteligencia aguda de Ayala.

Se preguntó qué hizo para merecer que Ayala le enviase sus obras, «donde quiera que estuviésemos él o yo», y resaltó que los libros suyos, «conmigo están, consultados y releídos y su lectura ha afinado mi sensibilidad, nutrido de ideas mi mente y poblado de imágenes y emociones mi memoria».

En sus relatos cortos y en sus novelas, «lo que distingue a Ayala es su lucidez de moralista, así como su implacable enfrentamiento con el mundo real, visión amarga, con la actitud de quien ha sondeado con la vista interior el fondo de las almas, la actitud del artista moralmente preocupado».

Antes de las palabras de Sobejano, el director de la Real Academia Española, Víctor García de la Concha, dijo que Ayala, en los años veinte, «destacó en la empresa de quienes se proponían purificar la palabra, oponiéndose a todo lo gastado; en última instancia, a la miseria intelectual de España».

De la amplia producción literaria de Ayala, García de la Concha eligió Diálogo de los muertos. Elegía española, porque pocas páginas de la literatura en torno a la guerra civil «han expresado la situación de desolación atroz que debió vivir cualquier persona consciente en cualquiera de los dos bandos».

El director evocó también la labor de Ayala como académico y la categoría de sus intervenciones, «que han sido siempre un modelo de esa precisión que brota de la sabiduría, de ponderación y mesura».

En su intervención, Ayala valoró y agradeció muy vivamente las palabras pronunciadas en esta ocasión singular, «cuando el escritor que soy yo, o que era yo hasta ayer, se despide de lo que ha sido el objeto, la pasión y el empeño incansable de su larga vida».

En la Real Academia España, se ha sentido, desde el comienzo, «no sólo bien acogido, sino también muy dentro» de sus propias «sensibilidades personales», teniendo en cuenta los avatares de su vida, que se ha extendido a lo largo de todo un siglo, lleno de «graves tensiones y crueles conflictos».

La Academia, aseveró, «ha venido a ser, en este país y durante ese siglo, casi el único baluarte empeñado en preservar contra viento y marea, dentro de lo estrictamente posible, los valores de la cultura, cuyas formas elementales empiezan ya en el educado cultivo del trato humano para extenderse hasta las más refinadas creaciones del ingenio y de la delicadeza».

Debido a los años que pasó en el exilio, su elección como miembro de la Academia se produjo a una edad más avanzada de lo regular, pero su longevidad le ha permitido, en cambio, disfrutar de «su privilegiado ambiente de cordialidad y mutuo respeto por un periodo de más de dos décadas», indicó.

Este homenaje «significa para mí la culminación de cuanto honor hubiera podido imaginar y desear: ser reconocido, como lo estoy haciendo ahora, por la Corporación y por quienes la sustentan, con este gesto de generosidad que me permito interpretar también como un saludo de despedida», concluyó.

En el mismo acto, el escritor catalán Enrique Vila-Matas recibió el Premio Real Academia Española por su novela Doctor Pasavento, que esta institución concede cada dos años y que está dotado con 25.000 euros y una medalla de oro.

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